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Bakunin ¿un precedente austriaco?

Bakunin ¿un precedente austriaco?
You are all a bunch of socialists” famosamente dijo Mises y mucho se ha repetido desde entonces. Y puede ser cierto que todos sean socialistas menos Mises, pero entre los distintos tipos de socialismos hay diferencias, matices; y es en esos matices donde halla el interés quienes quieren comprender el pensamiento de los otros, donde se halla el conocimiento.
Aunque es un galón de la escuela austriaca de economía el que la primera crítica de Marx (y quizá la definitiva que le impidió culminar su obra por no hallar respuesta a ella) fue la que le hizo Böhm-Bawerk en su Karl Marx y el cierre de su sistema de 1896; lo cierto es que los pensadores anarquistas supusieron una crítica (si bien no a la teoría monetaria sí a las esencias del sistema marxista) anterior y puede que aún más contundente al pensamiento marxista (si cabe).
Las críticas que más dolieron a Marx y a cuya refutación dedicó muchas energías fueron las de Bakunin y las de Stirner, y si las analizamos en profundidad veremos que una se puede considerar un precedente de las teorías de la Escuela Austriaca de Economía sobre la imposibilidad de cálculo en el socialismo, la otra un precedente del anarco-individualismo que luego abanderarían Ayn Rand o Rothbard.
De todas las divisiones dentro del pensamiento socialista o de izquierdas la más significativa fue la de la I Internacionalde 1872, donde la sección marxista expulsó a la sección anarquista; provocando una escisión que Bismarck celebró como una bendición para la civilización occidental ya que los rojos y los negros desunidos tendrían menos fuerza y no podrían coordinar una gran revolución.
Marx y Bakunin eran dos personalidades muy distintas, uno burgués alemán (“emplean la palabra burgués como un lema repetido hasta el hastío, cuando son de pies a cabeza, y hasta la médula, burgueses provincianos” dijo Bakunin de Marx y Engels), el otro un noble ruso tan solo cuatro años mayor que él que mereció los peores adjetivos por parte de Marx, a despecho de que se admirasen mutuamente en sus inicios y se influyesen tanto que prácticamente se copiaban expresiones y partes sustanciales de su pensamiento.
Entre estos dos colosos había diferencias sustanciales, irreconciliables. Muchas explicaciones se han intentado dar a una de las disputas que más muertes y más dolor han causado en los últimos 140 años. Sobre la estrategia a seguir para alcanzar la utopía socialista o sobre la gestión de esa misma utopía. Pero para un economista austriaco destaca mucho que uno de los argumentos que utilizó Bakunin contra Marx era el de la imposibilidad del gobierno en el socialismo, aún si los gobernantes fuesen los científicos más sabios y más probos que fuesen casi inhumanos.
Antes de su expulsión I Internacional Bakunin escribió en 1871 uno de sus libros más conocidos, “Dios y el Estado”. Un panfleto en el que habla de idealismo, realismo (comienza con un significativo: “¿Quiénes tienen razón, los idealistas o los materialistas?”), que es un contundente alegato ateísta (“Si Dios existe, el hombres es esclavo; ahora bien, el hombre puede y debe ser libre: por consiguiente Dios no existe”), y donde discute la posibilidad de gestión en un Estado socialista. Y es aquí donde se entrevé un pensamiento cercano a aquel de los austriacos:
“La más grande inteligencia no podría abarcar el todo. De donde resulta que para la ciencia tanto como para la industria, la necesidad de la división y de la asociación del trabajo. Yo recibo y doy, tal es la vida humana. Cada uno es autoridad dirigente y cada uno es dirigido a su vez. Por tanto no hay autoridad fija y constante, sino un cambio continuo de autoridad y de subordinación mutuas, pasajeras y sobre todo voluntarias.
Esa misma razón me impide, pues, reconocer una autoridad fija, constante y universal, porque no hay hombre universal, hombre que sea capaz de abarcar con esa riqueza de detalles (sin la cual la aplicación de la ciencia a la vida no es posible), todas las ciencias, todas las ramas de la vida social.”
¿No se podría decir talmente que es un pensador austriaco? ¿No se está describiendo la imposibilidad del sabio gobernante platoniano en base al problema del conocimiento? Pero no es un escrito ni un párrafo aislado en el pensamiento de Bakunin, sino que repite –esta vez con prosa más adornada-:
“¿Qué mente, por muy brillante que sea, o –si queremos considerar una dictadura colectiva, incluso con centenares de individuos dotados de facultades superiores- está capacitada para recoger la infinita multiplicidad y diversidad de intereses, aspiraciones, deseos y necesidades cuya suma constituye la voluntad colectiva de un pueblo? ¿Dónde están esas mentes tan dotadas y abiertas como para inventar una organización social capaz de satisfacer a todo el mundo? Esa organización será sólo un lecho de Procusto, donde se verá forzada a descansar la infeliz sociedad”
