El animal social

  The social animal Es un libro que merece la pena leer, o cuanto menos tener para ojear de vez en cuando cómo es la situación de la ciencia en ese campo.

  David Brooks es columnista del New York Times, Columnista considerado conservador  opina constantemente sobre la realidad política americana.
  Sin embargo su interés en los últimos años ha estado centrado en los avances en las ciencias de la mente y el cerebro, y en cómo estos avances pueden afectar a nuestra forma de entender la sociedad y la política.

   ¿Un periodista político haciendo divulgación científica? Pues reto tan evidente Brooks lo ha solventado de manera magistral con un libro que es un híbrido de géneros. Nos relata la vida de dos personas (Erika y Harold) y  nos cuenta lo que les va ocurriendo y nos lo explica con los estudios científicos que aplican al caso.
   Un género nuevo (al menos yo no conozco precedentes) experimental y por tanto queda un tanto artificial en el desarrollo de la historia como novela, pero como libro de divulgación sí que se hace mucho más entretenido y comprensible.

    A lo largo de la vida de Erika y Harold, de su infancia, de su adolescencia, de las elecciones que van tomando en su vida, de su enamoramiento, profesión y madurez aprendemos cómo la neurología, la sociología y la psicología moderna entienden a día de hoy los conceptos de felicidad, elección, deseo; las diferencias de valoración entre razas, las diferencias de percepción… El libro ofrece una visión muy completa (no sé si exhaustiva pues desconocía hasta ahora las materias) de los avances en neuro-psicología y psico-sociología.

Pero como muy bien dice Brooks en el epílogo:

The study of the mind is still in its early stages, and many of its findings are under dispute

   Y es que son ciencias en pañales, cuyos descubrimientos son muy interesantes, grandes avances para el conocimiento humano, pero que no podemos todavía utilizar o emplear como guías o intentan implementar sus enseñanzas, pues son descubrimientos de los que no llegamos a entender sus razones, y que no entendemos en todas sus consecuencias. Todavía queda mucho por avanzar en el entendimiento de nuestra propia cabeza. 

   Y pues estas ciencias están empezando en el estudio de la realidad desde su perspectiva, lo hacen dividiéndolo en la dicotomía que parece la más evidente al ver a la humanidad; hombre/mujer. También se habla bastante de la raza (asiático, hispano, blanco, indio, etc…); algo de clase social (clase media /clase baja), y a veces trata la inteligencia de manera somera.
   Pero ests son tan solo algunas de las categorías en las que se puede clasificar a cada individuo, hay muchas otras que no trata como guapo/feo,
Gay/hetero, optimista/pesimista, matemático/verbal, sano/enfermo, con pelo/calvo, con el pene-pechos grande/pequeño… etc.
   (Aunque sí que aprendemos que uno puede valorar el salario de un hombre midiendo la altura de su mujer, por ejemplo.)
     Pero cuando todas estas tendencias generales se cruzan en una sola persona ni tan siquiera nos da una idea de cómo será su comportamiento, pues cada ser humano es único, completamente único, y tan solo se sabe cómo actúa o es por sí mismo. 
   El análisis por grupos de personas puede ser realmente iluminador e interesante, pero cuando nos movemos en una sociedad pluri-identitaria, donde cada uno tenemos una y muchas identidades pues pertenecemos a muchos grupos al mismo tiempo (por nacimiento y por elección), análisis tan primarios como hombre/mujer pierden sentido genérico y creo que carecen de validez individual.

Por ejemplo se nos proporcionan dos datos sorprendentes: a la afirmación “Da igual cuáles sean las virtudes y defectos de los padres, uno ha de amarles y respetarles” el 95% de los asiáticos y el 95% de los hispanos dijeron que estaban de acuerdo. En comparación con tan solo el 36% de los daneses o el 31% de los holandeses.
En cuanto a las diferencias por género, al poner a una mujer guapa en un campus de universidad preguntando a distintos alumnos si querían tener sexo con ella, un 75% respondió que sí. Al poner a un hombre guapo preguntando a las alumnas por sexo, ni una sola aceptó.

   En lo que sí que insiste el libro mucho es en la importancia de los lazos, de las redes sociales, de  las comunidades, de los otros en nuestra propia felicidad y en la toma de decisiones. (No en balde el libro se llama: “El animal social”). En que los hombres no tomamos las decisiones por nosotros solos y solo pensando en nuestro bien, sino que nuestra propia constitución es social, y todo nuestro conocimiento es la acumulación del acervo de nuestros ancestros, lo que nos configura como parte de un saber muy superior al que nosotros creemos poseer o podemos conocer.
    Que los hombres somos en sociedad debería ser evidente para cualquiera que no sea un misántropo, a pesar de que mucha de la ciencia económica que se ha hecho se diría misantrópica.
Pero como ya decía el poeta:
Un hombre sólo, una mujer 
así, tomados de uno en uno, 
son como polvo, no son nada.
Jose Agustín Goytisolo

    Al analizar el comportamiento del hombre desde una perspectiva científica el libro es una piedra más que se lanza contra la hipótesis de comportamiento racional de la economía mainstream. Pero más aún una piedra con la que se permitiría construir una economía basada en los actuales comportamientos de los hombres que realmente actúan, y no en hipótesis de comportamientos perfectos. Este libro aún más invita a desentenderse de los modelos, pues los modelos no son modélicos en su entendimiento del mundo.
   Sin embargo puede llegar a sorprendernos cuán estúpidos podemos llegar a ser cuando hacemos decisiones que nos parecieran “racionales”. Por ejemplo, se nos cuenta que si se reparte a los alumnos la biografía de un matemático exitoso, y a algunos de ellos se cambia su fecha de nacimiento para que coincida con la del alumno, y a otros no, y a continuación se les pide que hagan unos ejercicios de matemáticas relacionados con la biografía proporcionada, aquellos cuyas fechas de nacimiento habían sido modificadas trabajaron un 65% más en los ejercicios pues ya sentían algún tipo de “ligazón” con el personaje en cuestión, solo por haber leído que coincidía su fecha de nacimiento.


   Tan solo por lo que ya les he desvelado se habrán dado cuenta de que “The social animal” es un libro de muchísimo interés para quienes quieran comprender la sociedad en la que viven desde la perspectiva de la ciencia contemporánea de una manera fácil y amena. Todo un mérito que merece ser reconocido y leído.

PS: Lo que de interesantes tienen los comentarios de esta reseña ya se habrán imaginado ustedes que no se me han ocurrido a mí solo; muchos de ellos se los debo a los compañeros de tertulia con los que he comentado el libro y que tanto me han aportado.
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