La mirada perdida del Nobel

LA MIRADA PERDIDA DEL NOBEL
Tarde de expectación. No cabía ni un alfiler en el auditorio de la Fundación Rafael del Pino. Todo aquel que quería figurar algo en el mundillo de la economía había conseguido su invitación para asistir a la conferencia del economista/gurú Paul Krugman. (El vídeo aquí)
Y no era para menos. Paul Krugman es uno de los economistas más influyentes en la academia (está entre los 20 economistas más citados en todos los rankings de los últimos 4 años); pero además es el economista vivo más popular del mundo, con una enorme influencia sobre el público y sobre el gobierno de Estados Unidos, debido, sobre todo a su muy leída columna en el New York Times y a su blog (que tiene algún lector más que este, su humilde blog).
Pero ser premiado, ser leído y ser escuchado no quiere decir que lo que digas sea acertado. Ni que sea lógico, ni que tenga sentido común, ni que sea honesto, ni que sea inteligente. Son cosas muy diferentes. Y de hecho cuando tienes tanto público es posible que te debas a ellos y no a tus ideas. Krugman in Wanderlandlo demuestra semanalmente desde hace años, señalando los errores del tan laureado economista.
Al llegar a la sala sorprende lo ladeado que camina el Nobel, mucho más bajo de lo que uno se imaginaba, anda con una cierta retranca. Traje negro, la forma de llevar la corbata, descuidada, delata que no es a su imagen a lo que más tiempo dedica el economista. Ni a la suya ni a la de las diapositivas que utiliza.
De mirada perdida, fija su atención en algún punto en el infinito de la sala, en el punto de fuga de la perspectiva que hay por encima del público, nunca en los que le escuchan ni en sus notas.
Al subir al estrado habla sin papeles, apoyado en unas pocas diapositivas explica amena y discursivamente su visión de la crisis. Básicamente queda claro que “hay un gran agujero” (agujero que no se explica cómo se ha creado) y que hay que llenar, así de gráficas son las metáforas de Krugman.
(No quisiera que esta reseña de la conferencia de por quien siento reconocida antipatía y sobre cuyas ideas tengo argumentadas divergencias quedase como una ridiculización de sus posturas. Pero es que no soy capaz de argumentar sus posiciones sin encontrar errores tan evidentes que hacen que me sea difícil reconocerle honestidad académica al Nobel Krugman.)
Presentó Krugman una sencilla pirámide en la que a la base estaban los problemas estructurales, en el segundo nivel los problemas de déficit y arriba del todo los problemas de los bancos. Y dijo que no se podía intentar solucionar los problemas de los bancos aumentando los problemas de déficit de los estados, por eso celebró la decisión de la cumbre de la UE de la pasada semana de prestar directamente al sector bancario. Pero no dijo que el préstamo lo realizaban otros estados.
Lo que nunca llegó a aclarar es cuándo se solucionarían los problemas estructurales (“en el largo plazo”), ni cuáles eran (“desde luego no la baja productividad”), ni cómo solucionarlos. Me parece a mí que hablar de la base de la pirámide, de la base de los problemas es algo importante.
Dijo que el diferencial de productividad entre Alemania y España hay que solucionarlo… ¡Incrementando los salarios en Alemania¡ Supongo que todos somos muy partidarios de no reducir los salarios en España, y supongo que los alemanes son muy partidarios de aumentar allí los salarios, el problema es que esta afirmación presenta graves carencias.
Parte Krugman del supuesto de que los salarios son rígidos a la baja (lo dijo explícitamente). Asunción que puede ser cierta en cierta manera, pero que requiere muchas matizaciones.
En primer lugar en España los salarios ya se están ajustando a la baja. Si bien no tanto con reducciones de salarios directas (que también están ocurriendo), sí con reducción de complementos salariales (horas extra, incentivos, etc…) lo que es una reducción de salarios cierta.
En segundo lugar porque lo que se reduce es la masa salarial, y eso la pésima legislación laboral de España hace que se reduzca a base de paro. Cuanta menos gente trabaja menos salarios se pagan (obvio). Reducir la masa salarial es otra forma de reducir salarios e indirectamente aumentar la competitividad.
En tercer lugar porque el ajuste se produce a través de la inflación. Algo que no puede pasar desapercibido a Paul Krugman, el apologeta de la inflación.
Pero además es que Krugman nunca aclaró porqué España debía ajustar su productividad con Alemania y no con el resto de la zona Euro, o, algo con aún más sentido en una economía globalizada, con el resto del mundo. Al final el problema de productividad y por ello de competitividad parece una cosa entre Alemania y España.
Tras la breve conferencia de Krugman vino el momento fuerte de la tarde, que fue la réplica de don Pedro Schwartz Girón. Don Pedro es un señor mayor que ya de vuelta de casi todo no le importa epatar o caer bien, que lo que diga sea lo correcto o lo que se suele decir, pues ya tiene edad de decir lo que le apetece. Y lo dice. Vaya si lo dice. (Aquí el texto).
Y ante Krugman dijo que ganar un premio Nobel en una de las disciplinas de la economía no autoriza a hablar de todas las disciplinas de la economía con la autoridad que otorga el galardón del banco central sueco.
Algo que parece que dolió a Paul, pero que no puede negar que sea cierto. Y es que ante una de las preguntas del público Krugman dijo que el proteccionismo no estaba entre sus primeras 25 preocupaciones en estos momentos, ¡Y el gano el premio Nobel por sus estudios del comercio internacional¡ Parece evidente que hace años que ha abandonado su disciplina para internarse en otras, muchas, (al menos otras 24).
Don Pedro hizo una exposición brillante de las miserias del keynesianismo, y la hizo sin ahorrar ataques a los economistas keynesianos (cuya figura más destacada a nivel mundial es Krugman) que nos han traído hasta esta crisis por efecto de deuda y apoyando programas públicos de gasto; acusándoles de ser miopes pues tan solo son capaces de ver el crecimiento en el corto plazo y nunca sentar las bases de un desarrollo sustentado (de hecho Krugman nunca llegó a hablar de los problemas estructurales de la economía).
Aunque el público había acudido a oír a Paul Krugman, y por ello no parecía muy predispuesto en principio a oír las críticas a éste, don Pedro se llevó un sonoro y significativo aplauso.
 Según me cuentan hasta a Krugman le sorprendió el formato, ya que él creía que sería una conferencia al uso y cuando quedaba poco para la misma le advirtieron de que sería un debate.
(Dice Don Pedro que Krugman se enfadó y se negó a darle la mano tras el debate… ¡A él que tanto le habían elogiado por aceptarlo¡)
Digo que don Pedro Schwartz Girón hizo una exposición brillante, pero no se lo debió parecer a Paul Krugman, que nada más terminar la alocución quiso intervenir haciendo una alusión personal a Pedro acusándole de haber hecho acusaciones personales en su intervención, algo que sentó como rayos a don Pedro, lo que llevó a un rifi-rafe mal encarado entre ambos bastante poco ejemplificador.
Básicamente la divergencia entre ambos ellos la centraron en que uno miraba el lado de la demanda y el otro el lado de la oferta. Mantuvieron el debate en esos términos, aunque puede que fuese que unos y otros miraban la realidad de manera diversa. O que uno miraba la realidad y otro no tanto.

Para rebatir los argumentos anti-keynesianos de Schwartz Girón Paul Krugman presentó tres datos que utilizó como evidencias (muy resumidos):
     Que los tipos de interés no habían mostrado síntomas de aumento en los últimos años. Y que aunque ha aumentado el gasto público no se ha producido el efecto de crowding-out de la financiación.  

     Que no hay inflación.
– Que el mayor gasto público ha llevado a una expansión de la economía.


Y la verdad es que la respuesta es muy decepcionantes. En primer lugar porque ninguna de las tres responde a las críticas fundamentadas de Schwartz; y con tres datos (que nada demuestran) intentó dejar en evidencia que Pedro tiene un sesgo ideológico (del que él por supuesto dice carecer), sesgo que pretende desmontar con datos. No fue tanto una defensa argumentada como un intento de ataque por bombardeo de datos.
El problema es que esos datos no son evidencias.
Los tipos de interés los controlan los bancos centrales, luego no sé cómo sus niveles pueden servir de argumento sobre si una política gubernamental o monetaria es exitosa o no, cuando los tipos de interés SON una política monetaria ellos mismos. La principal política monetaria de hecho.
Es cierto que muchos economistas liberales llevan diciendo mucho tiempo que la expansión de la masa monetaria practicada por la FED y en menor medida por el BCE provocaría inflación. Pero que los niveles de inflación ahora mismo no estén disparados no quiere decir ni que no haya inflación, ni que no lo habrá, ni que las políticas monetarias de intervención masiva no vayan a tener consecuencias en las economías.
Don Pedro, reconocido monetarista él, dijo en su réplica que no era fácil elevar la tasa monetaria. Creo que no fue esa la mejor respuesta de Schwartz. Es lo que tiene ser monetarista.
Con respecto a si el aumento de los programas públicos han producido reducción de la financiación privada, pues es una argumentación endiablada, pues tienes que argumentar un contra-factual: ¿cuál hubiese sido la financiación de las empresas de no mediar tales programas? Pero es que además esa financiación nada demuestra, pues no dice que esos programas sean útiles o hayan servido para desarrollar la economía del país.
A continuación Pedro y Paul se enzarzaron en un debate sobre si los programas gubernamentales eran reversibles o no. Por un lado Schwartz nombró la evidencia de que el tamaño del Estado ha aumentado invariablemente en los últimos 60 años. Y esto tiene fácil explicación gracias al Public Chice. Krugman respondió  a esto nombrando algunos programas de la administración Obama que habían sido abandonados. ¿Otro caso de deshonestidad intelectual? Ignoró la evidencia histórica, ignoró la evidencia teórica, y se centró en una anécdota (unos programas concretos) que nada aportan.
Sostuvo Krugman que el gasto público ha producido un incremento del PIB y por ello una expansión de la economía y no una recesión. Y este argumento es una tautología. Todo aumento del gasto público cuenta como aumento del PIB pues ES uno de los componentes del PIB, ¿Cómo no iba a incrementar el PIB el gasto público si es uno de sus componentes? La cuestión es si este gasto ha creado riqueza o no.



El tercer invitado al duelo más bien ejerció de padrino y acompañante de Krugman fue Manuel Conthe, quien llegó a pedir un segundo Nobel para Krugman para reconocerle sus aportaciones desde 2008 sobre el diagnóstico de la crisis (sic).
Manuel Conthe, ex-secretario de Estado de economía, ex-vicepresidente del Banco Mundial, ex-presidente de la CNMV y actualmente presidente del consejo asesor de Expansión y Actualidad Económica (medios tenidos por liberales), me decepcionó mucho en su intervención, tanto por lo elogioso que fue para con Krugman sin señalar los defectos, como por lo poco argumentado de sus posicionamientos.
Dijo, entre sus elogios, que en el capítulo 10 del libro, el concerniente al Euro, había que leerlo de manera distinta, pues la lógica que aplicaba al resto del libro, centrado en EEUU, no aplicaba a Europa. Haciendo gala de un polilogismo escandaloso.
Pero es que llegó a decir Conthe que: “Ahorrar es un vício y no una virtud” algo que los economistas conservadores que no ven la economía como “un sistema cerrado” no llegan a percibir. !Tómate esa¡
Manuel Conthe tuvo mucho interés en señalar que las teorías neo-keynesianas que Krugman propugnaba eran compatibles con una teoría financiera de control del gasto y equilibrio presupuestario en épocas de bonanza, de auge del ciclo económico. Krugman se mostró muy de acuerdo… en teoría. Y dijo que él mismo había abogado por control de las finanzas haciendo políticas contra-cíclicas. Pero no nombró ni un solo caso de gasto gubernamental que podría reducirse, o de gobierno mundial que debería reducir sus gastos o ser más cuidadoso con sus finanzas (lo negó explícitamente en Francia, Alemania y EEUU).
Nunca deja de sorprenderme como ciertos economistas hablan de los ciclos económicos como algo completamente exógeno a la economía. Algo que “simplemente sucede”.
El momento álgido de la tarde llegó con el turno de preguntas. Básicamente hubo dos tipos de preguntadores, aquellos que se notaba que tenían una gran admiración por Krugman y aquellos que se notaba que tenían una gran antipatía por Krugman.
Entre las segundas se encontraba Livia, quien le preguntó si no le parecía que abogar por más inflación era injusto pues la inflación suponía un robo para los ciudadanos.
Y la respuesta que dio Krugman aún me tiene alucinando.
Dijo que no había ninguna garantía en el dinero de que conservaría su poder adquisitivo. Que a quien tuviese un billete de 10 euros nadie le garantizaba cuánto valían esos 10 euros, que eso “no estaba en el contrato”. ¡Pero eso es contravenir la misma definición de dinero que dice que tiene que cumplir sus funciones de mantenimiento del valor y unidad de cuenta¡
Luego dijo que no veía nada malo en que aquellos que tengan un bono pierdan parte de su dinero si a cambio menos gente estaba en el paro, porque es más inmoral que un 25% de la población no tuviese trabajo a quitar un poco a quienes tenían bonos (en qué momentos pasó a hablar de bonos y no de dinero a mí también se me escapó).
La acusación (como muy bien señalo don Pedro Schwartz) no puede ser más falaz, pues desde luego que Livia no argumentaba a favor de que hubiese más desempleo. Como siempre hace Krugman se auto-adjudicó la primacía moral de la argumentación diciendo que él defendía a los parados y Livia a los ricos a los que se les quitaba “solo” un 3% de sus ahorros. ¡Pero Livia defendía a los que usaban el dinero (todos) y a los parados más que él¡.
 Pero es que además estableció un trade-off entre desempleo e inflación utilizando la forma más burda de la curva de Phillips. Algo que desde las estanflaciones de los 70 está sobradamente superado por la academia. Esto no puede no saberlo un Nobel de economía neo-keynesiano. Es grave que utilice una argumentación tan superada y tan burda. Creo que es muy deshonesto intelectualmente hacerlo.
A la pregunta de José Carlos Díaz sobre las exportaciones españolas respondió diciendo que era un tema muy complejo, que lo había estudiado mucho, pero que no podía dar una respuesta en cinco minutos. Vamos, que no respondió.
Yo me ofrezco a darle una explicación mucho más sencilla a Krugman. Puesto que él solo estudia los agregados, en ellos se suman muchos datos y se pierde mucha información, y el sector exportador de una economía como la española es heterogéneo. Por ello es posible que ciertos sectores sí que mejoren mucho las exportaciones, y otros vayan muy mal por la competitividad. No es un consejo de genio, tan solo es que mire los componentes de los agregados con los que trabaja.
En definitiva, en el relato que nos cuenta Krugman sobre la crisis hay buenos y hay malos.
Se generó un agujero (no nos explicó porqué), y hay que llenarlo. Un grupo de economistas con agenda ideológica perversa no quiere solucionarlo, y prácticamente sólo él es el único economista del mundo que quiere ayudar a los demás y arreglarlo todo. (“¿Deberían confiar en los economistas? Simplemente confíen en mí” llegó a decir).
Krugman presentó la alternativa argentina de corralito y colapso como una alternativa posible para España, y dijo que para evitarla había que seguir sus consejos. Esto es, según Krugman solo parece haber dos opciones, o hacerle caso con mayor intervención monetaria y fiscal o el hundimiento económico. O me hacéis caso u os arruináis, no hay otra. Muy científico e humilde el premio Nobel.
Frente a él estaba entre el público, en un lugar nada destacado y por casi nadie reconocido Don Víctor Pérez Díaz, uno de los mejores sabios que aún piensan en España, humilde, sincero, interesado, con mirada honesta. Podría ser un espejo inverso de lo que Krugman era.
Paul Krugman habla con seguridad, no duda ante ninguna pregunta y para todo tiene respuesta rápida, o no tiene respuesta pero responde rápidamente, que no es lo mismo. Habla asertativamente, de vez en cuando introduce algún chiste pero no se puede decir que sea gracioso o que tenga interés en caer bien a el público, sino que siempre da la sensación de que quiere convencerle, no explicarle ni contarle. O más bien convencerle de que los demás no tienen razón. No en balde el título de su libro es un imperativo con exclamación: “!Acabad ya con esta crisis¡”
De mirada perdida, nunca mira a las personas que le hablan o a quienes habla.
Nunca miró a Pedro Schwartz Girón mientras le replicaba (yo creo que aunque estuvieron a menos de un metro durante dos horas no le podría reconocer en la calle), nunca miró a quienes respondía, nunca miró a quienes pretendía convencer (el auditorio), o a quienes pretendía defender según sus propias palabras (los parados en España).
Paul Krugman no vio España. Esa España a la que vino a aconsejar cómo salir de la crisis.
Y no la vio pues siempre tuvo la mirada perdida.


Actualización: Tras ver el vídeo hay algunas partes de mis notas que he corregido, pero no lo esencial de este artículo.
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