En realidad no debería extrañarnos esta observación, y es que a despecho de ser una persona mucho más instruida (“nadie ha leído tanto como él” le reconocía Bakunin a Marx), Marx era un pensador mucho más simple.
Marx pensaba en categorías (clases), y pensaba que su teoría era científica y que con una sola teoría era capaz de explicar toda la historia de la humanidad. A lo que Bakunin le responde:
“Supongamos una academia instruida, compuesta por los más ilustres representantes de la ciencia […] y que inspirada solo por el más puro amor a la verdad nada decreta sino leyes acordes estrictamente con los últimos hallazgos de la ciencia. Pues bien, mantengo que dichas leyes y dicha organización serían una monstruosidad, porque todo saber humano es siempre imperfecto, y comparando lo descubierto con lo aún ignorado estamos todavía en la cuna […] La vida siempre será infinitamente mayor que la ciencia”.
Todo un ataque a la pretensión de un gobernante sabio, así como a la cientifididad del materialismo.
Pero es que Bakunin acusaba a Marx de idealista, y no le faltaba razón cuando criticaba la metodología de éstos:
En lugar de seguir la vía natural de abajo a arriba, de lo inferior a lo superior y de lo relativamente simple a lo complicado; en lugar de acompañar prudente, racionalmente el movimiento progresivo y real del mundo llamado inorgánico al mundo orgánico, vegetal, después animal, y después específicamente humano; de la materia química o del ser químico a la materia viva o al ser vivo, y del ser vivo al ser pensante, los idealistas, obsesionados, cegados e impulsados por el fantasma divino que han heredado de la teología, toman el camino absolutamente contrario. Proceden de arriba a abajo, de lo superior a lo inferior, de lo complicado a lo simple.
Bakunin conocía a los hombres mucho mejor de lo que los conocía Marx, y sabía qué son los incentivos:
“Basta dotar de poderes absolutos al más ardiente revolucionario para que en menos de un año aventaje en despotismo al propio Zar”
“Pero hay una tercera razón que hace imposible tal gobierno [el gobierno de los científicos]: es que una academia científica revestida de esa soberanía digamos que absoluta, aunque estuviere compuesta por los hombres más ilustres, acabaría infaliblemente y pronto por corromperse moral e intelectualmente. Esta es hoy, ya con los pocos privilegios que se les dejan, la historia de todas las academias. El mayor genio científico, desde el momento en que se convierte en académico, en sabio oficial, patentado, cae inevitablemente y se adormece.”
“Es propio del privilegio  de todo posición privilegiada el matar el espíritu y el corazón de los hombres. El hombre privilegiado, sea política, sea económicamente, es un hombre intelectual y moralmente depravado”
“Un cuerpo científico al cual se haya confiado el gobierno de la sociedad acabará pronto por no ocuparse absolutamente nada de la ciencia, sino de un asunto distinto; y ese asunto, como sucede con todos los poderes establecidos, será el de perpetuarse a sí mismo, haciendo que la sociedad confiada a sus cuidados se vuelva cada vez más estúpida, y por consiguiente más necesitada de su gobierno y dirección.
Todos estos pensamientos le llevan a proclamar su anarquismo:
“En una palabra, rechazamos toda legislación, toda autoridad y toda influencia privilegiadas, oficiales y legales, aunque salgan del sufragio universal, convencidos de que no podrán actuar sino en provecho de una minoría dominadora y explotadora, contra los intereses de la inmensa mayoría sometida.
He aquí en qué sentido nos declaramos realmente anarquistas.”
Y he aquí porque digo que se puede llegar a considerar a Bakunin como un precedente de los argumentos de la Escuela Austriaca de Economía en el debate sobre la Imposibilidad del Socialismo.
Y es que no en balde, a pesar de sus múltiples errores que al ser violentos son culpables de tantas muertes, y a pesar de proclamar un anarquismo colectivista, Bakunin es el mayor referente del anarquismo, y hay en su pensamiento ideas muy útiles para la teoría moderna.
Además de que nos permite situar la disputa entre comunistas y anarquistas en términos de simpleza/complejidad, de autoritarismo frente a autoridad, de idealismo frente a realismo, de organización top-dowm frente a organización bottom-up (por utilizar la nomenclatura anglosajona ahora de moda).
Hay mucho por aprender. Hasta de Bakunin.
(Datos como este, y muchos más, se pueden encontrar en el II Tomo de “Los enemigos del comercio” de don Antonio Escohotado Espinosa, que estará en las librerías a finales de año).

