Monthly Archives: May 2012

¿Da el dinero la felicidad?


El dinero no da la felicidad

“En la India pueden ser pobres, ¡pero son tan felices¡ y es que en occidente tenemos mucho que aprender de la felicidad en las cosas sencillas de los africanos”
Estas palabras no son sino una caricatura de un lugar común tantas veces oído y repetido, los pobres son más felices que los occidentales “a pesar de no tener nada”.
(Nótese que este “a pesar” es especialmente significativo, pues quien lo dice está situando la felicidad en el poseer, es quien lo dice quien muestra una correlación directa entre la posesión y la felicidad. En la propia negación ya revela que en su razonamiento hay una relación entre ambos conceptos. Significativamente no dice “a pesar de tener una menor esperanza de vida”, o “a pesar de tener una altísima mortalidad infantil”, o “a pesar de vivir bajo regímenes opresores” que podrían ser conceptos también relacionados con la felicidad).
La cuestión es que este lugar común se sigue repitiendo hasta la saciedad, incluso por economistas de tanto prestigio como Jeffrey Sachs, ya que en economía se conoce como la paradoja de Easterlin desde 1974.
Dice la paradoja de Easterlin que dado un nivel de vida mínimo, la felicidad que declaran los individuos no varía significativamente aunque aumente el nivel de renta. Esto es, la demostración estadística de que “el dinero no da la felicidad”. Desde entonces tal estudio ha hecho correr kilómetros de paper académico y ríos de tinta de manifiestos y proyectos políticos (incluso alguna ley, incluso).
   Pero como muy bien se denuncia en el -muy recomendable- blog de El País “África no es un país” el sostener que sigue existiendo tal paradoja, o que no es el dinero el principal factor que hace aumentar la felicidad de los ciudadanos cuando “Sea como sea, la realidad es que de los 156 países de los que habla el estudio el más feliz del continente africano parece ser Islas Mauricio que aparecen en el puesto 64 de la lista.” parece más bien una actitud política interesada para promover el Índice de Felicidadde Bután que otra cosa, pues:
Sin embargo, de la lectura del texto surgen algunas dudas. Por ejemplo, si los países más felices son los más ricos y los más infelices los más pobres, entonces algo tendrá que ver la economía, la distribución de la riqueza…, en todo esto. Para que un país sea más feliz debe acercarse al pleno empleo o dar buenos servicios sociales a sus ciudadanos y eso depende mucho de la riqueza del estado, creo yo.
Pues como muy bien dice el profesor Sala i Martín  no tiene ningún sentido la paradoja de Easterlin.
Los resultados de las encuestas de Gallup (que, por cierto, Sachs no puede alegar desconocer pues también comenta) demuestran que sí que hay correlación entre ser más rico y ser más feliz, lo que es una obviedad para cualquiera que  observe a sus semejantes, como dice Xavier:
Conclusión: la paradoja de Easterlin no existe. Y eso no debería ser una sorpresa: cualquier analista razonable debería haber concluido que, cuando 6.000 millones de personas trabajan duramente para mejorar su situación económica y un sabio les dice que son tontos porque su esfuerzo no les va a reportar más felicidad, tarde o temprano se demuestra que los tontos no son los ciudadanos.
(De hecho no me deja de asombrar como los científicos sociales aceptan las paradojas como algo dado, como por ejemplo la famosa “paradoja del ahorro de Keynes“, cuando por definición una paradoja es 
 1. adj. desus. paradójico.  
2. f. Idea extraña u opuesta a la común opinión y al sentir de las personas.
3. f. Aserción inverosímil o absurda, que se presenta con apariencias de verdadera. 
4. f. Ret. Figura de pensamiento que consiste en emplear expresiones o frases que envuelven contradicción. Mira al avaro, en sus riquezas, pobre
  Se entenderá que no parece muy razonable aceptar una “aserción inverosímil o absurda” o algo “opuesto a la común opinión” como algo dado que no merezca mayor investigación o explicación para una ciencia; y que en lugar de tratar de resolver la paradoja se intente dar recomendaciones de comportamiento a los ciudadanos).

La política de la Felicidad. Bután: ¿El reino feliz?

La política de la Felicidad. Bután: ¿El reino feliz?
 El reciente interés de la ciencia por la felicidad podría parecer un mero interés científico por cubrir una laguna en el conocimiento humano…
…podría parecer tal si no se conociese la inmoral relación existente entre política y ciencia.
Las “investigaciones” a favor de la felicidad han sido argumento para implementar políticas en diversos países, así como para toda una resolución de las Naciones Unidas encorajinando el uso de las mediciones de felicidad. Y felicitando la labor de Bután.
No parece mera casualidad (ni para los más ingenuos confidentes de la economía) que esta apelación a un concepto tan vago como la felicidad la hagan aquellos regímenes que no son un modelo de democracia o legitimidad democrática precisamente.
     
