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La oscuridad del INE

¿Cómo se calculan las Cuentas Anuales?
¿Cómo se mide el PIB?


¿Cómo se hace de verdad? ¿Cómo se hace en la práctica?
Quiero decir, no en teoría, no qué dicen los manuales que se debería medir, sino cómo realmente lo miden.


Según la definición clásica del PIB se han de medir “todos los bienes y servicios producidos en un país durante un año”. ¿Todos? ¿Cómo se cuenta todo lo producido? Evidentemente no hay un funcionario del INE a la salida de cada fábrica o empresa contabilizando lo producido durante ese día, cada día.


En realidad el PIB ni se mide ni se calcula, sino que se estima o valora. 
Toda la producción de un país no es algo que esté ahí, y que tan solo haya que sacar una especie de metro y medirlo; no es una cantidad de bienes y servicios dados que haya que sumar para calcular el resultado final.
Algo tan complejo se estima, se utilizan diferentes datos de entrada, distintas fórmulas y diversas estadísticas para valorar cuál puede ser la producción final.


Cualquier estándar científico exige una explicación de la metodología utilizada para llegar a un resultado. Sin método no hay ciencia. Y sin metodología no hay comunidad científica. Un dato que no se explica cómo se ha obtenido no tiene ningún valor, no puede considerarse para ningún trabajo ni análisis científico, aún cuándo quien lo avale sea una institución de muchísimo prestigio.


¿Cuál es la metodología del INE (Instituto Nacional de Estadística) para calcular las cuentas anuales?
Pues desde luego no aparece en ninguna de las notas que acompañan a los resultados; ni se puede encontrar en su página web, ni aún se puede averiguar por mucho que se pregunte al INE cómo lo hace.


Pero es que la metodología no solo debería ser pública en pos de la fiabilidad de los datos emanados del INE, sino que la propia Ley de la Función Estatal Pública (Ley 12/1989) reza en su artículo 21.2:

Artículo 21º2. La descripción de las características metodológicas de las estadísticas para fines estatales se harán públicas y estarán, en todo caso, a disposición de quien las solicite.

Sin embargo obtener unos datos que deberían ser abierto por el rigor científico, públicos por la legislación y accesibles por su publicidad está siendo una labor imposible para este humilde escritor debido a la oscuridad (o ineficiencia) del INE (o mía).
Llevo desde mayo de 2011 intentándolo averiguar; intentando obtener su libro de indicaciones sobre cómo se calculan las Cuentas Anuales, las notas metodológicas de las estadísticas utilizadas, el iter que va desde la obtención de los datos de entrada, su obtención, su tratamiento, hasta llegar al resultado final que es publicado.
Primero lo intenté a través del servicio de consultas, a través de su página web y a través de su oficina de información en la sede central. No obtuve ninguna respuesta válida.
Luego a través del director de “Cuentas Anuales”, quien muy amablemente me envió un documento que no respondía a casi ninguna de estas dudas y que no tenía ni una nota metodológica completa (un prodigio de imprecisión); cuándo le escribí de vuelta para intentar ampliar información nunca llegó a tener tiempo para responder ni indicarme quién pudiera responderme.
Hace cuatro meses ya que todos los lunes llamo a su secretaria para preguntarle si esa semana tendría a bien responderme y para desearle una muy feliz semana a su secretaria.
La secretaria parece que ha tenido unas semanas magníficas. Él director muy ocupadas, como todo el INE, pues todavía no ha tenido tiempo de responder(me).
Espero que esta semana la señora secretaria tenga otra muy buena semana.


Actualización: He recibido una contestación -contestación que no respuesta- muy amable y muy detallada (hasta 6 páginas) del señor director.
Le agradezco muchísimo que tenga a bien contestarme después de seis meses. 

La pena es que no he obtenido respuesta a pesar de sus esfuerzos y su atención.


La inflación ya está aquí. (Aunque apenas se la vea)

Una de las críticas (1) más comunes a la teoría austriaca del ciclo económico (ABCT) es que los economistas austriacos (y otros economistas liberales) llevamos cuatro años anunciando una hiper-inflación que parece no llegar.

Por el contrario las tasas de inflación parecen ser “razonables” para la mayoría de los economistas.
En 2011 ha habido:
    Cualquier persona razonable podrá pensar que perder en torno a un 3% de su dinero este año sin ningún motivo es mucho perder, pero no así la mayoría de los economistas, que consideran estos unos muy buenos datos.