Santayana



Ya nadie se acuerda de Santayana.
¿Quién se acuerda ya de Santayana? ¿quién le lee? ¿quién le estudia? ¿quién le reivindica?

  

Parece que nadie. Ese es el precio de la independencia y el aislamiento. Ya nadie lee al sabio, ya nadie sigue el erudito. Ese es el precio de ser nómada en lugares y pensamiento.
Abulense educado en Harvard, pasó el final de su vida confinado en Roma.
Apenas una calle en un polígono industrial y un instituto de secundaria le recuerdan en Ávila. Abandonó muy pronto la ciudad castellana como para dejar huella en ella. (Ni siquiera en su nombre quedó su patria, como George y no como Jorge ha pasado a la historia de la filosofía).
 Fue uno de los pocos que dejaron Harvard. No le gustó ni la vida universitaria, ni la vida americana, siempre fue un extraño en el Nuevo Mundo. Tampoco allí ya se le recuerda a pesar de lo agudo de sus comentarios sobre el americanismo.
Recluido en un convento en Roma pasó los últimos años de su vida cuidado por las monjas de la pequeña compañía de María.
Como hombre de letras se refugió en las cartas y en ser referente de la cultura de su época. Ya nadie lee esas letras ni recuerda al viejo sabio que recorría la vieja ciudad.
Escribió El último puritanocon gran éxito de ventas, y después de él ya no quedan puritanos. ¿Pero cómo le van a reivindicar los puritanistas si él mismo era homosexual? (“I think I must have been that [gay] way in my Harvard days, though I was unconscious of it at the time.”)
Católico, siempre inquietó su catolicismo en Estados Unidos. ¿Cómo no va a inquietar si era ateo? (“There is no God, and Mary is his mother.” es el ingenioso aforismo con el que se suele resumir su pensamiento).
 Ni los ateos le recuerdan, ya que era católico, ni los católicos le reivindican, ya que era ateo. Quizá las monjas con las que pasó sus últimos años conviviendo…
Filósofo, escribía filosofía en verso. Poeta, hacía de la filosofía versos. Él mismo escribió de “los poetas filósofos”, pero nadie escribe ya ni de su filosofía ni de su poesía.
Siendo realista creía que la realidad tenía en sí las esencias, combinando de un modo singular realismo y platonismo. Singular y tan complejo que aún a día de hoy sigue siendo conflictivo la interpretación de sus textos.
Santayana no fue liberal. De hecho rechazó el liberalismo y suele considerarse como un exponente del conservadurismo del siglo XX. Sin embargo es su crítica al liberalismo tan aguda y tan inteligente, que su texto merece un análisis detenido. Análisis que en mi caso me lleva a reafirmarme en mis principios liberales.
Analicemos su texto “La ironía del liberalismo” de 1921. Un texto donde intenta demostrar que el liberalismo es contradictorio en sus propios términos.
Comienza con:
Los antiguos, que algo sabían de estas cosas, la libertad y la prosperidad eran difícilmente compatibles; sin embargo, el liberalismo moderno querría reunirlas. Los liberales creen que la libre investigación, la libre invención, la libre asociación y el libre comercio producen la prosperidad.
Pero luego se cuestiona si el mero poseer da la felicidad, una cuestión que aún muchos liberales a día de hoy confunden liberalismo con bienestar material, pero como dice Santayana:
Ahora bien, ¿cuál es la dirección del cambio que les parece un progreso a los liberales? Un liberal puro replicaría que la misma dirección de la libertad: el ideal es que cada hombre se mueva en la dirección que le plazca, con ayuda de quienes estén de acuerdo con él y sin interferencias de quienes no lo estén. Concebida de este modo, la libertad sería idéntica a la felicidad, a la vida espontánea, vivida sin culpa y con seguridad, y el impulso del liberalismo dar a cada uno lo que quiera, en la medida en que fuera posible, sería idéntico a la amabilidad
Y es importante que el liberalismo en esencia renuncia a juzgar la felicidad o los fines de los demás, pues una vez que los persiguen hemos de asumir que son los que desean perseguir.
Y esta ironía es la que presenta Santayana, pues los liberales no se quedan en esa mera distancia de juicio que no juzga, sino que pasa a admirar más el progreso decimonónico que ningún otro, no porque haya sido lo que la mayoría de las personas hayan perseguido, sino porque lo consideran bueno en sí mismo. Y entonces, cuando el liberalismo propone unos valores concretos, o un determinado progreso, es cuando se vuelve esnobismo (y bien cierto es que los liberales tienden a ser snobs, en 1921 y en el 2012):
La filosofía liberal, en este punto, deja de ser empírica y británica para convertirse en alemana y trascendental. Ahora opina que la vida moral no es la búsqueda de la libertad y la felicidad de cualquier clase por toda clase de criaturas diferentes; es el desarrollo de un solo espíritu en la vida a través de una serie de fases necesarias, cada una más elevada que la precedente. En consecuencia, nadie podría en realidad o en última instancia desear algo distinto de lo que desean los mejores. Este es el principio del esnobismo más elevado y, de hecho, todos los liberales serios son esnobs superiores.
Pero entonces se esfuerza George en demostrar que sí hay valores morales, y lo que es más, que los hombres eligen distintos caminos, y que la mera apelación a la libertad no es suficiente (“¿no serían los animales, al menos aquellos que no son gregarios, los liberales perfectos?”)
Y Santayana habla del amor, señalando que la libertad total no garantiza el éxito en el amor, que se rige por otras leyes más allá de la propia voluntad, que cuando nos domina puede no llevarnos a la felicidad. Pues el ideal del amor romántico no lleva sino a la insatisfacción en su comparación con la realidad, dice:
¿Y qué ocurre con la libertad en el amor? Si hay una criatura candorosa y alada entre los inmortales, es Eros; cuanto más libre e inocente sea el amor, más revoloteará, mayor será su alcance y más alto se remontará.
Y también habla de la filosofía, pues la política liberal no llena la vida del hombre. Y dice que cuando se presenta a los hombres la posibilidad de alcanzar todo el bienestar material también se les presenta la frustración por no alcanzarlo:
La política no puede proporcionarle la verdadera libertad al alma; esa libertad ha de lograrse, si se puede, mediante la filosofía, pero el liberalismo puede deparar muchas oportunidades para lograrla en la vida externa del hombre
Como se ve Santayana no se consideraba un liberal. Pero su crítica a el liberalismo sigue siendo válida 92 años después, señalando lo mejor del liberalismo, y señalando lo poco que en ciertos aspectos nos hemos corregido nosotros mismos, los liberales.
Que todos los hombres persigan sus propios fines, y que persiguiéndolos asumamos que persiguen su felicidad, no quiere decir que todos los caminos lleven a la felicidad de la misma manera (ni que esta sea única o la misma para todos).
Que el liberalismo produzca bienestar material no quiere decir que ese sea su objetivo, ni que a este fin se pueda sacrificar todo principio.
Que el liberalismo es una teoría política, una doctrina económica, y una visión del mundo, todas estas cosas muy ciertas y muy necesarias, pero no son ni una poesía ni una filosofía, ni una guía para vivir ni una respuesta a la trascendencia, sino la libertad para perseguir cualquier respuesta, es abrir las puertas, ampliar las opciones, pero no una guía para el camino.

