Bakunin ¿un precedente austriaco?

Bakunin ¿un precedente austriaco?
You are all a bunch of socialists” famosamente dijo Mises y mucho se ha repetido desde entonces. Y puede ser cierto que todos sean socialistas menos Mises, pero entre los distintos tipos de socialismos hay diferencias, matices; y es en esos matices donde halla el interés quienes quieren comprender el pensamiento de los otros, donde se halla el conocimiento.
Aunque es un galón de la escuela austriaca de economía el que la primera crítica de Marx (y quizá la definitiva que le impidió culminar su obra por no hallar respuesta a ella) fue la que le hizo Böhm-Bawerk en su Karl Marx y el cierre de su sistema de 1896; lo cierto es que los pensadores anarquistas supusieron una crítica (si bien no a la teoría monetaria sí a las esencias del sistema marxista) anterior y puede que aún más contundente al pensamiento marxista (si cabe).
Las críticas que más dolieron a Marx y a cuya refutación dedicó muchas energías fueron las de Bakunin y las de Stirner, y si las analizamos en profundidad veremos que una se puede considerar un precedente de las teorías de la Escuela Austriaca de Economía sobre la imposibilidad de cálculo en el socialismo, la otra un precedente del anarco-individualismo que luego abanderarían Ayn Rand o Rothbard.
De todas las divisiones dentro del pensamiento socialista o de izquierdas la más significativa fue la de la I Internacionalde 1872, donde la sección marxista expulsó a la sección anarquista; provocando una escisión que Bismarck celebró como una bendición para la civilización occidental ya que los rojos y los negros desunidos tendrían menos fuerza y no podrían coordinar una gran revolución.
Marx y Bakunin eran dos personalidades muy distintas, uno burgués alemán (“emplean la palabra burgués como un lema repetido hasta el hastío, cuando son de pies a cabeza, y hasta la médula, burgueses provincianos” dijo Bakunin de Marx y Engels), el otro un noble ruso tan solo cuatro años mayor que él que mereció los peores adjetivos por parte de Marx, a despecho de que se admirasen mutuamente en sus inicios y se influyesen tanto que prácticamente se copiaban expresiones y partes sustanciales de su pensamiento.
Entre estos dos colosos había diferencias sustanciales, irreconciliables. Muchas explicaciones se han intentado dar a una de las disputas que más muertes y más dolor han causado en los últimos 140 años. Sobre la estrategia a seguir para alcanzar la utopía socialista o sobre la gestión de esa misma utopía. Pero para un economista austriaco destaca mucho que uno de los argumentos que utilizó Bakunin contra Marx era el de la imposibilidad del gobierno en el socialismo, aún si los gobernantes fuesen los científicos más sabios y más probos que fuesen casi inhumanos.
Antes de su expulsión I Internacional Bakunin escribió en 1871 uno de sus libros más conocidos, “Dios y el Estado”. Un panfleto en el que habla de idealismo, realismo (comienza con un significativo: “¿Quiénes tienen razón, los idealistas o los materialistas?”), que es un contundente alegato ateísta (“Si Dios existe, el hombres es esclavo; ahora bien, el hombre puede y debe ser libre: por consiguiente Dios no existe”), y donde discute la posibilidad de gestión en un Estado socialista. Y es aquí donde se entrevé un pensamiento cercano a aquel de los austriacos:
“La más grande inteligencia no podría abarcar el todo. De donde resulta que para la ciencia tanto como para la industria, la necesidad de la división y de la asociación del trabajo. Yo recibo y doy, tal es la vida humana. Cada uno es autoridad dirigente y cada uno es dirigido a su vez. Por tanto no hay autoridad fija y constante, sino un cambio continuo de autoridad y de subordinación mutuas, pasajeras y sobre todo voluntarias.
Esa misma razón me impide, pues, reconocer una autoridad fija, constante y universal, porque no hay hombre universal, hombre que sea capaz de abarcar con esa riqueza de detalles (sin la cual la aplicación de la ciencia a la vida no es posible), todas las ciencias, todas las ramas de la vida social.”
¿No se podría decir talmente que es un pensador austriaco? ¿No se está describiendo la imposibilidad del sabio gobernante platoniano en base al problema del conocimiento? Pero no es un escrito ni un párrafo aislado en el pensamiento de Bakunin, sino que repite –esta vez con prosa más adornada-:
“¿Qué mente, por muy brillante que sea, o –si queremos considerar una dictadura colectiva, incluso con centenares de individuos dotados de facultades superiores- está capacitada para recoger la infinita multiplicidad y diversidad de intereses, aspiraciones, deseos y necesidades cuya suma constituye la voluntad colectiva de un pueblo? ¿Dónde están esas mentes tan dotadas y abiertas como para inventar una organización social capaz de satisfacer a todo el mundo? Esa organización será sólo un lecho de Procusto, donde se verá forzada a descansar la infeliz sociedad”
