La mayor fuerza al servicio del bien

  
La mayor fuerza al servicio del bien:
Cooperantes occidentales y colonos multiculturales

   Cuando el listo de Tom llegó a la India en 1834 tenía muy claro cómo había que gobernarla. Él, que había nacido con el siglo, traía muy sólidas ideas  sobre qué políticas había que aplicar a las colonias. Él se había leído entera la “Historia de la India” y había memorizado con su sobresaliente capacidad infinitos datos sobre los territorios del Imperio… aunque nunca hubiese estado en ellos.
      Macaulay era el niño prodigio de la administración inglesa, poeta en sus años de Cambridge, parlamentario a los 30, era la gran promesa whig, y el mejor representante de una manera de entender el Imperio: Las instituciones inglesas eran superiores, y era deber de los ingleses trasladar esas instituciones a las colonias. Era “el deber del hombre blanco” expandir el progreso y la libertad por todo el mundo.
   
    El célebre economista James Mill coincidía con esas ideas, y era él tan partidario de la administración desde Londres de los territorios dependientes de la Gran Bretaña que escribió una gran “Historia de la India” sin haber pisado la India. Libro que hay que reconocer escribió con gran esfuerzo ya que le llevó doce años terminarlo en lugar de los cuatro años que tenía planeado. Esfuerzo que se vio recompensado pues le valió su puesto en la Compañía de las Indias, lo que venía a ser el gobierno de la India desde la metrópoli. Eso sí, gobernó la India sin llegar a conocerla en toda su vida. Y es que, como diría el viejo Mill:

“Todo lo que vale la pena ver u oír en la India 
puede expresarse por escrito… un hombre debidamente cualificado puede llegar a tener más conocimientos sobre en un año encerrado en su estudio en Inglaterra que durante toda una larga vida utilizando los ojos y los oídos en la India”

(Al igual que otros muchos hoy en día escriben tesis doctorales sobre países sin haberlos pisado, o realizan planes de cooperación sin conocerlos… aunque ahora le dedican menos de un año, no doce como el viejo Mill).


    Hacia 1840 Inglaterra dominaba el mayor imperio que la humanidad habría de conocer jamás. Y ya entonces era (como hoy sigue siendo) la mejor democracia del mundo, donde se debatían todos los asuntos incluido su propia labor como metrópoli.

    Para sus administradores el Imperio británico era: “la mayor fuerza al servicio del bien que había conocido el mundo” como diría Lord Curzon ya finalizando el mismo imperio. “El mensaje es como granito tallado, ha sido esculpido en la roca y dice que nuestra labor es justa y será duradera”.

   “El día de su magnánima auto-liquidación se irían pacíficamente dejando a sus antiguos pupilos llenos de agradecimiento, de entrega, de paz y de prosperidad y, además -precisamente ésa era la bonificación extraordinaria para ese futuro mundo moderno-, libres. Mucho después de su desaparición los historiadores proclamarían que el mundo era un lugar mucho mejor gracias a la existencia del Imperio Británico.”

         “Las condiciones en las que se introdujeron en la India las ideas de progreso y libertad fueron, al mismo tiempo, las mismas que las condenaron al fracaso”.



  Es por esta concepción de la bondad intrínsica de su misión por la que los ingleses se sorprendieron tanto cuando los indígenas se revelaron contra su imperio. (Tanto al menos como muchos se sorprenden hoy de que se secuestre cooperantes en los países a los que van a ayudar).


   En 1835 surgió el debate en torno a cuál era la misión de Inglaterra en el mundo y cómo debería administrar esa fuerza al servicio del bien.
   Ambas facciones en disputa coincidían en lo esencial, que Inglaterra era una fuerza del bien para las colonias, que su dominio habría de ser forzosamente transitorio, y que la educación era la labor más importante que habría de llevar a cabo Inglaterra para mejorar el mundo. 
   Pero… ¿En qué idioma habría que educar a los  indios? Fue la respuesta a esta cuestión la que hizo cristalizar las dos formas de entender el Imperio que estaban cambiando dos formas de concebir el mundo.
   
    Macaulay quiso cambiar toda la educación superior de la India (la que recibían los mandos medios que gobernaban el Imperio) al inglés. Fue él quien quiso crear a los intermediarios culturales, esto es:
Una clase de hombres, indios por su sangre y el color de su piel, pero ingleses por sus gustos, sus opiniones, su moral y su inteligencia 
 (A quienes de un modo mucho más gráfico en la china de hoy se les denomina plátanos: amarillos por fuera, blancos por dentro. Y que en la India imperial fueron conocidos como “Los niños de Macaulay“.)