     Pero es que esa es la inflación general es la que mide todos los bienes y servicios. La inflación que paga cada uno de los ciudadanos es muy distinta, pues lo que más sube son los alimentos y la gasolina. Pues existe ese concepto alucinante que es “La inflación subyacente“, esto es, la inflación sin contar la comida ni la gasolina. Teniendo en cuenta que la mayoría de los ciudadanos se gastan la mayor parte de sus ingresos en la hipoteca, alimentación, tabaco, alcohol y transporte; la inflación subyacente es decir un:

No se preocupe, que no sube mucho el precio de los productos. Excepto de los productos que usted consume, que suben mucho.


¿Está entonces la inflación controlada?
Bueno, volvamos a primero de economía.

Lo primero que se estudia en una clase de economía básica es la curva de oferta y demanda. 
Aún en la interpretación más elemental de esta curva se sabe que Cuando disminuye la demanda, se desplaza la curva de demanda hacia la izquierda, dando lugar a una disminución de precios.
Por ponerlo de manera gráfica como en cualquier libro de introducción a la economía:
Expliquémoslo como en los libros de introducción: En el gráfico se puede ver que se baja la curva de demanda (nueva demanda en morado) el nuevo precio de equilibrio (P2) es inferior al precio de equilibrio previo (P1)




O por recordar aquellos tiempos en los que yo estudiaba estas cosas; se puede ver una foto de mi Mankiw, en el que se observa el caso contrario, que si aumenta la demanda aumenta el precio de equilibrio del producto en cuestión.







      Creo que no merece mucha explicación el decir que en estos momentos de crisis disminuye la demanda.
¿Hace falta que justifique que se venden menos coches? ¿Que se toman menos cañas? ¿Que se come menos fuera de casa? ¿Que se viaja menos? ¿Que se gasta menos en ocio? ¿Que se fuma menos?
Parece evidente que en tiempos de crisis se reduce el consumo, esto es, se reduce la demanda, se desplaza la curva de demanda hacia la izquierda.

             Pero: !Si disminuye la demanda ha de disminuir el precio¡
Si hay una gran crisis, y por tanto una gran reducción de la demanda, debería haber reducción de precios; esto es: deflación.

Pero sin embargo tenemos inflación, tenemos una inflación considerable de hecho.

¿Qué ha pasado entonces?
Pues que ha sido tal la inundación de dinero al mercado por parte de los bancos centrales que han cubierto toda la deflación que de manera natural se ha producido en los mercados y ha rebosado hasta un 3% de inflación.

En realidad no solo se ha producido esa inflación registrada, que es la visible, sino que hay que contabilizar que no se ha producido el ajuste por precios propio de una recesión, no se ha producido la deflación, por tanto ha habido lo que podríamos llamar una “inflación encubierta“, encubierta por la deflación que no se ha producido.

¿Cuánto es esa deflación no registrada? ¿Ese ajuste de precios sobre-cubierto por la impresión de dinero?
Por desgracia, al ser algo negativo, no observable, no tenemos ningún dato fiable. Pero sí que uno se puede aventurar a decir sin riesgo a equivocarse que habiendo sido esta la crisis más importante de los últimos 70 años el ajuste en precios, la deflación, ha debido ser acorde a esa importancia.

En resumen, la inflación es tan solo la parte que se ve de los efectos de la inyección de dinero por parte de los bancos centrales; pero hay mucho recorrido por debajo de un 0% de cubrir los ajustes que se producen por deflación.

La inflación ya está aquí, aunque apenas se la vea.
Pues el dinero nuevo cubre la deflación que no se ve, y por tanto apenas asoma el dinero nuevo en forma de inflación (positiva).


(1) (Ya sé que usar a Krugman como crítica puede ser poco honesto por mi parte pues su consistencia es muy cuestionable -Véase Krugman in Wonderland-, y más aún en las entradas en su blog. Pero teniendo en cuenta que tiene un premio Nobel de economía y que es el economista más influyente del mundo…)


Sobre la econometría (2)