En realidad no debería extrañarnos esta observación, y es que a despecho de ser una persona mucho más instruida (“nadie ha leído tanto como él” le reconocía Bakunin a Marx), Marx era un pensador mucho más simple.
Marx pensaba en categorías (clases), y pensaba que su teoría era científica y que con una sola teoría era capaz de explicar toda la historia de la humanidad. A lo que Bakunin le responde:
“Supongamos una academia instruida, compuesta por los más ilustres representantes de la ciencia […] y que inspirada solo por el más puro amor a la verdad nada decreta sino leyes acordes estrictamente con los últimos hallazgos de la ciencia. Pues bien, mantengo que dichas leyes y dicha organización serían una monstruosidad, porque todo saber humano es siempre imperfecto, y comparando lo descubierto con lo aún ignorado estamos todavía en la cuna […] La vida siempre será infinitamente mayor que la ciencia”.
Todo un ataque a la pretensión de un gobernante sabio, así como a la cientifididad del materialismo.
Pero es que Bakunin acusaba a Marx de idealista, y no le faltaba razón cuando criticaba la metodología de éstos:
En lugar de seguir la vía natural de abajo a arriba, de lo inferior a lo superior y de lo relativamente simple a lo complicado; en lugar de acompañar prudente, racionalmente el movimiento progresivo y real del mundo llamado inorgánico al mundo orgánico, vegetal, después animal, y después específicamente humano; de la materia química o del ser químico a la materia viva o al ser vivo, y del ser vivo al ser pensante, los idealistas, obsesionados, cegados e impulsados por el fantasma divino que han heredado de la teología, toman el camino absolutamente contrario. Proceden de arriba a abajo, de lo superior a lo inferior, de lo complicado a lo simple.
Bakunin conocía a los hombres mucho mejor de lo que los conocía Marx, y sabía qué son los incentivos:
“Basta dotar de poderes absolutos al más ardiente revolucionario para que en menos de un año aventaje en despotismo al propio Zar”
“Pero hay una tercera razón que hace imposible tal gobierno [el gobierno de los científicos]: es que una academia científica revestida de esa soberanía digamos que absoluta, aunque estuviere compuesta por los hombres más ilustres, acabaría infaliblemente y pronto por corromperse moral e intelectualmente. Esta es hoy, ya con los pocos privilegios que se les dejan, la historia de todas las academias. El mayor genio científico, desde el momento en que se convierte en académico, en sabio oficial, patentado, cae inevitablemente y se adormece.”
“Es propio del privilegio  de todo posición privilegiada el matar el espíritu y el corazón de los hombres. El hombre privilegiado, sea política, sea económicamente, es un hombre intelectual y moralmente depravado”
“Un cuerpo científico al cual se haya confiado el gobierno de la sociedad acabará pronto por no ocuparse absolutamente nada de la ciencia, sino de un asunto distinto; y ese asunto, como sucede con todos los poderes establecidos, será el de perpetuarse a sí mismo, haciendo que la sociedad confiada a sus cuidados se vuelva cada vez más estúpida, y por consiguiente más necesitada de su gobierno y dirección.
Todos estos pensamientos le llevan a proclamar su anarquismo:
“En una palabra, rechazamos toda legislación, toda autoridad y toda influencia privilegiadas, oficiales y legales, aunque salgan del sufragio universal, convencidos de que no podrán actuar sino en provecho de una minoría dominadora y explotadora, contra los intereses de la inmensa mayoría sometida.
He aquí en qué sentido nos declaramos realmente anarquistas.”
Y he aquí porque digo que se puede llegar a considerar a Bakunin como un precedente de los argumentos de la Escuela Austriaca de Economía en el debate sobre la Imposibilidad del Socialismo.
Y es que no en balde, a pesar de sus múltiples errores que al ser violentos son culpables de tantas muertes, y a pesar de proclamar un anarquismo colectivista, Bakunin es el mayor referente del anarquismo, y hay en su pensamiento ideas muy útiles para la teoría moderna.
Además de que nos permite situar la disputa entre comunistas y anarquistas en términos de simpleza/complejidad, de autoritarismo frente a autoridad, de idealismo frente a realismo, de organización top-dowm frente a organización bottom-up (por utilizar la nomenclatura anglosajona ahora de moda).
Hay mucho por aprender. Hasta de Bakunin.
(Datos como este, y muchos más, se pueden encontrar en el II Tomo de “Los enemigos del comercio” de don Antonio Escohotado Espinosa, que estará en las librerías a finales de año).
Advertisements

Santayana



Ya nadie se acuerda de Santayana.
¿Quién se acuerda ya de Santayana? ¿quién le lee? ¿quién le estudia? ¿quién le reivindica?

