O banca o ética; o a Estocolmo, o a Cuenca, o a Berna.

O banca o ética; o a Estocolmo, o a Cuenca, o a Berna.
O es banca o es ética, pero no se puede ir simultáneamente a Estocolmo y a Cuenca y a Berna.
Con el “o banca o ética” no me sumo a aquellos que dicen que “banca ética” es un oxímoron, pues todo negocio bancario es inmoral. No me sumo ni a aquellos que lo dicen desde el punto de vista de la defensa del coeficiente de caja del 100% pues al prestar aquello que les han prestado están violando el deber de depósito que tenían encomendado; ni a aquellos que desde la izquierda creen que el negocio bancario es hacer dinero de la nada explotando a los demás.
No, yo digo que es “o banca o ética” pues al intentar hacer ético el negocio bancario se está intentando perseguir tres objetivos distintos al mismo tiempo, y quien tiene tres destinos lo más probable es que no llegue sano a ninguno. O se va a Estocolmo, o se va a Cuenca, o se va a Berna, pero no se puede ir a todos lados al mismo tiempo en el mismo barco.
Veamos en esencia cuál es el negocio bancario. Un banco recibe dinero de sus depositantes, que confían en él sus ahorros pues creen que los custodiará bien. El banco se guarda un mínimo de ese dinero depositado (el coeficiente de caja puede estar en torno al 5%, por ejemplo) y el resto lo presta a terceros.
¿Qué hace el banco con el dinero de los depositantes? Pues como se pueden ustedes imaginar son muchísimas las opciones de inversión que a uno se le abren cuando tiene miles de millones de euros para invertir.

Pero una pregunta más esencial aún es: ¿qué debe hacer el banquero con el dinero de los depositantes? Y entonces es cuando –de la mano del “debe”- entramos en las cuestiones éticas. Y pues el dinero que presta el banco no es suyo, sino que lo tiene en custodia -lo tiene depositado– creo que es moralmente meridiano decir que el primer deber del banquero es salvaguardar el dinero de sus depositantes. Ha de poner todo su celo en no perder ese dinero.
Si además el banquero consiguiera multiplicarlo sería estupendo para todos. Si consigue que ese dinero rente, tiene él un beneficio y puede remunerar las cuentas de sus depositantes. Pero eso sería un beneficio adicional. Ha de ser cauteloso, no vaya a ser que por perseguir un poco de interés pierda el principal.
Como se ve todo banquero tiene que perseguir dos objetivos distintos que no siempre se concilian bien: seguridad y rentabilidad. Por ello algunos (como por ejemplo Huerta de Soto) dicen que el negocio bancario como lo entendemos en la actualidad es por definición inmoral, pues se está mintiendo a los depositantes, se les dice que se custodia su dinero (que está depositado) cuando la verdad es que su dinero se presta y con él se juega.
Bastante dificultad es ya conciliar dos objetivos distintos como para añadir todavía más objetivos a la misma ecuación. Y es que no se necesita conocer los teoremas de Arrow o de Condorcet para darse cuenta que perseguir múltiples objetivos es camino seguro para no acabar en sitio alguno.
Las Cajas de Ahorros eran (digo eran pues por este mismo problema ya han desaparecido prácticamente) bancos con vocación de servicio público. No sólo que sus beneficios se destinaban a la Obra Social, sino que en su misma operación se proponían impulsar y ayudar a la economía local.
Pongamos, por ejemplo, que hubiese una tal Caja de Ahorros de Cuenca. Entre sus objetivos estaba impulsar la economía conquense, prestar dinero a los empresarios conquenses y fomentar el desarrollo de Cuenca financiando las infraestructuras que tanta falta hacen a la provincia. Así la Caja de Ahorros de Cuenca financia autopistas, polideportivos y parques empresariales todos ellos con el noble objetivo de desarrollar Cuenca.
Santas y buenas. Santas intenciones y buenas obras. ¿Cuál es el problema? Pues que con el tiempo resulta que esas inversiones no eran tan buenas, ni era tan santa la labor de quienes las gestionaban. Que los criterios por los que se concedieron los créditos no fueron criterios económicos sino políticos. Que por intentar lograr una mejor infraestructura en Cuenca no se hicieron bien las cuentas. Y que al final del camino a Cuenca se tienen infraestructuras que nadie necesita, parques empresariales que nadie utiliza, y el dinero de la Caja de Ahorros en cualquier lugar de la provincia menos en la Caja fuerte de la caja. Los Ahorros ya no están, que se convirtieron en inversiones que ahora son ruinas. Desaparecieron. Y es que las Cajas de Ahorros tenían muchos y muy nobles objetivos, pero entre tantas funciones por cumplir en su territorio se olvidaron de aquello que era lo esencial, lo que les daba hasta el nombre mismo, ejercer de Caja para salvaguardar los Ahorros de sus depositantes.
Y es esto lo que -en cierta medida- explica el relativo fracaso de las Cajas de Ahorros frente a los bancos en el sistema financiero español. Porqué las unas están arruinadas cuando los otros siguen obteniendo multimillonarios beneficios. Y es que unas tenían múltiples objetivos y todos contrarios; los otros lo tenían mucho más claro.
No estoy juzgando las intenciones de nadie. Doy por asumido que todos son buenos y lo hacen lo mejor posible por lograr el bien. No es ese el problema. No es una cuestión de ser buena o mala persona. Es cuestión de los incentivos; de la estructura misma del sistema. No es que los representantes de los partidos políticos o los miembros de los consejos de las cajas fuesen gentes perversas; ni que los miembros de los consejos de los bancos sean personas bellas. Simplemente que a unos se les encomendó realizar una cosa y la opuesta, lo imposible y lo contrario, y quien aspira a todo y a lo opuesto lo más probable es que se quede con lo puesto.
Y es ahora, cuando sabemos los rudimentos de cómo funciona el sistema bancario, cuando podemos plantearnos cómo funciona la banca ética.
“Ética” es una palabra compleja, y aunque llevemos milenios intentando hallar una “ética universal” lo cierto es que aún no nos hemos puesto de acuerdo los hombres ni en sus fundamentos. Es posible que no exista tal cosa como “una ética”, sino múltiples éticas diversas según cada tiempo y lugar, según cada cual.
Pero demos por buena que la banca ética persigue “la ética”, y demos por bueno que la banca ética se comporta de acuerdo a la ética que predica. Ese no es el problema. El problema es que siempre tendrá una disyuntiva la banca ética entre su ser sustantivo y su ser adjetivo, entre ser banca o ser ética. Exactamente igual que lo tenían las cajas. Una vez más se plantea a sus gestores la labor imposible de perseguir distintos fines.
O banca o ética, o se va a Estocolmo, o se va a Cuenca, o se va a Berna. O se va a Estocolmo a recoger el Premio Nobel por lo ético de la banca que se practica; o se va a Cuenca a dotar de infraestructuras a la provincia entera, o se va a Berna a salvaguardar el beneficio de la gestión financiera. Pero no se puede ir a Estocolmo, a Cuenca y a Berna al mismo tiempo y de la misma manera; pues lo más probable es que uno se pierda nada más traspasar la puerta.

