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En el Instituto Ecuatoriano de Economía Política

Este jueves tengo el privilegio de participar en el próximo Cocktail y opinión en el Instituto de Estudios de Economía Política de Ecuador, en Guayaquil. Participaré junto con Julio Clavijo Acosta, de Estudiantes por la Libertad Ecuador.

Están todos invitados, ya que el formato no puede ser más agradecido, primero una breve conferencia de un servidor sobre “Gobernanza e Institucionalidad” que versará sobre “Instituciones y democracia, un austriaco en el trópico, mi experiencia en Portoviejo, un análisis de su institucionalidad; luego la intervención de Julio, y a continuación el cocktail, luego se puede tomar y comer algo de calidad.

(Aunque uno sospecha que los asistentes irán por el cocktail y no por la conferencia…)

Cocktail y Opinion 6 de junio


This time is NOT different: El affaire RR y la metodología económica

This time is NOT different:

El affaire Reinhart and Rogoff: Más allá de los datos los problemas de la economía actual se desvelan

 

Es EL affaire económico de la temporada y puede que el que defina la crisis entera. Tan importante es que creo que Jorge Javier Vázquez le va a dedicar un especial en Sálvame Deluxe para debatir sobre él.

A principios de mayo de 2013 supongo que usted ya conoce en profundidad el affaire, pero por si ha estado usted ausente de los blogs económicos en los últimos tiempos ha de saber que Reinhart and Rogoff, (ambos catedráticos de Harvard, Rogoff ex economista jefe del Banco Mundial), publicaron varios trabajos clionométricos en los que concluían que a partir de un 90% de deuda sobre PIB las economías de los países se resentían con un menor crecimiento. Pero hete aquí que tres economisa de la Universidad de Massachussets Amherst intentaron replicar los análisis de RR con los mismos datos que ellos y descubrieron un grave error econométrico que invertía la conclusión (según ellos), a mayor deuda no había menos sino mayor crecimiento.

El affaire es público y se solventa en la red más que en las revistas académicas, lo que ya nos hace idea de su naturaleza no tan académica, ustedes pueden leer el artículo que levantó la liebre, la respuesta de Reinhart y Rogoff en el New York Times, que siguió con varias respuestas y contrarespuestas, pero sobre todo el tremendo ruido que ha generado en la blogsfera (miles de entradas en el último mes).

Para un resumen de todo el asunto y sus secuelas más completo que este que aquí presento, se puede consultar algunos otros en Bloomberg, Next New Deal, Cyniconomics, Marginal Revolution, Newyorker

Es sorprendente el poco análisis al respecto que ha habido en español. El País ha reproducido los artículos de RR, pero se ha hecho eco de la noticia de una manera… ¿cómo decirlo educadamente? ¿sesgada?

Quien destaca por su calidad y rigor es Pablo Rodríguez (@Suanzes) en Crítica de Ideas. Y por su crítica a los que critican el paper y con ello la austeridad, Juan Ramón Rallo, quien no valora las consecuencias para la ciencia económica sino para la política.

 

Y todo este asunto, que tanto ruido ha causado a uno y otro lado del espectro ideológico, a uno y otro lado del espectro político-económico, no es sino un debate epistemológico que ha mostrado las vergüenzas de la ciencia económica.

Y es por eso que yo me quiero centrar en los aspectos epistemológicos del problema, de la propia esencia de la ciencia económica y de la política, ya que están involucrados dos catedráticos de Harvard (el cúlmen de la academia), las máximas autoridades políticas (un candidato a vicepresidente republicano), y todas las falencias de la economía vista como econometría.

Dividamos el asunto en seis partes al menos:

  1.    ¿Política o economía? La delgada línea que separa a uno y otro
  2.      ¿Causa o consecuencia?
  3.      Las herramientas por encima de la esencia
  4.      ¿Y los principios? ¿Y los fundamentos? ¿Y los razonamientos?
  5.      La cifra del 90%: la fascinación por las cifras mágicas y la popularización de la ciencia
  6.    Pero… después de todo… ¿son los datos fiables? ¿sobre qué debatimos?

 


This time is NOT different: El affaire Reinhart and Rogoff.