  

Parece que nadie. Ese es el precio de la independencia y el aislamiento. Ya nadie lee al sabio, ya nadie sigue el erudito. Ese es el precio de ser nómada en lugares y pensamiento.
Abulense educado en Harvard, pasó el final de su vida confinado en Roma.
Apenas una calle en un polígono industrial y un instituto de secundaria le recuerdan en Ávila. Abandonó muy pronto la ciudad castellana como para dejar huella en ella. (Ni siquiera en su nombre quedó su patria, como George y no como Jorge ha pasado a la historia de la filosofía).
 Fue uno de los pocos que dejaron Harvard. No le gustó ni la vida universitaria, ni la vida americana, siempre fue un extraño en el Nuevo Mundo. Tampoco allí ya se le recuerda a pesar de lo agudo de sus comentarios sobre el americanismo.
Recluido en un convento en Roma pasó los últimos años de su vida cuidado por las monjas de la pequeña compañía de María.
Como hombre de letras se refugió en las cartas y en ser referente de la cultura de su época. Ya nadie lee esas letras ni recuerda al viejo sabio que recorría la vieja ciudad.
Escribió El último puritanocon gran éxito de ventas, y después de él ya no quedan puritanos. ¿Pero cómo le van a reivindicar los puritanistas si él mismo era homosexual? (“I think I must have been that [gay] way in my Harvard days, though I was unconscious of it at the time.”)
Católico, siempre inquietó su catolicismo en Estados Unidos. ¿Cómo no va a inquietar si era ateo? (“There is no God, and Mary is his mother.” es el ingenioso aforismo con el que se suele resumir su pensamiento).
 Ni los ateos le recuerdan, ya que era católico, ni los católicos le reivindican, ya que era ateo. Quizá las monjas con las que pasó sus últimos años conviviendo…
Filósofo, escribía filosofía en verso. Poeta, hacía de la filosofía versos. Él mismo escribió de “los poetas filósofos”, pero nadie escribe ya ni de su filosofía ni de su poesía.
Siendo realista creía que la realidad tenía en sí las esencias, combinando de un modo singular realismo y platonismo. Singular y tan complejo que aún a día de hoy sigue siendo conflictivo la interpretación de sus textos.
Santayana no fue liberal. De hecho rechazó el liberalismo y suele considerarse como un exponente del conservadurismo del siglo XX. Sin embargo es su crítica al liberalismo tan aguda y tan inteligente, que su texto merece un análisis detenido. Análisis que en mi caso me lleva a reafirmarme en mis principios liberales.
Analicemos su texto “La ironía del liberalismo” de 1921. Un texto donde intenta demostrar que el liberalismo es contradictorio en sus propios términos.
Comienza con:
Los antiguos, que algo sabían de estas cosas, la libertad y la prosperidad eran difícilmente compatibles; sin embargo, el liberalismo moderno querría reunirlas. Los liberales creen que la libre investigación, la libre invención, la libre asociación y el libre comercio producen la prosperidad.
Pero luego se cuestiona si el mero poseer da la felicidad, una cuestión que aún muchos liberales a día de hoy confunden liberalismo con bienestar material, pero como dice Santayana:
Ahora bien, ¿cuál es la dirección del cambio que les parece un progreso a los liberales? Un liberal puro replicaría que la misma dirección de la libertad: el ideal es que cada hombre se mueva en la dirección que le plazca, con ayuda de quienes estén de acuerdo con él y sin interferencias de quienes no lo estén. Concebida de este modo, la libertad sería idéntica a la felicidad, a la vida espontánea, vivida sin culpa y con seguridad, y el impulso del liberalismo dar a cada uno lo que quiera, en la medida en que fuera posible, sería idéntico a la amabilidad
Y es importante que el liberalismo en esencia renuncia a juzgar la felicidad o los fines de los demás, pues una vez que los persiguen hemos de asumir que son los que desean perseguir.
Y esta ironía es la que presenta Santayana, pues los liberales no se quedan en esa mera distancia de juicio que no juzga, sino que pasa a admirar más el progreso decimonónico que ningún otro, no porque haya sido lo que la mayoría de las personas hayan perseguido, sino porque lo consideran bueno en sí mismo. Y entonces, cuando el liberalismo propone unos valores concretos, o un determinado progreso, es cuando se vuelve esnobismo (y bien cierto es que los liberales tienden a ser snobs, en 1921 y en el 2012):
La filosofía liberal, en este punto, deja de ser empírica y británica para convertirse en alemana y trascendental. Ahora opina que la vida moral no es la búsqueda de la libertad y la felicidad de cualquier clase por toda clase de criaturas diferentes; es el desarrollo de un solo espíritu en la vida a través de una serie de fases necesarias, cada una más elevada que la precedente. En consecuencia, nadie podría en realidad o en última instancia desear algo distinto de lo que desean los mejores. Este es el principio del esnobismo más elevado y, de hecho, todos los liberales serios son esnobs superiores.
Pero entonces se esfuerza George en demostrar que sí hay valores morales, y lo que es más, que los hombres eligen distintos caminos, y que la mera apelación a la libertad no es suficiente (“¿no serían los animales, al menos aquellos que no son gregarios, los liberales perfectos?”)
Y Santayana habla del amor, señalando que la libertad total no garantiza el éxito en el amor, que se rige por otras leyes más allá de la propia voluntad, que cuando nos domina puede no llevarnos a la felicidad. Pues el ideal del amor romántico no lleva sino a la insatisfacción en su comparación con la realidad, dice:
¿Y qué ocurre con la libertad en el amor? Si hay una criatura candorosa y alada entre los inmortales, es Eros; cuanto más libre e inocente sea el amor, más revoloteará, mayor será su alcance y más alto se remontará.
Y también habla de la filosofía, pues la política liberal no llena la vida del hombre. Y dice que cuando se presenta a los hombres la posibilidad de alcanzar todo el bienestar material también se les presenta la frustración por no alcanzarlo:
La política no puede proporcionarle la verdadera libertad al alma; esa libertad ha de lograrse, si se puede, mediante la filosofía, pero el liberalismo puede deparar muchas oportunidades para lograrla en la vida externa del hombre
Como se ve Santayana no se consideraba un liberal. Pero su crítica a el liberalismo sigue siendo válida 92 años después, señalando lo mejor del liberalismo, y señalando lo poco que en ciertos aspectos nos hemos corregido nosotros mismos, los liberales.
Que todos los hombres persigan sus propios fines, y que persiguiéndolos asumamos que persiguen su felicidad, no quiere decir que todos los caminos lleven a la felicidad de la misma manera (ni que esta sea única o la misma para todos).
Que el liberalismo produzca bienestar material no quiere decir que ese sea su objetivo, ni que a este fin se pueda sacrificar todo principio.
Que el liberalismo es una teoría política, una doctrina económica, y una visión del mundo, todas estas cosas muy ciertas y muy necesarias, pero no son ni una poesía ni una filosofía, ni una guía para vivir ni una respuesta a la trascendencia, sino la libertad para perseguir cualquier respuesta, es abrir las puertas, ampliar las opciones, pero no una guía para el camino.

El liberalismo es tan solo el principio, no hace el recorrido, tan solo traslada a cada individuo la responsabilidad de elegir qué camino seguir.
¿Quién se acuerda ya de Santayana? ¿quién le lee?

(Según googleo veo que Savater todavía le recuerda, e incluso le dedica un    vídeo explicando su pensamiento.O que se organizó un congreso científicosobre su pensamiento).

Pero, ¿quién recuerda hoy en día a Santayana?

La mirada perdida del Nobel

LA MIRADA PERDIDA DEL NOBEL
Tarde de expectación. No cabía ni un alfiler en el auditorio de la Fundación Rafael del Pino. Todo aquel que quería figurar algo en el mundillo de la economía había conseguido su invitación para asistir a la conferencia del economista/gurú Paul Krugman. (El vídeo aquí)
Y no era para menos. Paul Krugman es uno de los economistas más influyentes en la academia (está entre los 20 economistas más citados en todos los rankings de los últimos 4 años); pero además es el economista vivo más popular del mundo, con una enorme influencia sobre el público y sobre el gobierno de Estados Unidos, debido, sobre todo a su muy leída columna en el New York Times y a su blog (que tiene algún lector más que este, su humilde blog).
Pero ser premiado, ser leído y ser escuchado no quiere decir que lo que digas sea acertado. Ni que sea lógico, ni que tenga sentido común, ni que sea honesto, ni que sea inteligente. Son cosas muy diferentes. Y de hecho cuando tienes tanto público es posible que te debas a ellos y no a tus ideas. Krugman in Wanderlandlo demuestra semanalmente desde hace años, señalando los errores del tan laureado economista.
Al llegar a la sala sorprende lo ladeado que camina el Nobel, mucho más bajo de lo que uno se imaginaba, anda con una cierta retranca. Traje negro, la forma de llevar la corbata, descuidada, delata que no es a su imagen a lo que más tiempo dedica el economista. Ni a la suya ni a la de las diapositivas que utiliza.
De mirada perdida, fija su atención en algún punto en el infinito de la sala, en el punto de fuga de la perspectiva que hay por encima del público, nunca en los que le escuchan ni en sus notas.
Al subir al estrado habla sin papeles, apoyado en unas pocas diapositivas explica amena y discursivamente su visión de la crisis. Básicamente queda claro que “hay un gran agujero” (agujero que no se explica cómo se ha creado) y que hay que llenar, así de gráficas son las metáforas de Krugman.
(No quisiera que esta reseña de la conferencia de por quien siento reconocida antipatía y sobre cuyas ideas tengo argumentadas divergencias quedase como una ridiculización de sus posturas. Pero es que no soy capaz de argumentar sus posiciones sin encontrar errores tan evidentes que hacen que me sea difícil reconocerle honestidad académica al Nobel Krugman.)
Presentó Krugman una sencilla pirámide en la que a la base estaban los problemas estructurales, en el segundo nivel los problemas de déficit y arriba del todo los problemas de los bancos. Y dijo que no se podía intentar solucionar los problemas de los bancos aumentando los problemas de déficit de los estados, por eso celebró la decisión de la cumbre de la UE de la pasada semana de prestar directamente al sector bancario. Pero no dijo que el préstamo lo realizaban otros estados.
Lo que nunca llegó a aclarar es cuándo se solucionarían los problemas estructurales (“en el largo plazo”), ni cuáles eran (“desde luego no la baja productividad”), ni cómo solucionarlos. Me parece a mí que hablar de la base de la pirámide, de la base de los problemas es algo importante.
Dijo que el diferencial de productividad entre Alemania y España hay que solucionarlo… ¡Incrementando los salarios en Alemania¡ Supongo que todos somos muy partidarios de no reducir los salarios en España, y supongo que los alemanes son muy partidarios de aumentar allí los salarios, el problema es que esta afirmación presenta graves carencias.