El liberalismo es tan solo el principio, no hace el recorrido, tan solo traslada a cada individuo la responsabilidad de elegir qué camino seguir.
¿Quién se acuerda ya de Santayana? ¿quién le lee?

(Según googleo veo que Savater todavía le recuerda, e incluso le dedica un    vídeo explicando su pensamiento.O que se organizó un congreso científicosobre su pensamiento).

Pero, ¿quién recuerda hoy en día a Santayana?

La mirada perdida del Nobel

LA MIRADA PERDIDA DEL NOBEL
Tarde de expectación. No cabía ni un alfiler en el auditorio de la Fundación Rafael del Pino. Todo aquel que quería figurar algo en el mundillo de la economía había conseguido su invitación para asistir a la conferencia del economista/gurú Paul Krugman. (El vídeo aquí)
Y no era para menos. Paul Krugman es uno de los economistas más influyentes en la academia (está entre los 20 economistas más citados en todos los rankings de los últimos 4 años); pero además es el economista vivo más popular del mundo, con una enorme influencia sobre el público y sobre el gobierno de Estados Unidos, debido, sobre todo a su muy leída columna en el New York Times y a su blog (que tiene algún lector más que este, su humilde blog).
Pero ser premiado, ser leído y ser escuchado no quiere decir que lo que digas sea acertado. Ni que sea lógico, ni que tenga sentido común, ni que sea honesto, ni que sea inteligente. Son cosas muy diferentes. Y de hecho cuando tienes tanto público es posible que te debas a ellos y no a tus ideas. Krugman in Wanderlandlo demuestra semanalmente desde hace años, señalando los errores del tan laureado economista.
Al llegar a la sala sorprende lo ladeado que camina el Nobel, mucho más bajo de lo que uno se imaginaba, anda con una cierta retranca. Traje negro, la forma de llevar la corbata, descuidada, delata que no es a su imagen a lo que más tiempo dedica el economista. Ni a la suya ni a la de las diapositivas que utiliza.
De mirada perdida, fija su atención en algún punto en el infinito de la sala, en el punto de fuga de la perspectiva que hay por encima del público, nunca en los que le escuchan ni en sus notas.
Al subir al estrado habla sin papeles, apoyado en unas pocas diapositivas explica amena y discursivamente su visión de la crisis. Básicamente queda claro que “hay un gran agujero” (agujero que no se explica cómo se ha creado) y que hay que llenar, así de gráficas son las metáforas de Krugman.
(No quisiera que esta reseña de la conferencia de por quien siento reconocida antipatía y sobre cuyas ideas tengo argumentadas divergencias quedase como una ridiculización de sus posturas. Pero es que no soy capaz de argumentar sus posiciones sin encontrar errores tan evidentes que hacen que me sea difícil reconocerle honestidad académica al Nobel Krugman.)
Presentó Krugman una sencilla pirámide en la que a la base estaban los problemas estructurales, en el segundo nivel los problemas de déficit y arriba del todo los problemas de los bancos. Y dijo que no se podía intentar solucionar los problemas de los bancos aumentando los problemas de déficit de los estados, por eso celebró la decisión de la cumbre de la UE de la pasada semana de prestar directamente al sector bancario. Pero no dijo que el préstamo lo realizaban otros estados.
Lo que nunca llegó a aclarar es cuándo se solucionarían los problemas estructurales (“en el largo plazo”), ni cuáles eran (“desde luego no la baja productividad”), ni cómo solucionarlos. Me parece a mí que hablar de la base de la pirámide, de la base de los problemas es algo importante.
Dijo que el diferencial de productividad entre Alemania y España hay que solucionarlo… ¡Incrementando los salarios en Alemania¡ Supongo que todos somos muy partidarios de no reducir los salarios en España, y supongo que los alemanes son muy partidarios de aumentar allí los salarios, el problema es que esta afirmación presenta graves carencias.
Parte Krugman del supuesto de que los salarios son rígidos a la baja (lo dijo explícitamente). Asunción que puede ser cierta en cierta manera, pero que requiere muchas matizaciones.