This time is NOT different.
El affaire Reinhart and Rogoff: Más allá de los datos los problemas de la economía actual se desvelan
Es EL affaireeconómico de la temporada y puede que el que defina la crisis entera. Tan importante es que creo que Jorge Javier Vázquez le va a dedicar un especial en Sálvame Deluxe para debatir sobre él.
A principios de mayo de 2013 supongo que usted ya conoce en profundidad el affaire, pero por si ha estado usted ausente de los blogs económicos en los últimos tiempos ha de saber que Reinhart and Rogoff, (ambos catedráticos de Harvard, Rogoff ex economista jefe del Banco Mundial), publicaron varios trabajos clionométricos en los que concluían que a partir de un 90% de deuda sobre PIB las economías de los países se resentían con un menor crecimiento. Pero hete aquí que tres economisa de la Universidad de Massachussets Amherst intentaron replicar los análisis de RR con los mismos datos que ellos y descubrieron un grave error econométrico que invertía la conclusión (según ellos), a mayor deuda no había menos sino mayor crecimiento.
El affaire es público y se solventa en la red más que en las revistas académicas, lo que ya nos hace idea de su naturaleza no tan académica, ustedes pueden leer el artículo que levantó la liebre, la respuesta de Reinhart y Rogoff en el New York Times, que siguió con varias respuestas y contrarespuestas, pero sobre todo el tremendo ruido que ha generado en la blogsfera(miles de entradas en el último mes).
Para un resumen de todo el asunto y sus secuelas más completo que este que aquí presento, se puede consultar algunos otros en Blooberg, Next New Deal, Cyniconomics, Marginal Revolution, Newyorker
Es sorprendente el poco análisis al respecto que ha habido en español. El País ha reproducido los artículos de RR, pero se ha hecho eco de la noticia de una manera… ¿cómo decirlo educadamente? ¿sesgada?
Quien destaca por su calidad y rigor es Pablo Rodríguez (@Suanzes) en Crítica de Ideas. Y por su crítica a los que critican el paper y con ello la austeridad, Juan Ramón Rallo, quien no valora las consecuencias para la ciencia económica sino para la política.
Y todo este asunto, que tanto ruido ha causado a uno y otro lado del espectro ideológico, a uno y otro lado del espectro político-económico, no es sino un debate epistemológico que ha mostrado las vergüenzas de la ciencia económica.
Y es por eso que yo me quiero centrar en los aspectos epistemológicos del problema, de la propia esencia de la ciencia económica y de la política, ya que están involucrados dos catedráticos de Harvard (el cúlmen de la academia), las máximas autoridades políticas (un candidato a vicepresidente republicano), y todas las falencias de la economía vista como econometría.
Dividamos el asunto en seis partes al menos:


¿Política o economía? La delgada línea que separa a uno y otro.

1.          ¿Política o economía? La delgada línea que separa a uno y otro.

Todo el affaire podría ser un asunto de revisión científica y de buen hacer académico. Un affaire que tendría su repercusión en las cafeterías de distintas universidades y generaría algún corrillo en algún congreso científico, pero no habría de tener mayor repercusión ni mediática ni política.
Pero sin embargo el asunto ha tenido una amplia difusión pública y repercusión política.
 ¿Por qué? Porque a día de hoy la ciencia económica tiene más de prescriptivo que de descriptivo, esto es, de política que de ciencia. Está más centrada la economía actual en cambiar la realidad que de entenderla, como si la biología fuese la ciencia de modificar las plantas, y no de estudiarlas.
Ambas partes del debate acusan a la otra de hacer recomendaciones políticas más que ciencia, termina el artículo de los economistas de la Universidad de Massachussets con un significativo párrafo:

Specically, RR’s findings have served as an intellectual bulwark in support of austerity politics.The fact that RR’s findings are wrong should therefore lead us to reassess the austerity agenda itself in both Europe and the United States.

Lo que evidencia el objetivo de estos autores con la revisión del paper de Reinhart y Rogoff (alias RR en este expediente) era combatir las medidas de austeridad más que señalar el error metodológico que ellos cometieron.
Y gran parte de la defensa de RR se ha centrado en que ellos no hacen política sino economía, y en el penúltimo párrafo de su respuesta a las críticas dicen que:

Finally, we view ourselves as scholars, though obviously given the prominence of book, and the extraordinary circumstances of the financial crisis, politicians will of course try to use our results to advance their cause.

