No es ni el cuánto ni el quién, sino en qué.


   Pero además de un debate inútil es un debate   nimio porque pareciera que lo importante es si el gobierno se gasta 60.000 ó 45.000 millones de más, ignorando por completo la cuestión realmente relevante de en qué se lo gasta.

   
 Cuando se debate si el déficit del sector público ha de ser del 4,4% ó del 5,8% nunca parece tenerse en cuenta la cuestión de qué es lo que se va a hacer con ese 1,4% de más que se quiere gastar.
 ¿Qué se pretende hacer con esos 15.000 millones de euros de diferencia?  ¿A que no han oído a nadie de los que propugnan que hay que generar un déficit del 5,8% ó del 6% o más aún especificarles el proyecto concreto en el que habría que gastarlo?
     Pareciera que diera exactamente igual si se lo gastan en el casino que en invertirlo en empresas productivas, pareciera que da lo mismo las zanjas que promueve el keynesianismo que los trenes que no llevan a ningún sitio.

   Y es que da lo mismo. Da exactamente lo mismo en qué se gaste el dinero público pues lo único que cuenta es incrementar el gasto público ya que en el PIB el sector público contabiliza por costes. Esto es, todo lo que se gasta el gobierno, sea en lo que sea (absolutamente en lo que sea), contabiliza como incremento de la producción de la nación en ese año.
    Los neo-keynesianos tienen razón: todo lo que gasta el sector público contabiliza como crecimiento del país. 
  Pero que crezca el PIB no es exactamente lo mismo que crezca la economía de un país, puede ser tan solo un problema de medición. 
   (Pero más sorprendente aún es que el déficit de las administraciones públicas se mida en relación al PIB, que es la actividad de toda la economía, no sólo de las Administraciones Públicas. El déficit de las AAPP se debería medir en relación a los ingresos de las AAPP, que es lo único relevante a estos efectos, no a los ingresos de toda la economía. Pues si el sector privado crece, puede crecer el gasto del sector público de manera automática y automáticamente ilógica).

    Así, por ejemplo, cuando oigan a alguien diciendo que hay que invertir más en educación háganse a la idea de que está hablando de otra mala universidad casi vacía.
    Si les habla de infraestructuras, visualicen otro inútil aeropuerto sin aviones ni pasajeros.
   Si dicen “estimular la economía”, recuerde el Plan E.
   Si “cohesión social”, la corrupción.



   Para el crecimiento real de la economía (que no del PIB), para la generación de valor, de bienes o servicios, la cuestión relevante no es cuánto ni quién, sino en qué se gasta el dinero.

    El gobierno no tienen ningún incentivo en gastarse el dinero en inversiones productivas, y de hecho ya ha mostrado reiteradamente que todos sus gastos son improductivos.
    Por un lado están los “gastos sociales”, que son las pensiones, los subsidios al desempleo, a la sanidad o a la educación. Que pudiendo ser gastos necesarios, no son evidentemente gastos que produzcan crecimiento económico alguno.
    Por otro lado a veces el gobierno intenta hacer inversiones productivas. Intenta, que no lo consigue prácticamente nunca. Ahí tenemos las pruebas, en España se miden por kilómetros de vía de AVE vacía, o por kilómetros cuadrados de polígonos industriales y parques empresariales abandonados, o por informes de rentabilidad redactados a posteriori de las agencias públicas de fomento de la inversión.








 
   Sin embargo el sector privado sí que tiene incentivos para invertir en proyectos que sean rentables. Es indudable que muchas veces comete errores de inversión (millones de promociones vacías lo atestiguan en cada ciudad, pueblo o ex-páramo de España), pero en general y de media cuando el sector privado maneja el dinero sí que suele invertirlo en proyectos rentables que generen valor. Si no nunca se crearía nada.



   Es por esto que lo relevante es en qué se gasta el dinero, que por definición es escaso (a pesar de los juegos de magia monetarios de los bancos centrales). Una vez que tenemos claro que para generar crecimiento el dinero hay que invertirlo en proyectos que sean rentables y no un despilfarro, entonces la siguiente pregunta queda automáticamente respondida: mejor que el dinero lo gaste el sector privado a que lo haga el sector público; pues uno le dota de valor, otro lo volatiliza.
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