     La primera medida de la felicidad fue el Índice de felicidad bruta. Una idea lanzada en su discurso de coronación, cuando tan solo tenía 18 años,  en 1972, por el Rey de Bután Jigma Singye Wangchuk. Bután era entonces una monarquía absoluta, y aún a día de hoy Bután no puede ser considerado un modelo de democracia.
    Resulta muy llamativa la buena fama y la buena prensa con la que cuenta Jigma en occidente, aparece como un modernizador de su país, como alguien tan solo preocupado por la felicidad de su pueblo, un Rey de cuento se diría, el modelo de déspota ilustrado que todo intelectual quisiera en el poder. 


     No niego que estas intenciones puedan ser ciertas (si pudieran ser ciertas). Pero también es cierto que no consideró que la felicidad de su pueblo implicaba por elegir a sus propios gobiernos hasta el año 2006; y además que decretó que él era quien debería decidir cómo su pueblo debía vestir para ser feliz, ya que impuso la obligación de llevar el traje típico butanés (Sí, sí, en Bután es obligatorio vestir el traje típico, de esa guisa que ven, TODOS).
     Pero lo que es todavía mucho más grave, decidió expulsar a unos 107.000 butaneses de etnia nepalí (pues no debían ser lo suficientemente felices para ser su pueblo suponemos). Los expulsados de manera masiva y obligatoria de Bután representaban el 17% de la población.


Pero no es Bután el único país que ha decidido medir la felicidad de sus habitantes, otros muchos países han decidido seguir su ejemplo, pero no son precisamente los países que aparecen como modelo de crecimiento o democracia.

En 2011 el régimen de Corea del Norte -el régimen más nefasto de cuantos a día de hoy mancillan el planeta- anunció que iba a comenzar a medir también la Felicidad Interior Bruta de su país.
Así mismo el nuevo gobierno militar que tomó el poder con un golpe de estado en Indonesia en 2006 anunció que iba a procurar incrementar la felicidad de sus habitantes y no meramente el crecimiento económico.
Las nuevas constituciones de Ecuadory Bolivia auspiciadas por los presidentes Correa y Evo Morales proclaman la promoción del “buen vivir” (o “sumak kawsay” en Quechua, y  “suma qamaña” en Aymara).  Un concepto que no es sino una resurrección del “buen salvaje” en su versión andina en palabras del analista latinoamericano Aparicio Caicedo.
     Pero las políticas de Bután no solo han sido seguidas por regímenes pobres o tiránicos, economistas de fama mundial o las mismísimas Naciones Unidas aclaman el modelo butanés.

It makes sense, in other words, to pursue policies to raise the public’s happiness as much as it does to raise the public’s national income. Bhutan is on to something path breaking and deeply insightful. And the world is increasingly taking notice.
Member States also welcomed the offer of Bhutan, which for many years has used gross national happiness rather than gross domestic product (GDP) as a marker of success, to convene a panel discussion on the theme of happiness and well-being during the Assembly’s next session, which begins in September.
Donde se viene a reconocer que es Bután el modelo a seguir para la consecución de las nuevas políticas de felicidad de los ciudadanos.
(Lo que no aclara el señor Sachs ni la asamblea general de las Naciones Unidas es si las leyes que hacen obligatorio vestir con el traje tradicional son el modelo en el sentido de que todos hemos de vestir con el traje tradicional butanés o que cada país ha de vestir con su traje tradicional, los madrileños con la casposa y el chaleco, los andaluces de faralaes, etc… O si también es recomendable expulsar a las minorías de cada país).

¿Qué es la felicidad?