Todos dicen hacer ciencia, pero todos dicen que tiene consecuencias políticas. Y es que de hecho las tiene, y ambas partes en el debate la buscan. El departamento de Amherst de la Universidad de Massachussets aparece en los medios como neo-marxista, heterodoxo e influyente en la realidad política.
Paul Ryan, candidato a la Vicepresidencia de EEUU el año pasado citó el trabajo de R-R como argumento a favor de la austeridad. De lo que ellos se desentienden completamente diciendo que no buscaron su influencia.
Aunque dicen que no buscaron su influencia, sí es cierto que hacen “prescripciones” de economía política en cada uno de sus artículos y sus réplicas. RR no tienen nada claro la diferencia entre la ciencia, que es descriptiva, y la política y el consejo político, que son prescriptivos, ellos dicen hacer ciencia, pero no sólo describen lo que ocurre, no sólo dicen lo que hay, también lo que habría que hacer (en su caso utilizan la significativa expresión: nosotros abogamos por…).
Por eso la blogsfera de izquierdas ha sido muy dura acusando a Reinhart y Rogoff de hacer política, y parece que han encontrado muchas evidencias, como las múltiples reuniones a puerta cerrada que han tenido con los senadores de EEUU y otros influyentes políticos. Se acusa a Reinhart y Rogoff de ser mucho menos comedidos en sus apreciación de lo que son en sus papers académicos.  Matthew O’Brien en The Atlantic, presenta casos de reuniones con senadores americanos donde decían cosas como:

“Absolutely,” Rogoff said. “Not acting moves the risk closer,” he explained, because every year of not acting adds another year of debt accumulation. “You have very few levers at this point,” he warned us.

Esto es, que R-R:

R-R whisper “correlation” to other economists, but say “causation” to everyone else.

Cuando la política entra por la puerta la ciencia sale por la ventana. Cuando el objetivo es hacer prescripciones las descripciones se adaptan a los objetivos buscados, cuando lo que se quiere es influir en la agenda política las investigaciones se sesgan para lograrlo.
La ciencia economíca actual no es objetiva sino que tiene objetivos, en muchos casos políticos, y tanto los contendientes como los intervinientes en este debate lo han dejado meridianamente claro, a pesar de que dicen lo contrario, sus investigaciones no tienen como objetivo principal conocer la realidad si no influir en la realidad. Lo que es muy distinto.


¿Causa o consecuencia?

1.          ¿Causa o consecuencia?

Y es que este es el meollo de la cuestión: ¿la deuda acumulada es causa de un menor crecimiento económico o un menor crecimiento económico tiene como consecuencia una mayor deuda acumulada?
Este es el debate en el que se ha ido centrando la controversia. Ambos contendientes, y de hecho todo aquel que participa en su aspecto econométrico, coincide en afirmar que la deuda tiene correlación con el crecimiento económico, lo que no consiguen ni unos ni otros determinar es cuál es la causa y cuál es la consecuencia, qué causa el qué. En definitiva, si el huevo fue antes que la gallina o la gallina antes que el huevo. Tantos grandes cerebros dilucidando la cuestión con métodos econométricos.
Los mismos RR en El País reconocen que ellos no pueden determinar la causalidad, (aunque mucho se ha escrito contradiciendo esto):

Los estudios académicos sobre la deuda y el crecimiento se han centrado durante algún tiempo en identificar la causalidad. ¿La deuda elevada refleja meramente unos ingresos fiscales menores y un crecimiento más lento? ¿O perjudica la deuda elevada al crecimiento?
Siempre hemos opinado que la causalidad se observa en ambas direcciones, y que no existe ninguna regla válida para todas las épocas y para todos los lugares.
 

Arindrajit Dube of the University of Massachusetts, Amherst, found that debt-to-GDP predicts past GDP growth much better than future GDP growth. In other words, higher debt doesn’t cause lower growth as much as lower growth causes higher debt.

Ese es el principal problema de la economía actual, que con el mero tratamiento de los datos (unos datos de dudosa exactitud) no se puede probar casi nada, como reconocen en el blog de la Harvard Business Review (de indudable prestigio en la macroeconomía actual):

But this is macroeconomics. It’s hard to muster conclusive evidence, and almost impossible to generate much in the way of useful predictive ability.One response to this fog would be to throw up our hands and not do anything at all. Another is to acknowledge that our knowledge is limited and proceed anyway on a mix of data, theory, and intuition.

Esto es, que se reconoce que el conocimiento que proporciona la macroeconomía es bastante escaso, y además no está basado en los datos. ¿Quiero esto decir que se invalida la macroeconomía predictiva? No, se sigue con ella aunque se sepa que apenas sirve.
Aún cuando el mismísimo economista jefe del Banco Mundial, Kaushik Basu, diga que:

“One thing that experts know, and that non-experts do not, is that they know less than non-experts think they do.”