Parte Krugman del supuesto de que los salarios son rígidos a la baja (lo dijo explícitamente). Asunción que puede ser cierta en cierta manera, pero que requiere muchas matizaciones.
En primer lugar en España los salarios ya se están ajustando a la baja. Si bien no tanto con reducciones de salarios directas (que también están ocurriendo), sí con reducción de complementos salariales (horas extra, incentivos, etc…) lo que es una reducción de salarios cierta.
En segundo lugar porque lo que se reduce es la masa salarial, y eso la pésima legislación laboral de España hace que se reduzca a base de paro. Cuanta menos gente trabaja menos salarios se pagan (obvio). Reducir la masa salarial es otra forma de reducir salarios e indirectamente aumentar la competitividad.
En tercer lugar porque el ajuste se produce a través de la inflación. Algo que no puede pasar desapercibido a Paul Krugman, el apologeta de la inflación.
Pero además es que Krugman nunca aclaró porqué España debía ajustar su productividad con Alemania y no con el resto de la zona Euro, o, algo con aún más sentido en una economía globalizada, con el resto del mundo. Al final el problema de productividad y por ello de competitividad parece una cosa entre Alemania y España.
Tras la breve conferencia de Krugman vino el momento fuerte de la tarde, que fue la réplica de don Pedro Schwartz Girón. Don Pedro es un señor mayor que ya de vuelta de casi todo no le importa epatar o caer bien, que lo que diga sea lo correcto o lo que se suele decir, pues ya tiene edad de decir lo que le apetece. Y lo dice. Vaya si lo dice. (Aquí el texto).
Y ante Krugman dijo que ganar un premio Nobel en una de las disciplinas de la economía no autoriza a hablar de todas las disciplinas de la economía con la autoridad que otorga el galardón del banco central sueco.
Algo que parece que dolió a Paul, pero que no puede negar que sea cierto. Y es que ante una de las preguntas del público Krugman dijo que el proteccionismo no estaba entre sus primeras 25 preocupaciones en estos momentos, ¡Y el gano el premio Nobel por sus estudios del comercio internacional¡ Parece evidente que hace años que ha abandonado su disciplina para internarse en otras, muchas, (al menos otras 24).
Don Pedro hizo una exposición brillante de las miserias del keynesianismo, y la hizo sin ahorrar ataques a los economistas keynesianos (cuya figura más destacada a nivel mundial es Krugman) que nos han traído hasta esta crisis por efecto de deuda y apoyando programas públicos de gasto; acusándoles de ser miopes pues tan solo son capaces de ver el crecimiento en el corto plazo y nunca sentar las bases de un desarrollo sustentado (de hecho Krugman nunca llegó a hablar de los problemas estructurales de la economía).
Aunque el público había acudido a oír a Paul Krugman, y por ello no parecía muy predispuesto en principio a oír las críticas a éste, don Pedro se llevó un sonoro y significativo aplauso.
 Según me cuentan hasta a Krugman le sorprendió el formato, ya que él creía que sería una conferencia al uso y cuando quedaba poco para la misma le advirtieron de que sería un debate.
(Dice Don Pedro que Krugman se enfadó y se negó a darle la mano tras el debate… ¡A él que tanto le habían elogiado por aceptarlo¡)
Digo que don Pedro Schwartz Girón hizo una exposición brillante, pero no se lo debió parecer a Paul Krugman, que nada más terminar la alocución quiso intervenir haciendo una alusión personal a Pedro acusándole de haber hecho acusaciones personales en su intervención, algo que sentó como rayos a don Pedro, lo que llevó a un rifi-rafe mal encarado entre ambos bastante poco ejemplificador.
Básicamente la divergencia entre ambos ellos la centraron en que uno miraba el lado de la demanda y el otro el lado de la oferta. Mantuvieron el debate en esos términos, aunque puede que fuese que unos y otros miraban la realidad de manera diversa. O que uno miraba la realidad y otro no tanto.