“A lo mejor fuiste feliz un ratito, pero la felicidad me temo que no es una constante.”
Michi Panero
We hold these Truths to be self-evident, that all Men are created equal, that they are endowed by their Creator with certain unalienable Rights, that among these are Life, Liberty, and the pursuit of Happiness
Declaración de independencia de EEUU
Ya sabemos que desde que el hombre se ha preguntado algo se ha preguntado sobre la felicidad, y que todos los sabios que en el pasado han sido algo han dicho sobre el tema.
También que en los últimos tiempos se ha puesto de moda entre los economistas tratar sobre la felicidad, y que su tratamiento no ha sido sino una medición constantesin definición ni objeto.
Pero volvamos a la pregunta esencial, ¿Qué es la felicidad?
¿Es la felicidad un estado, una condición o una percepción? ¿Cuánto dura la felicidad? Pues como dice ese gran literato sin obra, sabio e icono Michi Panero.
“La felicidad son momentos”
“A lo mejor fuiste feliz un ratito, pero la felicidad me temo que no es una constante.”
Pero, de hecho, ¿se puede “ser feliz” o la felicidad es un camino, un proceso, un descubrimiento?
Significativamente dice la declaración de independencia de EEUU que todos los hombres tienen el derecho de “perseguir la felicidad”:
 We hold these Truths to be self-evident, that all Men are created equal, that they are endowed by their Creator with certain unalienable Rights, that among these are Life, Liberty, and the pursuit of Happiness
  No dice de “alcanzar la felicidad” (achievment of happiness) que pareciera un fin aun mayor; pero es este un fin inalcanzable, pues la felicidad en sí misma no es alcanzable, tan solo es perseguible.
     ¿Es alcanzable LA felicidad? ¿Qué es LA felicidad? Probablemente pregunta tan importante no haya alcanzado respuesta.. Ni la puedan alcanzar los hombres pues es la Pregunta Última de su existencia
¿Es alcanzable? Yo lo dudo.
     Y es que la felicidad probablemente no sea un concepto universal aplicable a todas las personas de todos los tiempos por igual, ni tan siquiera un concepto social que se puede hablar de una determinada época o de unas determinadas condiciones, la felicidad es un concepto personal.
Como muy bien dice Ludwig Von Mises:
“Es la valoración subjetiva –con arreglo a la voluntad y al juicio propio- lo que hace a las gentes más o menos felices o desgraciadas. Nadie es capaz de dictaminar qué ha de proporcionar un mayor bienestar al prójimo”.
    Y es ese mismo relativismo el que creo que hay que trasladar a las decisiones y a las mediciones sobre la felicidad.
    No sabemos qué es la felicidad en un sentido abstracto y común para todos los hombres, pero es que ni tan siquiera sabemos qué es la felicidad en un sentido concreto para cada uno de nosotros. Y no lo sabemos ni tras milenios de trabajos de los pensadores más profundos de la historia desde Aristóteles hasta nuestros días, ni tras la experiencia que nos proporciona contemplar la vida de los millones de personas que nos precedieron (de los que podemos afirmar sin riesgo a equivocarnos que ellos también persiguieron la felicidad y que la mayoría de ellos no la alcanzó) ni tan siquiera apoyándonos en los textos que nos han dejado los poetas de todos los tiempos.
Y es que, como muy bien dijo hace más de 900 años ya Omar Kayyham “de la felicidad solo conocemos el nombre”.
Así que yo me aplico las palabras del sabio Rubiyat que continúa:
 De la felicidad sólo conocemos la palabra. Nuestro compañero más viejo es el vino nuevo. Acaricia con los ojos y con los dedos el único bien que no falla: el ánfora viva de sangre de la vid.
Así que, amigo, alzo la copa por la felicidad, por la mía y por la suya, de la que no sé nada, nada más allá de que será distinta a la mía y usted también perseguirá la suya.

Sobre la medición de la felicidad

“Todo es medible, y medir es el fin de la ciencia”
Manualito de imposturología física.
Fernando Vallejo
Pareciera que el estudio de sobre la felicidad se ha puesto de moda. No solo todo el desarrollo de la “Economía de la felicidad”, o el congreso organizado por El Instituto de la Felicidad de Coca-Cola (ya comentado aquí)  si no también el congreso sobre la felicidad que se acaba de celebrar auspiciado por Naciones Unidas, y con un interesante (por las ideas preconcebidas y los errores que contiene, sobre todo) informe del afamado economista Jeffrey Sachs, el World Happiness Report.
Lo que parece no haber todavía, pese a tantos esfuerzos en medir y promover la felicidad, es una definición de la felicidad; o un estudio de la cuestión que lógica y esencialmente ha de ser la previa y prioritaria para hablar o medir la felicidad:
¿Qué es la felicidad?



Como muy bien denuncia mi admiradísima economista Deidre McCloskey:
    “Which raises another, humanistic criticism of the recent literatura on “happiness”. The literatura pays no attention to reflections that are non-quantitative or non-mathematical.
 Esto es, la obsesión econométrica de nuestros tiempos intenta interpretar a través de mediciones conceptos que puede que no sean mesurables: 
    “In his recent book: Happiness: A Revolution in Economics, the brilliant insider critic of economics, Bruno Frey, devotes exactly one sentence to thinking about “happiness” before “measurement”.  (That´s it. He does not mention that it has been a central theme, too, of poetry and stories and biography and religion).

    ¿Cómo se puede abordar una cuestión sin intentar ni tan siquiera definirla o delimitarla o conocerla? ¿Cómo estudiar lo que no se conoce ni se define?
Pues con la obsesión métrica de la que está contagiada toda nuestra ciencia -y especialmente la economía con el virulento virus econométrico- pretende estudiarla y entenderla mediante la medición de la misma. 
Como denuncia con tanta sabiduría como incorrección Fernando Vallejo en el mordaz estilo que le define en la primera sentencia de su “Manualito de imposturología Física”: 

Todo es medible, y medir es el fin de la ciencia”.
     Todo es medible, y medir es el fin de la ciencia. Se puede medir una bacteria, el átomo, el núcleo del átomo, el electrón, la opinión pública, la inteligencia, la distancia que nos separa de la estrella Alfa del Centauro… Todo, todo se puede medir. ¿Por qué no habremos de medir entonces la impostura, la maliciosa capacidad de mentir del ser humano que es su esencia?   (Y añado yo, ¿Por qué no habremos de medir la felicidad del hombre? ¿Por qué?)