Y es que como dicen en Economists View:

Economists would be so much more honest (with themselves and the world) if they acted accordingly – letting their audience know that their results and prescriptions come with a large margin of uncertainty.

Esto mismo declara Larry Summers, el mismísimo Lawrence Summers de Harvard y del gobierno de EEUU, quien muestra en el artículo una grandísima cautela hacia los trabajos académicos y su validez en el debate político.

Anyone close to the process of economic research will recognize that data errors like the ones they made are distressingly common 

Para dilucidar tan peliaguda cuestión se recurre a la econometría y tomando las series se analiza si los datos presentan una tendencia u otra en periodos de 10 años. Esto es, se intenta buscar qué causa el qué no razonando las causaciones sino preguntando a los programas econométricos.


Las herramientas por encima de la esencia

1.          Las herramientas por encima de la esencia

¿Programas econométricos? Bueno, eso no ha sido exactamente así, ya que el trabajo de Reinhart y Rogoff estaba hecho en una tabla de excel, lo que ha sido objeto de burla entra la profesión académica, una vergüenza pues no usan programas profesionales como “R” (veáse los comentarios de Luis Garicano en el blog de FEDEA) o el símil que usan en The Atlantic:

This is the academic’s version of the dream where you’re naked in public. Except it’s not a dream. It’s the mortifying reality for R-R, 

Dice Peter Boettke en su inspirador libro “Living Economics” (página 308):

Thereafter, however, it was the model, and not the world, that became the dominant source of intellectual excitement. Technique has trumped substance ever since.

Y argumenta en Econtalkque la economía se ha convertido más en una técnica que en un método de conocimiento, que lo importante para ser considerado por los economistas mainstream hoy en día no es dar explicaciones sobre los sucesos económicos, si no manejar la “caja de herramientas” que manejan los economistas profesionales. Lo que define la economía no es la sustancia sino el método y la jerga:

The tool kit of economics. And so what happens is mainstream becomes a sociological moniker for people that believe, methodologically, what they believe at the top 5 schools. And they use and they speak in that language. Whereas in the past, if you were a Smithian economist, you could speak in English, French, German; you could speak with math, you could speak with just pure natural language, and what mattered was whether or not you believed the substantive propositions of economics. In modern economics, mainstream became: Are you using these tools? And it didn’t really matter as much what the substantive propositions are, per se. 

Y ese ha sido uno de los grandes pecados de Reinhart y Rogoff, !No utilizaban sino un simple Excel¡ Los grandes maestros de Harvard estaban haciendo proposiciones económicas que no estaban basadas en programas profesionales de econometría, sino en el simple Excel que todos tenemos en nuestro ordenador. Gran parte de la indignación (y hasta burla) de parte de la profesión económica viene de esta percepción de “no haber utilizado la caja de herramientas de los economistas”, y por tanto haber hecho mala economía.

(Es cierto que R-R cometieron un error al desplazar cinco celdas para abajo la introducción de una función –viene explicado muy críticamente en este post de Next New Deal-, pero no es menos cierto que ese error no cambia sustancialmente los resultados -este error tan solo varía un 0,3% el decrecimiento, no el 2,2%-). 


¿Y los principios? ¿Y los fundamentos? ¿Y los razonamientos?

1.          ¿Y los principios? ¿Y los fundamentos? ¿Y los razonamientos?

El debate se ha ido centrando en lo que a los economistas de nuestro tiempo les gusta debatir, si los datos recogidos en ocho siglos de relación entre deuda y déficit demuestran que un incremento de la deuda produce menor crecimiento económico o que menor crecimiento económico produce mayor deuda. Y para argumentarlo se agregan los datos, se utilizan técnicas estadísticas sofisticadas (!no un simple Excel¡) y se “demuestra” una teoría… o la contraria.
Pero en ninguno de los escritos que alimentan la controversia se explica ni qué es la deuda, ni cómo opera este mecanismo de incremento de la desaceleración económica (o no), ni cómo se produce (o no).
Toda el debate se basa en que los datos de crecimiento y deuda son comparables y extrapolables de unos países a otros, de unas épocas a otras, de unas circunstancias a otras, de unos sistemas económicos a otros. Esto es, se mide la relación entre deuda y crecimiento aislando todas las demás variables (el tan famoso y tan peligroso caeteris paribus), cómo si la una influyera en la otra independientemente de todo el resto de las circunstancias de tiempo, lugar y estructura productiva que se analizan.
Pero estas correlaciones no se analizan por su esencia, por sus definiciones, sino que se analizan por sus resultados, de tal manera que las relaciones econométricas podrían demostrar cualquier cosa, pues no pareciera interesar a ninguno de los contendientes entender el cómo opera la deuda sobre el crecimiento, el porqué se produce el efecto que dicen que se produce.
Toma por ello especial valor el artículo de David Howden en Troy Media, dónde sí analiza el porqué un exceso de deuda causa un menor crecimiento económico:

Carmen Reinhart and Kenneth Rogoff may have made some calculation errors in their study, but this doesn’t mean that the argument for austerity is any less strong. Borrowing today has a real cost in the future, and the decision to further indebt ourselves had better be mindful a future with more money paying off interest, and less spent on the goods and services we really want.

El que unos pocos hagan estos razonamientos desvalora los razonamientos de los demás, pues muestra que se puede hacer economía basada en los fundamentos y en las explicaciones lógicas más allá de las cuestionables herramientas econométricas. 
Cuanto más avanza la economía mainstream en sus propias fallas epistemológicas más se validan otras formas de hacer economía alejadas de las modas actuales, como la economía austriaca y el razonamiento como método de conocimiento de la realidad económica. Este debate ha dejado muy en claro las vergüenzas del mainstream, pero los razonamientos (contra la deuda en este caso) siguen siendo válidos cuando se basan en los fundamentos y no en el tratamiento econométrico de datos de dudosa fiabilidad.


La cifra del 90%: la fascinación por las cifras mágicas y la popularización de la ciencia

1.          La cifra del 90%: la fascinación por las cifras mágicas y la popularización de la ciencia

Otra de las cuestiones que alimentan el debate es hasta qué punto la cifra del 90% de deuda opera automáticamente, o qué validez tiene esta cifra.
RR se excusan diciendo que ellos nunca afirmaron que era una cifra mágica:

y en ningún lugar afirmábamos que el 90% fuera un umbral mágico que transforma los resultados, como han dado a entender los políticos conservadores.

Pero la cuestión que le rebaten muchos desde el lado anti-austeridad del debate es si lo dejaron igual de claro en sus compareciencias públicas, y si se molestaron en aclarar este error cuando veían que muchos políticos y comentaristas utlizaban la cifra del 90% como “mágica”. Lo que parece que quieren (incluido Larry Summers) que uno no se haga solo responsable de sus palabras sino de la repercusión que éstas tienen y de quienes las interpretan. Lo que claramente parece una petición supererogatoria.
Y es que la conclusiónque pusieron en su paper era bastante clara y era la que se difundía en los medios afines:

“Median growth rates for countries with public debt over roughly 90 percent of GDP are about one percent lower than otherwise; average (mean) growth rates are several percent lower.”

Y además es una versión aún más clara de ésto lo que ellos difundían al público, como en Bloomberg o en los artículos de Rogoff para Project Syndicate:

we find that very high debt levels of 90% of GDP are a long-term secular drag on economic growth that often lasts for two decades or more…  

Pues parece bastante claro, como ya hemos indicado, que RR han hecho tanta ciencia como política, y aún mucha “divulgación” científica.
El problema con la divulgación es que se tiende a simplificar conceptos complejos, dando una explicación simple de la realidad que es muy perjudicial. Pues peor que una concepción errónea de las cuestiones sólo es una explicación errónea y simplista. En su esfuerzo por difundir su mensaje contra la austeridad RR simplificaron tanto los argumentos (y sus argumentos eran ya de por sí bastante simples: los datos nos muestran que al superar el 90% se decrece, ergo no superemos el 90% de deuda), que confundieron al público en cuento al funcionamiento de la economía.
Pero, ¿por qué querían RR difundir su mensaje contra la austeridad? Es legítimo sospechar que no lo hacían tanto por hacer pedagogía económica como por influir en el debate público-político.
(Al intentar ser este un comentario serio sobre ideas científicas en torno al debate omito los análisis y comentarios del divulgador-activista político y premio Nobel de economía Paul Krugman, pues poco aporta quién ha “ganado” el debate, o cuál es “La solución del 1%“).


Pero… después de todo… ¿son los datos fiables? ¿sobre qué debatimos?