En primer lugar en España los salarios ya se están ajustando a la baja. Si bien no tanto con reducciones de salarios directas (que también están ocurriendo), sí con reducción de complementos salariales (horas extra, incentivos, etc…) lo que es una reducción de salarios cierta.
En segundo lugar porque lo que se reduce es la masa salarial, y eso la pésima legislación laboral de España hace que se reduzca a base de paro. Cuanta menos gente trabaja menos salarios se pagan (obvio). Reducir la masa salarial es otra forma de reducir salarios e indirectamente aumentar la competitividad.
En tercer lugar porque el ajuste se produce a través de la inflación. Algo que no puede pasar desapercibido a Paul Krugman, el apologeta de la inflación.
Pero además es que Krugman nunca aclaró porqué España debía ajustar su productividad con Alemania y no con el resto de la zona Euro, o, algo con aún más sentido en una economía globalizada, con el resto del mundo. Al final el problema de productividad y por ello de competitividad parece una cosa entre Alemania y España.
Tras la breve conferencia de Krugman vino el momento fuerte de la tarde, que fue la réplica de don Pedro Schwartz Girón. Don Pedro es un señor mayor que ya de vuelta de casi todo no le importa epatar o caer bien, que lo que diga sea lo correcto o lo que se suele decir, pues ya tiene edad de decir lo que le apetece. Y lo dice. Vaya si lo dice. (Aquí el texto).
Y ante Krugman dijo que ganar un premio Nobel en una de las disciplinas de la economía no autoriza a hablar de todas las disciplinas de la economía con la autoridad que otorga el galardón del banco central sueco.
Algo que parece que dolió a Paul, pero que no puede negar que sea cierto. Y es que ante una de las preguntas del público Krugman dijo que el proteccionismo no estaba entre sus primeras 25 preocupaciones en estos momentos, ¡Y el gano el premio Nobel por sus estudios del comercio internacional¡ Parece evidente que hace años que ha abandonado su disciplina para internarse en otras, muchas, (al menos otras 24).
Don Pedro hizo una exposición brillante de las miserias del keynesianismo, y la hizo sin ahorrar ataques a los economistas keynesianos (cuya figura más destacada a nivel mundial es Krugman) que nos han traído hasta esta crisis por efecto de deuda y apoyando programas públicos de gasto; acusándoles de ser miopes pues tan solo son capaces de ver el crecimiento en el corto plazo y nunca sentar las bases de un desarrollo sustentado (de hecho Krugman nunca llegó a hablar de los problemas estructurales de la economía).
Aunque el público había acudido a oír a Paul Krugman, y por ello no parecía muy predispuesto en principio a oír las críticas a éste, don Pedro se llevó un sonoro y significativo aplauso.
 Según me cuentan hasta a Krugman le sorprendió el formato, ya que él creía que sería una conferencia al uso y cuando quedaba poco para la misma le advirtieron de que sería un debate.
(Dice Don Pedro que Krugman se enfadó y se negó a darle la mano tras el debate… ¡A él que tanto le habían elogiado por aceptarlo¡)
Digo que don Pedro Schwartz Girón hizo una exposición brillante, pero no se lo debió parecer a Paul Krugman, que nada más terminar la alocución quiso intervenir haciendo una alusión personal a Pedro acusándole de haber hecho acusaciones personales en su intervención, algo que sentó como rayos a don Pedro, lo que llevó a un rifi-rafe mal encarado entre ambos bastante poco ejemplificador.
Básicamente la divergencia entre ambos ellos la centraron en que uno miraba el lado de la demanda y el otro el lado de la oferta. Mantuvieron el debate en esos términos, aunque puede que fuese que unos y otros miraban la realidad de manera diversa. O que uno miraba la realidad y otro no tanto.

Para rebatir los argumentos anti-keynesianos de Schwartz Girón Paul Krugman presentó tres datos que utilizó como evidencias (muy resumidos):
     Que los tipos de interés no habían mostrado síntomas de aumento en los últimos años. Y que aunque ha aumentado el gasto público no se ha producido el efecto de crowding-out de la financiación.  

     Que no hay inflación.
– Que el mayor gasto público ha llevado a una expansión de la economía.