En estos momentos en el mundo se manejan muy diversas mediciones de la felicidad o índices de felicidad:
·   El índice de desarrollo humano elaborado por las Naciones Unidas.
·   El índice Happy planet elaborado por el NEF (un think tank inglés).
·   La encuesta Gallup de felicidad global.
·   La medición psicológica de la felicidad.



A su análisis y comprensión dedicaremos sucesivos posts de este blog.



El nombre de la felicidad

Rubaiyat, Omar Khayyam 
Feliz, felicidad, la felicidad. Ser feliz.
La felicidad parece ser el mayor bien al que aspiran los hombres, el culmen de todas sus aspiraciones, aquello que no dejan de perseguir, lo que no cesan de buscar, lo que siempre anhelan pero…
¿Qué es la felicidad?

Desde los primeros pensadores los hombres se han formulado esta pregunta, los sabios griegos como Aristóteles, para quien el bien supremo es la felicidad e identifica felicidad con sabiduría:
“La verdadera felicidad consiste en hacer el bien.”
En tiempos de los romanos los tratados sobre la felicidad eran moneda común, como el De vita beata, del estoico Séneca, traducido con el significativo título “De la felicidad
Y es que como muy bien indican Ravel los primeros filósofos eran sabios que reflexionaban sobre los problemas que acucian a los hombres, y el primero y mayor de los problemas sobre el que los hombres reflexionan es sobre la felicidad, eterna o terrena.
Pero parece que esta labor de la academia de buscar de manera científica lo que más interesa a los hombres es una labor completamente abandonada en nuestros tiempos. Como muy bien denuncia Alain de Button en una célebre conferencia; si uno entra a una universidad y se pone a hablar de los temas que preocupan a los hombres de manera más profunda (felicidad, transcendencia, Dios, amor) le tacharán de poco académico y le indicarán la salida. Y es que la universidad parece ser “universal” para todo menos para lo esencial.
O como dice el popular periodista David Brooks en su best-seller “The social animal”:

“We still have academic fields that often treat humans beings as rational utility-maximizing individuals”.  “We are good at talking about material inventives, but bad about talking about emotions and intuitions. We are great at teaching technical skills, but when it comes to the most important things, like character, we have almost nothing to say”

(Donde pone “character” se puede poner “felicidad” para indicar que de lo más importante poco tenemos que decir aún a día de hoy).


También dice algo parecido el célebre monje budista Matthieu Ricard, quien es nombrado como “el hombre más feliz del mundo(Cómo se puede llegar a valorar quién posee tal condición es algo que se me escapa) en el libro “El monje y el filósofo”:
Es cierto que la biología y la física teórica han aportado conocimientos extraordinarios sobre el origen de la vida y la formación del universo. Pero ¿permiten acaso estos conocimientos elucidar los mecanismos fundamentales de la  felicidad y del sufrimiento? No hay que perder de vista los objetivos que uno mismo se fija.”
Ha sido la iniciativa privada extra-académica a través del patrocinio de Coca-Cola y el auspicio del célebre científico/político/traductor/divulgador/showman/liberal/caricaturesco/divertido/padre/candidato/presentador Eduard Punset quien monte el Instituto de la Felicidad Coca-Cola y quien organice el Congreso de la Felicidad.
(Supongo que no puede haber persona más adecuada para hablar de la Felicidad que Punset, ya que dice tener la Fórmula de la felicidad… o cuanto menos la vende como si la tuviera).
Es éste un interesante congreso en el que se invitan por igual a religiosos (parece ser que la religión todavía tiene mucho que decir sobre las cuestiones esenciales que atañen al hombre) y científicos. Científicos no economistas, sino médicos, antropólogos o psiquiatras.
¿Qué aporta la economía (como la ciencia preponderante en nuestro tiempo) a este conocimiento sobre la felicidad que lleva el hombre persiguiendo desde sus orígenes?
¿Cómo se mide, trata, fomenta o persigue la felicidad desde la perspectiva económica?
Es a este estudio a lo que este blog va a dedicar una larga serie de post.
Espero que les sirva, y que les ayude a ser algo más felices…
…O no. No lo espero pues ya les adelanto que quien esto suscribe no sabe casi nada sobre la felicidad, ni cree que muchos sepan algo, ni cree que ese saber se pueda transmitir.

Pues como dice el Rubaiyat de Omar Khayyam: