Pero… después de todo… ¿son los datos fiables? ¿sobre qué debatimos?

       Pero… después de todo… ¿son los datos fiables? ¿sobre qué debatimos?
Pero para mí lo más interesante de todo es cómo no hay crítica alguna a los datos de entrada, los datos con los que se elaboran todas estas estadísticas, los datos sobre los que se basa todo el debate.
Tuve la ocasión de escuchar a Kenneth Rogoff cuando vino a Madrid a dar una conferencia en la Fundación Rafael del Pino (la nunca suficientemente elogiada Fundación Rafael del Pino por su labor de difusión de la economía en Madrid), en la que le oí emitir algunas dudas en cuanto a los datos de la deuda en EEUU en estos momentos. La conferencia fue chispeante y muy entretenida, mostrando una inteligencia extraordinaria… excepto cuando llegó a este punto, si se admite mi opinión.
Por desgracia Kenneth no permitió que se grabase su conferencia, por lo que lo único que queda como evidencia son mis apuntes de la misma en la que dijo el mismísimo Rogoff (fiése de mí, amable lector, lo dijo) que:

  •   La caída de renta histórica de las crisis, de media, ha sido del 9%, pero en estos momentos en EEUU tan sólo es del 4%… bueno, según lo mide la oficina de estadísticas, que como no tiene capacidad mide las empresas más grandes y extrapola.
  •   ¿China?, el problema con China es que no puedo decir nada pues no hay datos, de hecho creo que el problema con China es que nadie sabe la magnitud de su déficit, no es que el ministerio Chino lo quiera ocultar, es que ni ellos lo saben pues no tienen medios para medir y manejar una economía tan inmensa.

Permitanme expresar mi estupefacción de manera gráfica:

!!!!!!!!!¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿?????????????¡¡¡¡¡¡¡¡¡

A ver señor Rogoff, que no lo entiendo muy bien, usted ha adquirido renombre mundial por contabilizar, hacer tablas, extrapolar datos y medias, de historia financiera de 66 países a lo largo de 8 siglos[1]… ¡¡¡y emite dudas sobre los datos de la oficina de estadísticas de EEUU del 2010¡¡¡ Los datos que son sin duda los más avanzados del mundo. Y sobre los de la China del 2010, que no me ofrecen ninguna garantía, evidentemente, pero desde luego no más que la que me puede ofrecer, por ejemplo, la España de 1640, o la Nigeria de 1960, o la Rusia de 1780… 
Yo no entiendo muy bien cómo que alguien que se ha pasado 10 años recopilando datos, haciendo tablas históricas y sacando medias, relaciones y regresiones de datos tan complicados de recopilar exprese dudas tan duras y tan razonables sobre los datos más fiables de los que introduce en esas tablas.
Pero lo más increíble de todo es que las críticas de los economistas de Massachussets (y nadie) no dudan en ningún caso de los datos de entrada, algo que sí señalan como posible problema los mismísimos Reinhart y Rogoff en su réplica (con especial mención a los datos de la España de 1960, por cierto):

Oddly, Herndon and his colleagues do not mention another data omission. This one was intentional on our part. Back in 2010, we were still sorting inconsistencies in Spanish G.D.P. data from the 1960s from three different sources. Our primary source for real G.D.P. growth was the work of the economic historian Angus Madison. But we also checked his data and, where inconsistencies appeared, refrained from using it. Other sources, including the I.M.F. and Spain’s monumental and scholarly historical statistics, had very different numbers. In our 2010 paper, we omitted Spain for the 1960s entirely.


Esto es, los mismos que usan los datos dudan de su exactitud, lo que es perfectamente razonable, pero su margen de error, los de todos los datos en conjunto, será muy superior al famoso 2,3% de discrepancia (+2,2% según RR; -0,1% según HAP) en torno al crecimiento que se causa cuando se sobrepasa el 90% de deuda sobre PIB, o de hecho el mismo 90% de deuda sobre PIB pasa a ser un dato altamente difícil de considerar.
Esto es, toda la discusión carece de fundamentos, pues los datos en los que se basa son muy endebles, mucho más endebles, desde luego, que los de crecimiento económico de EEUU del 2010, sobre los que el señor Rogoff expresó tan razonables dudas.
No llego a alcanzar a entender cómo se puede realizar un trabajo tan exhaustivo, un debate tan encarnizado, unas conclusiones tan concluyentes, una afinación de hasta una décima de punto porcentual de crecimiento a lo largo de ocho siglos, con unos datos históricos que ofrecen tan poquísima fiabilidad.

Y es que al final del debate no puedo sino quedarme con la cita (que como casi siempre en él es aforismo) de Nassim Nicholas Taleb:

Rejecting a macroeconomic idea (Rogoff and Reinhard) over an excel error is exactly like falsifying astrology over a computer glitch.



[1] El debate se complica un tanto ya que se mezclan los distintos trabajos de Rogoff y Carmen Reinhart a lo largo de un número de los últimos 7 años. A la cifra del 90% se llega en un trabajo que tan solo considera los últimos dos siglos, pero su famoso libro: “This time is different” se subtitula: “Eight centuries of financial folly”. Por simplificar ya que en este comentario intento ir a las cuestiones de fondo y no a los detalles no divido los distintos trabajos de Kenneth Rogoff y Carmen Reinhart —en ocasiones con Vincent Reinhart— que en esencia dicen lo mismo.

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