Para rebatir los argumentos anti-keynesianos de Schwartz Girón Paul Krugman presentó tres datos que utilizó como evidencias (muy resumidos):
     Que los tipos de interés no habían mostrado síntomas de aumento en los últimos años. Y que aunque ha aumentado el gasto público no se ha producido el efecto de crowding-out de la financiación.  

     Que no hay inflación.
– Que el mayor gasto público ha llevado a una expansión de la economía.


Y la verdad es que la respuesta es muy decepcionantes. En primer lugar porque ninguna de las tres responde a las críticas fundamentadas de Schwartz; y con tres datos (que nada demuestran) intentó dejar en evidencia que Pedro tiene un sesgo ideológico (del que él por supuesto dice carecer), sesgo que pretende desmontar con datos. No fue tanto una defensa argumentada como un intento de ataque por bombardeo de datos.
El problema es que esos datos no son evidencias.
Los tipos de interés los controlan los bancos centrales, luego no sé cómo sus niveles pueden servir de argumento sobre si una política gubernamental o monetaria es exitosa o no, cuando los tipos de interés SON una política monetaria ellos mismos. La principal política monetaria de hecho.
Es cierto que muchos economistas liberales llevan diciendo mucho tiempo que la expansión de la masa monetaria practicada por la FED y en menor medida por el BCE provocaría inflación. Pero que los niveles de inflación ahora mismo no estén disparados no quiere decir ni que no haya inflación, ni que no lo habrá, ni que las políticas monetarias de intervención masiva no vayan a tener consecuencias en las economías.
Don Pedro, reconocido monetarista él, dijo en su réplica que no era fácil elevar la tasa monetaria. Creo que no fue esa la mejor respuesta de Schwartz. Es lo que tiene ser monetarista.
Con respecto a si el aumento de los programas públicos han producido reducción de la financiación privada, pues es una argumentación endiablada, pues tienes que argumentar un contra-factual: ¿cuál hubiese sido la financiación de las empresas de no mediar tales programas? Pero es que además esa financiación nada demuestra, pues no dice que esos programas sean útiles o hayan servido para desarrollar la economía del país.
A continuación Pedro y Paul se enzarzaron en un debate sobre si los programas gubernamentales eran reversibles o no. Por un lado Schwartz nombró la evidencia de que el tamaño del Estado ha aumentado invariablemente en los últimos 60 años. Y esto tiene fácil explicación gracias al Public Chice. Krugman respondió  a esto nombrando algunos programas de la administración Obama que habían sido abandonados. ¿Otro caso de deshonestidad intelectual? Ignoró la evidencia histórica, ignoró la evidencia teórica, y se centró en una anécdota (unos programas concretos) que nada aportan.
Sostuvo Krugman que el gasto público ha producido un incremento del PIB y por ello una expansión de la economía y no una recesión. Y este argumento es una tautología. Todo aumento del gasto público cuenta como aumento del PIB pues ES uno de los componentes del PIB, ¿Cómo no iba a incrementar el PIB el gasto público si es uno de sus componentes? La cuestión es si este gasto ha creado riqueza o no.