       Pero… después de todo… ¿son los datos fiables? ¿sobre qué debatimos?
Pero para mí lo más interesante de todo es cómo no hay crítica alguna a los datos de entrada, los datos con los que se elaboran todas estas estadísticas, los datos sobre los que se basa todo el debate.
Tuve la ocasión de escuchar a Kenneth Rogoff cuando vino a Madrid a dar una conferencia en la Fundación Rafael del Pino (la nunca suficientemente elogiada Fundación Rafael del Pino por su labor de difusión de la economía en Madrid), en la que le oí emitir algunas dudas en cuanto a los datos de la deuda en EEUU en estos momentos. La conferencia fue chispeante y muy entretenida, mostrando una inteligencia extraordinaria… excepto cuando llegó a este punto, si se admite mi opinión.
Por desgracia Kenneth no permitió que se grabase su conferencia, por lo que lo único que queda como evidencia son mis apuntes de la misma en la que dijo el mismísimo Rogoff (fiése de mí, amable lector, lo dijo) que:

  •   La caída de renta histórica de las crisis, de media, ha sido del 9%, pero en estos momentos en EEUU tan sólo es del 4%… bueno, según lo mide la oficina de estadísticas, que como no tiene capacidad mide las empresas más grandes y extrapola.
  •   ¿China?, el problema con China es que no puedo decir nada pues no hay datos, de hecho creo que el problema con China es que nadie sabe la magnitud de su déficit, no es que el ministerio Chino lo quiera ocultar, es que ni ellos lo saben pues no tienen medios para medir y manejar una economía tan inmensa.

Permitanme expresar mi estupefacción de manera gráfica:

!!!!!!!!!¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿?????????????¡¡¡¡¡¡¡¡¡

A ver señor Rogoff, que no lo entiendo muy bien, usted ha adquirido renombre mundial por contabilizar, hacer tablas, extrapolar datos y medias, de historia financiera de 66 países a lo largo de 8 siglos[1]… ¡¡¡y emite dudas sobre los datos de la oficina de estadísticas de EEUU del 2010¡¡¡ Los datos que son sin duda los más avanzados del mundo. Y sobre los de la China del 2010, que no me ofrecen ninguna garantía, evidentemente, pero desde luego no más que la que me puede ofrecer, por ejemplo, la España de 1640, o la Nigeria de 1960, o la Rusia de 1780… 
Yo no entiendo muy bien cómo que alguien que se ha pasado 10 años recopilando datos, haciendo tablas históricas y sacando medias, relaciones y regresiones de datos tan complicados de recopilar exprese dudas tan duras y tan razonables sobre los datos más fiables de los que introduce en esas tablas.
Pero lo más increíble de todo es que las críticas de los economistas de Massachussets (y nadie) no dudan en ningún caso de los datos de entrada, algo que sí señalan como posible problema los mismísimos Reinhart y Rogoff en su réplica (con especial mención a los datos de la España de 1960, por cierto):

Oddly, Herndon and his colleagues do not mention another data omission. This one was intentional on our part. Back in 2010, we were still sorting inconsistencies in Spanish G.D.P. data from the 1960s from three different sources. Our primary source for real G.D.P. growth was the work of the economic historian Angus Madison. But we also checked his data and, where inconsistencies appeared, refrained from using it. Other sources, including the I.M.F. and Spain’s monumental and scholarly historical statistics, had very different numbers. In our 2010 paper, we omitted Spain for the 1960s entirely.


Esto es, los mismos que usan los datos dudan de su exactitud, lo que es perfectamente razonable, pero su margen de error, los de todos los datos en conjunto, será muy superior al famoso 2,3% de discrepancia (+2,2% según RR; -0,1% según HAP) en torno al crecimiento que se causa cuando se sobrepasa el 90% de deuda sobre PIB, o de hecho el mismo 90% de deuda sobre PIB pasa a ser un dato altamente difícil de considerar.
Esto es, toda la discusión carece de fundamentos, pues los datos en los que se basa son muy endebles, mucho más endebles, desde luego, que los de crecimiento económico de EEUU del 2010, sobre los que el señor Rogoff expresó tan razonables dudas.
No llego a alcanzar a entender cómo se puede realizar un trabajo tan exhaustivo, un debate tan encarnizado, unas conclusiones tan concluyentes, una afinación de hasta una décima de punto porcentual de crecimiento a lo largo de ocho siglos, con unos datos históricos que ofrecen tan poquísima fiabilidad.