Y la verdad es que la respuesta es muy decepcionantes. En primer lugar porque ninguna de las tres responde a las críticas fundamentadas de Schwartz; y con tres datos (que nada demuestran) intentó dejar en evidencia que Pedro tiene un sesgo ideológico (del que él por supuesto dice carecer), sesgo que pretende desmontar con datos. No fue tanto una defensa argumentada como un intento de ataque por bombardeo de datos.
El problema es que esos datos no son evidencias.
Los tipos de interés los controlan los bancos centrales, luego no sé cómo sus niveles pueden servir de argumento sobre si una política gubernamental o monetaria es exitosa o no, cuando los tipos de interés SON una política monetaria ellos mismos. La principal política monetaria de hecho.
Es cierto que muchos economistas liberales llevan diciendo mucho tiempo que la expansión de la masa monetaria practicada por la FED y en menor medida por el BCE provocaría inflación. Pero que los niveles de inflación ahora mismo no estén disparados no quiere decir ni que no haya inflación, ni que no lo habrá, ni que las políticas monetarias de intervención masiva no vayan a tener consecuencias en las economías.
Don Pedro, reconocido monetarista él, dijo en su réplica que no era fácil elevar la tasa monetaria. Creo que no fue esa la mejor respuesta de Schwartz. Es lo que tiene ser monetarista.
Con respecto a si el aumento de los programas públicos han producido reducción de la financiación privada, pues es una argumentación endiablada, pues tienes que argumentar un contra-factual: ¿cuál hubiese sido la financiación de las empresas de no mediar tales programas? Pero es que además esa financiación nada demuestra, pues no dice que esos programas sean útiles o hayan servido para desarrollar la economía del país.
A continuación Pedro y Paul se enzarzaron en un debate sobre si los programas gubernamentales eran reversibles o no. Por un lado Schwartz nombró la evidencia de que el tamaño del Estado ha aumentado invariablemente en los últimos 60 años. Y esto tiene fácil explicación gracias al Public Chice. Krugman respondió  a esto nombrando algunos programas de la administración Obama que habían sido abandonados. ¿Otro caso de deshonestidad intelectual? Ignoró la evidencia histórica, ignoró la evidencia teórica, y se centró en una anécdota (unos programas concretos) que nada aportan.
Sostuvo Krugman que el gasto público ha producido un incremento del PIB y por ello una expansión de la economía y no una recesión. Y este argumento es una tautología. Todo aumento del gasto público cuenta como aumento del PIB pues ES uno de los componentes del PIB, ¿Cómo no iba a incrementar el PIB el gasto público si es uno de sus componentes? La cuestión es si este gasto ha creado riqueza o no.



El tercer invitado al duelo más bien ejerció de padrino y acompañante de Krugman fue Manuel Conthe, quien llegó a pedir un segundo Nobel para Krugman para reconocerle sus aportaciones desde 2008 sobre el diagnóstico de la crisis (sic).
Manuel Conthe, ex-secretario de Estado de economía, ex-vicepresidente del Banco Mundial, ex-presidente de la CNMV y actualmente presidente del consejo asesor de Expansión y Actualidad Económica (medios tenidos por liberales), me decepcionó mucho en su intervención, tanto por lo elogioso que fue para con Krugman sin señalar los defectos, como por lo poco argumentado de sus posicionamientos.
Dijo, entre sus elogios, que en el capítulo 10 del libro, el concerniente al Euro, había que leerlo de manera distinta, pues la lógica que aplicaba al resto del libro, centrado en EEUU, no aplicaba a Europa. Haciendo gala de un polilogismo escandaloso.
Pero es que llegó a decir Conthe que: “Ahorrar es un vício y no una virtud” algo que los economistas conservadores que no ven la economía como “un sistema cerrado” no llegan a percibir. !Tómate esa¡
Manuel Conthe tuvo mucho interés en señalar que las teorías neo-keynesianas que Krugman propugnaba eran compatibles con una teoría financiera de control del gasto y equilibrio presupuestario en épocas de bonanza, de auge del ciclo económico. Krugman se mostró muy de acuerdo… en teoría. Y dijo que él mismo había abogado por control de las finanzas haciendo políticas contra-cíclicas. Pero no nombró ni un solo caso de gasto gubernamental que podría reducirse, o de gobierno mundial que debería reducir sus gastos o ser más cuidadoso con sus finanzas (lo negó explícitamente en Francia, Alemania y EEUU).
Nunca deja de sorprenderme como ciertos economistas hablan de los ciclos económicos como algo completamente exógeno a la economía. Algo que “simplemente sucede”.
El momento álgido de la tarde llegó con el turno de preguntas. Básicamente hubo dos tipos de preguntadores, aquellos que se notaba que tenían una gran admiración por Krugman y aquellos que se notaba que tenían una gran antipatía por Krugman.