El tercer invitado al duelo más bien ejerció de padrino y acompañante de Krugman fue Manuel Conthe, quien llegó a pedir un segundo Nobel para Krugman para reconocerle sus aportaciones desde 2008 sobre el diagnóstico de la crisis (sic).
Manuel Conthe, ex-secretario de Estado de economía, ex-vicepresidente del Banco Mundial, ex-presidente de la CNMV y actualmente presidente del consejo asesor de Expansión y Actualidad Económica (medios tenidos por liberales), me decepcionó mucho en su intervención, tanto por lo elogioso que fue para con Krugman sin señalar los defectos, como por lo poco argumentado de sus posicionamientos.
Dijo, entre sus elogios, que en el capítulo 10 del libro, el concerniente al Euro, había que leerlo de manera distinta, pues la lógica que aplicaba al resto del libro, centrado en EEUU, no aplicaba a Europa. Haciendo gala de un polilogismo escandaloso.
Pero es que llegó a decir Conthe que: “Ahorrar es un vício y no una virtud” algo que los economistas conservadores que no ven la economía como “un sistema cerrado” no llegan a percibir. !Tómate esa¡
Manuel Conthe tuvo mucho interés en señalar que las teorías neo-keynesianas que Krugman propugnaba eran compatibles con una teoría financiera de control del gasto y equilibrio presupuestario en épocas de bonanza, de auge del ciclo económico. Krugman se mostró muy de acuerdo… en teoría. Y dijo que él mismo había abogado por control de las finanzas haciendo políticas contra-cíclicas. Pero no nombró ni un solo caso de gasto gubernamental que podría reducirse, o de gobierno mundial que debería reducir sus gastos o ser más cuidadoso con sus finanzas (lo negó explícitamente en Francia, Alemania y EEUU).
Nunca deja de sorprenderme como ciertos economistas hablan de los ciclos económicos como algo completamente exógeno a la economía. Algo que “simplemente sucede”.
El momento álgido de la tarde llegó con el turno de preguntas. Básicamente hubo dos tipos de preguntadores, aquellos que se notaba que tenían una gran admiración por Krugman y aquellos que se notaba que tenían una gran antipatía por Krugman.
Entre las segundas se encontraba Livia, quien le preguntó si no le parecía que abogar por más inflación era injusto pues la inflación suponía un robo para los ciudadanos.
Y la respuesta que dio Krugman aún me tiene alucinando.
Dijo que no había ninguna garantía en el dinero de que conservaría su poder adquisitivo. Que a quien tuviese un billete de 10 euros nadie le garantizaba cuánto valían esos 10 euros, que eso “no estaba en el contrato”. ¡Pero eso es contravenir la misma definición de dinero que dice que tiene que cumplir sus funciones de mantenimiento del valor y unidad de cuenta¡
Luego dijo que no veía nada malo en que aquellos que tengan un bono pierdan parte de su dinero si a cambio menos gente estaba en el paro, porque es más inmoral que un 25% de la población no tuviese trabajo a quitar un poco a quienes tenían bonos (en qué momentos pasó a hablar de bonos y no de dinero a mí también se me escapó).
La acusación (como muy bien señalo don Pedro Schwartz) no puede ser más falaz, pues desde luego que Livia no argumentaba a favor de que hubiese más desempleo. Como siempre hace Krugman se auto-adjudicó la primacía moral de la argumentación diciendo que él defendía a los parados y Livia a los ricos a los que se les quitaba “solo” un 3% de sus ahorros. ¡Pero Livia defendía a los que usaban el dinero (todos) y a los parados más que él¡.
 Pero es que además estableció un trade-off entre desempleo e inflación utilizando la forma más burda de la curva de Phillips. Algo que desde las estanflaciones de los 70 está sobradamente superado por la academia. Esto no puede no saberlo un Nobel de economía neo-keynesiano. Es grave que utilice una argumentación tan superada y tan burda. Creo que es muy deshonesto intelectualmente hacerlo.
A la pregunta de José Carlos Díaz sobre las exportaciones españolas respondió diciendo que era un tema muy complejo, que lo había estudiado mucho, pero que no podía dar una respuesta en cinco minutos. Vamos, que no respondió.
Yo me ofrezco a darle una explicación mucho más sencilla a Krugman. Puesto que él solo estudia los agregados, en ellos se suman muchos datos y se pierde mucha información, y el sector exportador de una economía como la española es heterogéneo. Por ello es posible que ciertos sectores sí que mejoren mucho las exportaciones, y otros vayan muy mal por la competitividad. No es un consejo de genio, tan solo es que mire los componentes de los agregados con los que trabaja.
En definitiva, en el relato que nos cuenta Krugman sobre la crisis hay buenos y hay malos.
Se generó un agujero (no nos explicó porqué), y hay que llenarlo. Un grupo de economistas con agenda ideológica perversa no quiere solucionarlo, y prácticamente sólo él es el único economista del mundo que quiere ayudar a los demás y arreglarlo todo. (“¿Deberían confiar en los economistas? Simplemente confíen en mí” llegó a decir).
Krugman presentó la alternativa argentina de corralito y colapso como una alternativa posible para España, y dijo que para evitarla había que seguir sus consejos. Esto es, según Krugman solo parece haber dos opciones, o hacerle caso con mayor intervención monetaria y fiscal o el hundimiento económico. O me hacéis caso u os arruináis, no hay otra. Muy científico e humilde el premio Nobel.
Frente a él estaba entre el público, en un lugar nada destacado y por casi nadie reconocido Don Víctor Pérez Díaz, uno de los mejores sabios que aún piensan en España, humilde, sincero, interesado, con mirada honesta. Podría ser un espejo inverso de lo que Krugman era.
Paul Krugman habla con seguridad, no duda ante ninguna pregunta y para todo tiene respuesta rápida, o no tiene respuesta pero responde rápidamente, que no es lo mismo. Habla asertativamente, de vez en cuando introduce algún chiste pero no se puede decir que sea gracioso o que tenga interés en caer bien a el público, sino que siempre da la sensación de que quiere convencerle, no explicarle ni contarle. O más bien convencerle de que los demás no tienen razón. No en balde el título de su libro es un imperativo con exclamación: “!Acabad ya con esta crisis¡”
De mirada perdida, nunca mira a las personas que le hablan o a quienes habla.
Nunca miró a Pedro Schwartz Girón mientras le replicaba (yo creo que aunque estuvieron a menos de un metro durante dos horas no le podría reconocer en la calle), nunca miró a quienes respondía, nunca miró a quienes pretendía convencer (el auditorio), o a quienes pretendía defender según sus propias palabras (los parados en España).
Paul Krugman no vio España. Esa España a la que vino a aconsejar cómo salir de la crisis.
Y no la vio pues siempre tuvo la mirada perdida.