Y es que al final del debate no puedo sino quedarme con la cita (que como casi siempre en él es aforismo) de Nassim Nicholas Taleb:

Rejecting a macroeconomic idea (Rogoff and Reinhard) over an excel error is exactly like falsifying astrology over a computer glitch.



[1] El debate se complica un tanto ya que se mezclan los distintos trabajos de Rogoff y Carmen Reinhart a lo largo de un número de los últimos 7 años. A la cifra del 90% se llega en un trabajo que tan solo considera los últimos dos siglos, pero su famoso libro: “This time is different” se subtitula: “Eight centuries of financial folly”. Por simplificar ya que en este comentario intento ir a las cuestiones de fondo y no a los detalles no divido los distintos trabajos de Kenneth Rogoff y Carmen Reinhart —en ocasiones con Vincent Reinhart— que en esencia dicen lo mismo.


La emboscadura

DE LA EMBOSCADURA:
La emboscadura, de Jünger, es un libro abierto a tantas interpretaciones que es muy fácil hacer malas interpretaciones.
Yo he ordenado algunos extractos del libro de un modo muy personal, en mi particular hermenéutica que tan solo muestra la lectura que yo he hecho del texto.
La emboscadura es un libro que llama al cambio radical, a la transformación de la sociedad. Escrito por un soldado que en su momento llamó a la guerra el libro llama a la transformación a través de la poesía:
De ahí que no nos esté concedido quedarnos en la imaginación, a pesar de que es ella la que otorga su fuerza básica a las acciones. Nivelar las imágenes y derribarlas es algo que precede a la lucha por el poder. Por este motivo no podemos prescindir de los poetas. Ellos son los que introducen la subversión y los que inician también el derrocamiento de los Titanes. La imaginación y con ella el canto forman parte de la emboscadura
Es tan profundo su pensamiento que:
El pensador penetra en un terreno donde resulta por fin posible establecer una alianza no sólo con los teólogos, sino también con los poetas.
Lo que es el proyecto del pensamiento completo. Unión de todos los conocimientos, algo que Jünger persiguió toda su vida y que completó con sus experiencias con LSD y su amistad con Hofmann.
Jünger no abandona nunca la racionalidad, de hecho dice de las conferencias internacionales que:
De ahí que en congresos y en conferencias se adopten unas resoluciones cuya estupidez y cuya peligrosidad son mucho mayores que las que tendría la sentencia dictada por una persona cualquiera sacada del primer tranvía que pase ante nosotros
Algo que a día de hoy muchos seguimos pensando. Lo único que parece haber cambiado es que quien viaja en el tranvía de hoy en día va bajo tierra.
Pero sabe que la racionalidad no es suficiente, que “el pensamiento racional es cruel”, y que lo que mueve a los hombres es el mito, el héroe:
El mito no es historia ocurrida en un tiempo anterior; es realidad intemporal que se reitera en la historia.
Y Heracles es el mito sobre el que se funda el liberalismo:
Heracles es el proto príncipe; hasta los dioses han de recurrir a él en su lucha con los Titanes. Heracles deseca los pantanos, construye canalizaciones y hace habitables las tierras yermas; para ello mata los monstruos y los animales feroces. Heracles es el primero de los héroes sobre cuyas tumbas se funda la polis y cuya veneración mantiene en pie a la ciudad.
Y es que La emboscadura es un libro liberal. Pero de una libertad real, que ha de ser adquirida, conquistada:
Vistas las cosas históricamente, todo cambio acaecido en lo necesario comporta también una modificación de la libertad. Esto es lo que explica que hayan caducado los conceptos de libertad de 1789 y que esos conceptos sean incapaces de hacer valer su autoridad frente a la violencia. La Libertad, sin embargo, aunque siempre se recubra con los ropajes propios de cada tiempo, es inmortal. A lo cual se añade que es preciso readquirirla una y otra vez. A la libertad heredada es menester afirmarla en las modalidades que vienen acuñadas por su encuentro con las cosas que históricamente son necesarias.
Un libro que apoya la libre competencia y teme al estatismo:
Donde desaparece la  competencia se corre el riesgo de que surja una especie de estirpe de rentistas mantenida a costa del Estado, mientras en la política exterior perdura la competencia, es decir, la carrera de competición entre los diferentes Estados. Por esa brecha es por donde penetra el terror. 