    Pero esta idea de que fuesen los indios quienes aprendiesen inglés era la opuesta a la tradición de los primeros administradores de la India, ya que fueron ellos quienes aprendieron las lenguas locales, y de hecho fueron ellos quienes hicieron las primeras historias de la India y las primeras normalizaciones tanto de sus lenguas como de sus leyes.
    Era la opinión de Hastings, gobernador General de Bengal (de facto gobernador de la India a través de la Compañía) de 1773 a 1784 que:
  “La compañía tenía la obligación de recomponer y restaurar las instituciones propias de la India, por distintas y contradictorias que pudieran parecer”.
   Sus palabras hablan de que cualquier relación entre la colonia y la metrópolis se ha de basar en escuchar a los nativos:

Every application of knowledge and especially such as is obtained in social communication with people, over whom we exercise dominion, founded on the right of conquest, is useful to the state … It attracts and conciliates distant affections, it lessens the weight of the chain by which the natives are held in subjection and it imprints on the hearts of our countrymen the sense of obligation and benevolence… Every instance which brings their real character will impress us with more generous sense of feeling for their natural rights, and teach us to estimate them by the measure of our own… But such instances can only be gained in their writings; and these will survive when British domination in India shall have long ceased to exist, and when the sources which once yielded of wealth and power are lost to remembrance

Es por esta tradición por la que el médico y celebre orientalista H.H. Wilson se opuso a las políticas de Macaulay .

   Wilson conocía la India al menos tan bien como Macaulay ya que había estado en las minas de Calcuta, había aprendido el sánscrito y además era especialista en Ayurveda, la medicina tradicional India.
   Pero Wilson era partidario de que la educación superior en la India se siguiese produciendo en las distintas lenguas vernáculas. Hasta entonces del colegio de Calcuta egresaban los llamados a ser los administradores del Imperio con un excelente conocimiento de hasta seis lenguas indias, algunas de ellas ya muertas y tan solo administrativas como el sánscrito, otras las lenguas más populares del subcontinente.


  ¿Multiculturalismo u occidentalización? 
   ¿Debe el cooperante para el desarrollo de hoy en día aprender el lenguaje y las costumbres locales, respetarlas y empaparse de ellas o debe aplicar los criterios y las costumbres occidentales?
  No es este un debate nuevo, que es el mismo que tuvieron los administradores de la India allá por 1835, reflejando un cambio de actitud que queda evidenciado en sus retratos.
  Los primeros colonos y administradores adquirieron y admiraron las costumbres locales. Sus vestimentas  exóticas, su alimentación especiada, sus hábitos (fumaban en pipa), así como los contactos más íntimos con los locales, y sobre todo el aprendizaje de las distintas lenguas exóticas.
    Hacia 1800-1850 se produjo un cambio sustancial  en la concepción de la metrópoli de su labor para con las colonias. Cambio que quedó evidenciado en la discusión por la propuesta de Macaulay de educar en inglés en la India. 
 Así de los retratos rodeados de telas orientales y tumbados en divanes los miembros de las compañía de las indias orientales pasaron a retratarse en sillas y despachos; de comer especias a comer pudding –aún con 40 grados a la sombra-; de los trajes coloridos a la negra levita inglesa, los contactos íntimos se vieron impedidos por el puritanismo, y  decidieron que ellos aprendiesen inglés en lugar de aprender las lenguas locales los ingleses.
   ¿Por qué se produjo este cambio? Es cuestión difícil de saber y que supera tanto la extensión de este post como la capacidad de este su humilde escritor.
 Quizá porque tras la pérdida de EEUU Inglaterra percibió que habría que cambiar su trato con las colonias, quizá porque cambió el extracto social de los colonos, quizá porque varió la propia sociedad inglesa… 
  Quizá porque cambiaron los administradores. Muchos de los administradores de las Indias eran escoceses como Elphinstone (gobernador de Bombay de 1819 a 1827) al que sucedió John Malcolm también escocés quien gobernó hasta 1830. Los escoceses tenían una especial sensibilidad para el respeto a las costumbres locales ya que aun actuando en el nombre de la Gran Bretaña no querían hacer el mismo atropello por su lengua y por sus costumbres con los Indios que los Ingleses hicieron con los escoceses.









   
   No es un debate nada fácil éste. 
   No es nada fácil ya que 177 años después se sigue debatiendo el nivel de implicación, de transformación y respeto por las costumbres locales que pueden tener los colonos… o los cooperantes.
  Unos dirán que la difusión del inglés es causa de la relativa prosperidad de la India de hoy en día; otros que el respeto por las costumbres locales es lo que permitiría su identidad y dignidad.
  
(((Sea este post un pequeño homenaje a todos esos ingleses excéntricos que en su afán por huir del pudding y de la niebla de su húmeda isla conquistaron el mundo y llevaron a cabo algunas de las mayores hazañas que el hombre ha logrado.
   No tanto a esos ingleses amantes de los fish and chips que sin salir de ese trozo verde rodeado de azul y permanentemente bajo el gris que es Inglaterra; pretendieron gobernar el mundo beneficiándose de su desconocimiento práctico en la Compañía de las Indias Orientales como el viejo Mill; o hacer carrera política y ganar dineros en la India como -el entonces joven- Macaulay)))
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