Entre las segundas se encontraba Livia, quien le preguntó si no le parecía que abogar por más inflación era injusto pues la inflación suponía un robo para los ciudadanos.
Y la respuesta que dio Krugman aún me tiene alucinando.
Dijo que no había ninguna garantía en el dinero de que conservaría su poder adquisitivo. Que a quien tuviese un billete de 10 euros nadie le garantizaba cuánto valían esos 10 euros, que eso “no estaba en el contrato”. ¡Pero eso es contravenir la misma definición de dinero que dice que tiene que cumplir sus funciones de mantenimiento del valor y unidad de cuenta¡
Luego dijo que no veía nada malo en que aquellos que tengan un bono pierdan parte de su dinero si a cambio menos gente estaba en el paro, porque es más inmoral que un 25% de la población no tuviese trabajo a quitar un poco a quienes tenían bonos (en qué momentos pasó a hablar de bonos y no de dinero a mí también se me escapó).
La acusación (como muy bien señalo don Pedro Schwartz) no puede ser más falaz, pues desde luego que Livia no argumentaba a favor de que hubiese más desempleo. Como siempre hace Krugman se auto-adjudicó la primacía moral de la argumentación diciendo que él defendía a los parados y Livia a los ricos a los que se les quitaba “solo” un 3% de sus ahorros. ¡Pero Livia defendía a los que usaban el dinero (todos) y a los parados más que él¡.
 Pero es que además estableció un trade-off entre desempleo e inflación utilizando la forma más burda de la curva de Phillips. Algo que desde las estanflaciones de los 70 está sobradamente superado por la academia. Esto no puede no saberlo un Nobel de economía neo-keynesiano. Es grave que utilice una argumentación tan superada y tan burda. Creo que es muy deshonesto intelectualmente hacerlo.
A la pregunta de José Carlos Díaz sobre las exportaciones españolas respondió diciendo que era un tema muy complejo, que lo había estudiado mucho, pero que no podía dar una respuesta en cinco minutos. Vamos, que no respondió.
Yo me ofrezco a darle una explicación mucho más sencilla a Krugman. Puesto que él solo estudia los agregados, en ellos se suman muchos datos y se pierde mucha información, y el sector exportador de una economía como la española es heterogéneo. Por ello es posible que ciertos sectores sí que mejoren mucho las exportaciones, y otros vayan muy mal por la competitividad. No es un consejo de genio, tan solo es que mire los componentes de los agregados con los que trabaja.
En definitiva, en el relato que nos cuenta Krugman sobre la crisis hay buenos y hay malos.
Se generó un agujero (no nos explicó porqué), y hay que llenarlo. Un grupo de economistas con agenda ideológica perversa no quiere solucionarlo, y prácticamente sólo él es el único economista del mundo que quiere ayudar a los demás y arreglarlo todo. (“¿Deberían confiar en los economistas? Simplemente confíen en mí” llegó a decir).
Krugman presentó la alternativa argentina de corralito y colapso como una alternativa posible para España, y dijo que para evitarla había que seguir sus consejos. Esto es, según Krugman solo parece haber dos opciones, o hacerle caso con mayor intervención monetaria y fiscal o el hundimiento económico. O me hacéis caso u os arruináis, no hay otra. Muy científico e humilde el premio Nobel.
Frente a él estaba entre el público, en un lugar nada destacado y por casi nadie reconocido Don Víctor Pérez Díaz, uno de los mejores sabios que aún piensan en España, humilde, sincero, interesado, con mirada honesta. Podría ser un espejo inverso de lo que Krugman era.
Paul Krugman habla con seguridad, no duda ante ninguna pregunta y para todo tiene respuesta rápida, o no tiene respuesta pero responde rápidamente, que no es lo mismo. Habla asertativamente, de vez en cuando introduce algún chiste pero no se puede decir que sea gracioso o que tenga interés en caer bien a el público, sino que siempre da la sensación de que quiere convencerle, no explicarle ni contarle. O más bien convencerle de que los demás no tienen razón. No en balde el título de su libro es un imperativo con exclamación: “!Acabad ya con esta crisis¡”
De mirada perdida, nunca mira a las personas que le hablan o a quienes habla.
Nunca miró a Pedro Schwartz Girón mientras le replicaba (yo creo que aunque estuvieron a menos de un metro durante dos horas no le podría reconocer en la calle), nunca miró a quienes respondía, nunca miró a quienes pretendía convencer (el auditorio), o a quienes pretendía defender según sus propias palabras (los parados en España).
Paul Krugman no vio España. Esa España a la que vino a aconsejar cómo salir de la crisis.
Y no la vio pues siempre tuvo la mirada perdida.