Entre otros, el terror que provoca el igualitarismo: los tiempos  empeñados en implantar la igualdad de todos los seres humanos cosecharán frutos completamente distintos de los esperados.
Un libro que hace la más certera defensa de la propiedad privada: En los sitios donde lo que se pretende es atacar la propiedad en cuanto Idea, la consecuencia necesaria será la esclavitud.
Pero también un libro que critica la mera riqueza material:
Aquí se corre el peligro de padecer la suerte de aquellos españoles comandados por Hernán Cortés a los que, en la « Noche triste», el peso del oro del que no quisieron separarse arrastró al fondo de las aguas. 
Porque, la riqueza no son posesiones, aunque sea necesaria la propiedad privada:
La riqueza del ser humano es infinitamente mayor de lo que él supone. Es una riqueza que nadie puede quitarle y que, en el transcurso de los tiempos, aflora una y otra vez a la superficie haciéndose visible sobre todo cuando el dolor ha removido las profundidades.
Escrito en las circunstancias más difíciles, en 1951, reción terminada la Guerra Mundial y cuando Jünger estaba bajo sospecha por sus relaciones con el nazismo, la emboscadura es un canto pacifista (de un autor que había escrito los libros más pro-bélicos tras la Primera Guerra Mundial); pero es un canto pacifista basado en la resistencia, en la dignidad de la resistencia. Es un libro que llama a la paz. A defender la paz, no ha darla por dada:
Una de ellas es la suposición de que la inviolabilidad del domicilio se funda en la Constitución y se encuentra asegurada por ella. En realidad la inviolabilidad del domicilio se basa en el padre de familia que aparece en la puerta de la casa acompañado de sus hijos y empuñando un hacha en la mano. Sólo que esta verdad no siempre se halla a la vista; y tampoco constituye una objeción contra las Constituciones. Lo que vale es el viejo adagio: «Es el hombre el que garantiza el juramento, no el juramento el que garantiza al hombre»
Porque: Es el hombre libre el que le otorga sentido a las armas.
Ya que: La grandeza humana es algo que hay que conquistar una y otra vez con lucha.
Y Jünger, el gran admirador de la grandeza humana, lamenta que sean unos pocos los que estén dispuestos a defender su libertad, a ejercer su grandeza:
La persona singular ha de saber si, frente a ello, para él tiene más peso la libertad. Ha de saber si estima más el ser de un determinado modo o el ser sin más. El auténtico problema está, más bien, en que una gran mayoría no quiere la libertad y aun le tiene miedo. Para llegar a ser libre hay que ser libre, pues la libertad es existencia. La libertad es ante todo la concordancia consciente con la existencia y es el placer, sentido como destino, de hacerla realidad.
¿Por qué? Pues porque el miedo paraliza a la mayoría:
Ninguno de los vivientes podrá eludir estas dos piedras de toque, estas dos ruedas de molino: la duda y el dolor. Son los dos grandes medios de la reducción nihilista. 
La pregunta básica en estos remolinos dice así: ¿es posible librar del miedo al ser humano? Tal cosa es mucho más importante que proporcionarle armas o que proveerle medicamentos. El poder y la salud están en quien no siente miedo.
La buena noticia que nos anuncia La emboscadura es que sí, que unos pocos hombres son capaces de vencer el miedo y ser libres, que hay unos pocos que valoran más el ser de un determinado  al ser sin más. Y que esos pocos hombres pueden cambiar la sociedad. Pueden traer la libertad:
Vamos a contentarnos con la sospecha de que en una ciudad de diez mil habitantes hay cien personas que están decididas a demoler la violencia. En una ciudad de un millón de habitantes viven diez mil «emboscados», si es que queremos servirnos de esa palabra, aunque todavía no tenemos una visión completa de su alcance. Esto representa un poder enorme. Basta para derribar incluso a tiranos muy poderosos.
De un hombre que vota «no» en unas, así llamadas, «elecciones en favor de la paz» cabrá aguardar que ofrezca oposición en cualesquiera circunstancias y de modo especial cuando pasan apuros los dueños de la violencia. En cambio, no existe en absoluto la misma seguridad de que se mantenga el aplauso de los otros noventa y nueve si las cosas empiezan a tambalearse. En tales circunstancias la minoría se asemeja a un virus que causa un efecto enorme, imposible de calcular, y que impregna la totalidad del Estado
Unos pocos, unos poquísimos votos disidentes, nos dice Jünger, son la salvaguarda de la libertad y la dignidad, son el inicio del cambio, el resquebrajamiento del Estado.