Cuatro son problemas que yo veo en el uso de la econometría en economía. Cualquiera de ellos cuestiona el mero uso de las estadísticas en economía; pero los cuatro juntos creo que las invalidan.
1)   La validez de los datos de entrada
La econometría para elaborar sus fórmulas ha de disponer, claro está, de datos. Se trabaja a partir de datos que les son proporcionados por las estadísticas, o aquellas estadísticas oficiales (PIB, IPC, etc…) o aquellas estadísticas elaboradas ad hoc para su investigación, o elaboradas por terceros organismos.
Pero: ¿Cuál es la validez de esos datos? ¿cuál su fiabilidad? ¿cuál es su margen de error? ¿cuál su metodología? ¿qué intereses tienen aquellos que los recogen, recopilan y elaboran?
En cualquier investigación hay que cuestionarse los datos que uno utiliza; pero además hay que incorporar el margen de error de los datos primarios en las propias conclusiones, y hay que cuestionarse cómo se obtienen esos datos y qué validez tienen para el objeto investigado.
Como muy bien dice Russ Roberts:
And in today’s world, most of the interesting empirical claims are being made in cases where  the data are too incomplete and the issue is so complex that we can’t move to a consensus. The empirical work doesn’t improve our understanding of what’s going on. It masks what’s going on. It gives a patina of science when in effect the numbers aren’t really informing the debate.
the way modern econometrics is done. Regression is cheap so we buy a lot of it.
Esto es me parece un punto clave. Con miles y miles de series de datos (sea cual sea su validez) y potentísimos ordenadores que pueden relacionar unas series con otras, es relativamente fácil para los económetras realizar un trabajo de economía buscando la relación entre dos series de datos y por tanto demostrar una relación económica.
Pero más difícil es desarrollar la teoría económica o entender la relación entre esos datos.
2)  Las relaciones entre los datos varían
La econometría tiene como objetivo medir las relaciones entre las variables… pero lo propio las variables es eso, que varíany también varía la relación entre ellas.
Esto, que parece una obviedad, casi siempre se obvia cuando se hacen proyecciones o trabajos en econometría.
Que a lo largo de los últimos N años, con los datos disponibles, un aumento de X haya producido un incremento de 0,8 Y, no quiere decir que esa relación se siga manteniendo en el futuro. De hecho, lo más probable es que esa es justo la proporción que NO se reproducirá.
Cada hecho económico es único pues intervienen circunstancias sociales, personales, históricas y económicas únicas. Nunca se puede reproducir y nunca volverá a ocurrir. Las relaciones económicas son históricas, cronóticas.
3)             Los conceptos económicos no son mesurables
Los conceptos económicos son conceptos complejos, difícilmente definibles, y mucho menos mesurables la mayoría de ellos.
¿Cómo se mide la “riqueza”? ¿Cómo la “empresarialidad”? ¿Cómo “el marco institucional”?
Puede parecer que hay conceptos más fácilmente medibles; pero sin embargo hasta los que parecieran más sencillos están llenos de controversia y polémica. La misma población (imprescindible para saber el PIB per capita) es muy difícil de calcular (¿cuántos inmigrantes no contabilizados hay en Europa o en EEUU?), del paro (¿se cuentan los datos del INE, del INEM, los trabajadores en economía sumergida…?) Así se puede ver que hasta las medidas en teoría más sencillas son complejas y polémicas, ¿cómo no será con los conceptos difíciles y las medidas complejas?
Por ello en realidad lo que se miden no son los conceptos que se analizan, sino los proxies o aproximaciones a esos conceptos con los datos disponibles, pero es muy posible que esas aproximaciones no sean buenos datos o no capten lo esencial de ese concepto.
4)   Lo importante en economía no es ni mesurable ni proyectable
Lo importante en economía no es mesurable, ni proyectable, ni predecible.
Así, en los acontecimientos más importantes, como tan inteligentemente nos ha enseñado Nassim Taleb con su Cisne Negro, no se pueden predecir. No es posible predeciros pues están fuera de toda posibilidad de ser conocidos con los datos de los que disponemos.
Pero es que en los asuntos económicos dependen de las decisiones de los seres humanos, de cada persona. Y si algo se puede decir del comportamiento de los hombres es impredecible, como decía aquel (no sé quién, pongamos que fue YogiBerra):
“Si arrojas una piedra a un río sabes que se hundirá, si arrojas una rama sabes que flotará. Si arrojas un hombre no sabes si se hundirá o flotará”.
Así pues por más datos que se tengan sobre comportamientos anteriores de otros, o aún cuando se conozca la estructura de incentivos de esa decisión, siempre hay incertidumbre cuando con personas se trata.
Pero la crítica más fundamental a la econometría es que aún cuando se tuviesen todos los datos (que no lo son), y esos datos representasen perfectamente los conceptos que miden (que no los representan); que haya una gran correlación entre ellos nada demuestra, pues en economía lo importante son las explicaciones, las causas y los efectos, el entender lo que los hombres hacen… y no es con regresiones como se consigue ese conocimiento.


(Claro que reconozco que puede haber un uso legítimo y útil de la econometría cuando no se dan los impedimentos más importantes aquí comentados, por ejemplo cuando en una empresa se tienen todos los datos de producción o ventas y se quiere calcular algo como el precio óptimo. 
Esta crítica es más bien a la econometría aplicada a la macro-economía.)


Esta reflexión debe mucho a Ángel Martín Oro, de quien tanto he aprendido de economía.