Actualización: Tras ver el vídeo hay algunas partes de mis notas que he corregido, pero no lo esencial de este artículo.

La muchacha.

    Apenas tenía 18 añitos cuando entró a trabajar en la casa de los señores. Por aquel entonces el señor todavía vivía, no eran tan mayores (aunque a ella ya se lo parecían) y quedaban tres de los cinco hijos viviendo en la casa.
    Ella era una chica inteligente pero no estudiosa, y ante la falta que hacía en casa algún ingreso más, se puso a trabajar en cuanto terminó el bachillerato. Podría haber ido a la universidad, pero ni había dinero para ello ni ella tenía voluntad.
    Al principio todo fue aprendizaje y dificultades. No sabía cocinar y preguntaba a su madre todas las tardes cómo preparar lo que la señora le había dicho que comerían mañana. Muchos platos hubo que tirarlos, claro. También tuvo que aprender a limpiar la plata y las costumbres de la casa. 
   Así es como empezó a trabajar la muchacha. De esto hace ya 31 años. Ya no es ninguna muchacha Mariana. Se casó, tuvo dos hijos, y una vida pasó entre su casa y esa otra casa donde trabajaba.
   ¿Contrato? Ni lo preguntó cuando entró, ni lo han echado en falta en más de tres décadas.
   Nunca han tenido ni un solo problema por el salario o por las vacaciones o por los horarios. Ella entendía cuánto podía pagarle la señora. La señora procuraba pagarle todo cuanto podía, pues sabía la importancia de tener a Mariana en la casa.
   Pasaron los años (!31 años¡), el señor murió, los hijos se fueron de la casa, la señora se hizo mayor, y fueron pasando una vida juntas. Mariana pasó a ser parte de la familia, una parte importante.
   Y con los años empezaron las dificultades. La una cada vez faltaba más al trabajo pues tenía que atender a su familia, sus propios padres estaban enfermos. La otra cada vez se volvía más maniática y se hacía más difícil la convivencia con ella, la edad, ya se sabe. Pero ellas se entendían, ya era toda una vida juntas. Nunca, en estos 31 años, tuvieron un solo problema por el contrato, el salario, o las condiciones de trabajo.
  …Hasta que llegó un presidente del gobierno “salvador” y “bienintencionado”, que quiso acabar con esta situación de “explotación”. Y decretó que debían darse de alta en la Seguridad Social todas las empleadas del hogar.
Y ahí empezaron los problemas. Hasta el momento la señora pagaba a Mariana 60 maravedís al mes, y ambas estaban contentas con este acuerdo. Pero a partir de ahora había un tercero al que había que pagar todos los meses: la seguridad social; que exigiendo un 22% del salario de Mariana (aunque no fuese a trabajar) suponía que o Mariana cobraba ahora 13 maravedís menos, o la señora tenía que pagar 13 maravedís más. Y 13 maravedís al mes más son muchos maravedíes para quien está jubilada y vive de su pensión ya apurada. 13 maravedís menos al menos son muchos menos para quien tiene que mantener a sus dos padres y a sus dos hijos adolescentes y cuyo marido está de baja. ¿Quién paga ahora esos 13 maravedís?
Los paga la señora, como dice la ley, pero el resultado es que una piensa que paga mucho por el trabajo de Mariana, y sabe que no podrá subirla el sueldo en mucho tiempo. Mariana cree que le paga poco por todo lo que trabaja. Y ambas tienen razón, pues entre ellas media un 22% del sueldo que se lleva la administración.
    Y cuando se pusieron a elaborar un contrato volvieron a surgir los problemas, ¿cuántos días de vacaciones tenía Mariana? Normalmente la señora se iba todo agosto de veraneo y ella descansaba. Pero algunos días Mariana iba a ayudarla, y estos días se le compensaban con una semana en julio o según la conviniera. Era un acuerdo oral el que por más de 30 años el que les venía funcionando; cuando ahora lo tenían que explicitar no se aclaran, si lo dicen por meses, por semanas, o por días. ¿Hacía falta? Ellas hasta ahora se entendían. Ahora surgen los recelos y las rencillas. Tras 31 años de convivencia pacífica.
En esta historia hay un villano muy, muy malo (el gobierno), dos damas apuradas, ya nos faltaba el héroe. Hace ahora su aparición en bello corcel, con sombrero blanco y porte destacado. 
Él es quien se ofrece a ayudar a las damas en la tramitación de los documentos. Pues no contentos con llevarse su 22% los del gobierno además exigen formularios y cumplimientos, haciendo que pagarles sea todo un logro y días de trámites en largas colas y enfrentarse a funcionarios.
Va nuestro héroe, resolutivo y decidido, a un primer edificio, y tras aguantar una larga cola junta a otros héroes y algún villano le informa el esbirro del soberano que no, que ese edificio es el de la Seguridad Social, sí, pero del Instituto Nacional de la Seguridad Social, que las altas de las damas se tramitaban en el edificio de la Tesorería General de la Seguridad Social, que aunque sonaba casi igual era algo completamente distinto. Primer desbarre administrativo.
Recoge aparejos nuestro héroe, enfunda lanza, monta corcel; cabalga hacia el castillo donde le han dicho que habitan los que quieren desfacer la tranquilidad del hogar de las damas, de la señora y Mariana.
   Y al divisar en lontananza el edificio, que en una esquina de la ciudad abandonado estaba, observa una larguísima fila de campesinos que justicia reclaman. Una fila larga, larga, larga. Larga como los sermones de domingo en fiesta de guardar, larga como los formularios que debería rellenar.
       Y nuestro héroe se arma de paciencia, y bajo un sol de justicia espera. Espera una mañana, una tarde, toda una jornada espera. Y mientras espera departe con quienes le acompañan en la cola de indignación y paciencia. Empleadas del hogar a las que las obligan a regularizar y no quieren. Empleadores del hogar que no pueden perder toda una jornada laboral. ¿Y para qué se hace esto? El pueblo lo tiene claro: para recaudar.
     Y en la cola que se forma surge el humor, surgen las bromas. Pagaremos, nos tendrán todo el día en una cola humillante, no solucionaremos ninguno de nuestros problemas, pero cuanto menos, ¡nos reiremos¡ Es el humor el único remedio que nos queda.
¿Cuáles son las enseñanzas económicas de esta historieta? ¿cuáles las moralejas?
     >Que si en una relación entre dos personas (y más en una tan íntima como es la que se establece entre empleada del hogar y empleadora); interviene el Estado, la relación se distorsiona y empeora.
    >Que si se cobra un 22% de impuestos, la posibilidad de llegar a un acuerdo disminuye mucho.
    >Que todas las medidas llenas de buenas intenciones tienen siempre efectos no deseados, y que cuando se intenta ayudar a alguien sin contar con ellos (en este caso las empleadas del hogar), normalmente se les perjudica.
    >Que la gente está muy harta, de pagar impuestos, de hacer colas, de ser expoliada por el Estado; y que aunque todavía no hagan nada, cuanto menos ya se ríen de los gobernantes; el respeto ya se ha perdido.