He leído que la banca ética apuesta por la inversión en la economía real frente a la economía financiera. Loable apuesta. Pero se plantean algunos problemas. Toda inversión por definición tiene riesgo, lo real, por su propia esencia, tiene aún más riesgo. Todo negocio puede salir bien o mal. Ya sea un aeropuerto en Ciudad Real o una frutería en Cuenca. El problema es que si sale bien el banco se llevará un tanto por ciento del préstamo, si sale mal nada recuperará del principal. El futuro es incognoscible, y no sabremos si ese préstamo hecho se recuperará o no, si el negocio ha sido un éxito o un fracaso, hasta el final de la vida del crédito (1, 3, 5, 10 años).
Ante este tipo de problemas las finanzas intentan dotar de soluciones. Soluciones que, bien es cierto, a veces han sido tan disparatadas que empeoran el problema y añaden aún más riesgos, creando incluso riesgos sistémicos. Sin embargo no hemos de perder la esencia de lo analizado, los conceptos por los que fueron creados los derivados. Por ejemplo se puede comprar un seguro de crédito. Que por un lado permite al prestador asegurarse el cobro de su dinero pagando una pequeña prima por ello. Por el lado contrario se funciona como una pura aseguradora, se cobra cuota por distintos riesgos y se cubren sus riesgos por la diversificación y el análisis actuarial.
Además hay productos financieros “garantizados”. O productos financieros algo más seguros. Por ejemplo en la actualidad se da por asumido que el bono alemán se pagará. Es la inversión “más segura” que se puede adquirir en estos momentos de incertidumbre en el mercado (“inversión libre de riesgo” la llaman, utilizando lo que sin duda es un oxímoron además de una mentira descarada, por definición no puede haber una “inversión libre de riesgo” pues toda inversión implica riesgo, sino no sería “inversión”). Es por esto que muchos inversores están comprando los bonos alemanes, bajando por tanto su precio y aumentando indirectamente la prima de riesgo con el bono español, que al ser un diferencial aumenta tanto cuando sube el precio del bono español como cuando baja el del alemán.
Si los gestores de la banca ética renuncian a las inversiones financieras, ¿dónde depositan su dinero en el corto plazo? ¿cómo aseguran sus préstamos? ¿Qué harán para invertir todo el dinero que tienen depositado si no les llegan solicitudes con visos de éxito de la “economía real”?

Como se ve la banca ética es la persecución de dos nobles objetivos, realizar la labor bancaria con ética y a través de esta labor contribuir a un mejor desarrollo del mundo. El problema es que ambos objetivos son por definición contradictorios, y que en la persecución de lo adjetivo (la ética) se pierde lo sustantivo (la banca). El riesgo es que en el intento de lograr lo excelso se pierda el dinero que los depositantes han confiado al banco. Además, claro está, del problema de toda banca de que en la búsqueda de la rentabilidad desaparezca el principal.
Ya es bien difícil –sino imposible- perseguir seguridad y rentabilidad simultáneamente, ir a Berna a por los beneficios mientras uno se atrinchera en la fortaleza salvaguardando el principal; como para además encaminarse a Estocolmo y a Cuenca. Y todo al mismo tiempo.
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