Sobre la econometría

Mucha controversia hay en cuanto al uso de la econometría en economía. Mucha menos controversia en cuanto a su abuso: Mucho se abusa del uso de la econometría en economía.
Como muy bien dijo Don Lavoie:
Although Austrians are surely right to say formal models are not everything , it must be admitted that they are something. At the very last they are fun to play with.
¿Qué papel tiene la econometría en la economía actual? ¿Es fundamental? ¿Un requisito imprescindible para publicar en una revista de economía un artículo científico? ¿No tiene ningún valor? ¿Es un mero juego? Cuanto menos hemos de reconocer con Don que la econometría es un instrumento muy divertido para los economistas; un juguete muy complejo, un juguete muy difícil de manejar, pero debe ser un juguete muy divertido por tanto como lo usan.
¿Qué es la econometría?
Tomemos una definición fácil: La econometría es la aplicación de las matemáticas y la estadística a la economía.
La econometría es una de las asignaturas “hueso” de cualquier carrera de economía, y los económetras llegan a elaborar complejísimas fórmulas sobre la economía; fórmulas que relacionan una variable de la economía con otra.
Pues el objetivo más común de los trabajos en econometría es encontrar la relación (co-relación) entre una variable económica y otra.
Antes de seguir seamos honestos y pongamos las cartas sobre la mesa: Yo estoy en contra de la econometría. 
Estoy en contra de la econometría como se puede estar en contra de la quiromancia o del Real Madrid. Pero es que además voy a argumentarlo.
En próximos post desarrollaré mis críticas.

El pacto (marxista) social.

…dos años después vuelven a pedir más tiempo la patronal y los sindicatos para negociar nuestros contratos.


   Pero la cuestión es: ¿quiénes son la patronal y los sindicatos para andar negociando nuestros salarios o nuestros contratos?
Y es ésta una pregunta de difícil respuesta si no se conoce las categorías marxistas.
Pues el problema, queridos lectores, es que el llamado “Pacto social” de patronal y sindicatos no es sino una categoría marxista.


    El problema no es (que ya es un problema) que no se sepa a quién representan los sindicatos (solo el 15% de los trabajadores está afiliado a alguno).
    El problema no es (que ya es un problema) que no se sepa a quién representa la patronal (¿Qué es un “empresario”? ¿un autónomo? ¿un alto directivo?).
    El problema no es (que ya es un problema) que no se sepa a quién representa el gobierno (¿a quienes les han votado? ¿a quienes votaron su programa?)


   El problema es que el mismo concepto de “diálogo social es un concepto marxista.
   El diálogo social se basa en la idea de que hay una clase social (los trabajadores, la oprimida) enfrentada a otra clase (los empresarios, opresores) y que el gobierno actúa como mediador del conflicto de clases.
   Ésa es la idea subyacente al llamado diálogo social, y es por ello que todas las noticias que recibimos a diario sobre la negociación entre la patronal y los sindicatos no es sino una tácita aceptación de la aplicación de las categorías marxistas a la Europa del siglo XXI.


   La realidad es que no existe tal cosa como una clase trabajadora (hay trabajadores, claro, cada uno de su padre y de su madre, de ninguna clase); ni una clase empresarial (hay empresarios, claro, pero no una comunión de intereses entre ellos); ni el gobierno representa los intereses de la sociedad.


   Lo que sí que hay son individuos; individuos que crean empresas y las cierran (muchos más de éstos que de aquellos en la España actual); individuos que quieren trabajar, individuos que podrían perfectamente negociar sus condiciones, su salario y su contrato, dentro de un amplio marco. 
     Pero si en lugar de ver a las personas que luchan por sacar adelante su vida, en lugar de ver el drama del paro -de cada parado que busca trabajo-; lo que vemos son categorías y super-estructuras, luchas y conflictos de clase; entonces no vemos nada relevante y casi nada podrá solucionarse.


   La verdad es que las categorías marxistas son tan inapropiadas que podrían ser perfectamente inoperantes. El problema es cuando esas categorías se utilizan no solo en los obsoletos libros de ciencias sociales sino que se aplican a legislación, pues tienen también consecuencias nefastas como nefastas son las ideas que las inspiran.
   

   La legitimidad que tienen la patronal y los sindicatos de negociar las condiciones de su contrato, es e más o menos, la misma que tiene el señor Rodríguez Braun, erigido en representante de todos los calvos de Europa, negociando con Raquel Mosquera en representación de todas las asesoras de steticien Europeas (los nombres rimbombantes son importantes) el estilo y el bruñido de la calva de los ciudadanos; eso sí, con el auspicio de Juan Cuesta, presidente-de-esta-nuestra-comunidad.


     Patronal y sindicatos llevan dos años negociando… y por mí que se pasasen otros veinte años más con que nos dejasen a todos negociar en libertad nuestras condiciones de trabajo.


     Y es que con categorías marxistas lo más probable es que se consiga crear tantos empleos como en las economías marxistas… o crear empleos marxistas.


… y así nos crece el pelo.