Actualización: Tras ver el vídeo hay algunas partes de mis notas que he corregido, pero no lo esencial de este artículo.

La muchacha.

    Apenas tenía 18 añitos cuando entró a trabajar en la casa de los señores. Por aquel entonces el señor todavía vivía, no eran tan mayores (aunque a ella ya se lo parecían) y quedaban tres de los cinco hijos viviendo en la casa.
    Ella era una chica inteligente pero no estudiosa, y ante la falta que hacía en casa algún ingreso más, se puso a trabajar en cuanto terminó el bachillerato. Podría haber ido a la universidad, pero ni había dinero para ello ni ella tenía voluntad.
    Al principio todo fue aprendizaje y dificultades. No sabía cocinar y preguntaba a su madre todas las tardes cómo preparar lo que la señora le había dicho que comerían mañana. Muchos platos hubo que tirarlos, claro. También tuvo que aprender a limpiar la plata y las costumbres de la casa. 
   Así es como empezó a trabajar la muchacha. De esto hace ya 31 años. Ya no es ninguna muchacha Mariana. Se casó, tuvo dos hijos, y una vida pasó entre su casa y esa otra casa donde trabajaba.
   ¿Contrato? Ni lo preguntó cuando entró, ni lo han echado en falta en más de tres décadas.
   Nunca han tenido ni un solo problema por el salario o por las vacaciones o por los horarios. Ella entendía cuánto podía pagarle la señora. La señora procuraba pagarle todo cuanto podía, pues sabía la importancia de tener a Mariana en la casa.
   Pasaron los años (!31 años¡), el señor murió, los hijos se fueron de la casa, la señora se hizo mayor, y fueron pasando una vida juntas. Mariana pasó a ser parte de la familia, una parte importante.
   Y con los años empezaron las dificultades. La una cada vez faltaba más al trabajo pues tenía que atender a su familia, sus propios padres estaban enfermos. La otra cada vez se volvía más maniática y se hacía más difícil la convivencia con ella, la edad, ya se sabe. Pero ellas se entendían, ya era toda una vida juntas. Nunca, en estos 31 años, tuvieron un solo problema por el contrato, el salario, o las condiciones de trabajo.
  …Hasta que llegó un presidente del gobierno “salvador” y “bienintencionado”, que quiso acabar con esta situación de “explotación”. Y decretó que debían darse de alta en la Seguridad Social todas las empleadas del hogar.
Y ahí empezaron los problemas. Hasta el momento la señora pagaba a Mariana 60 maravedís al mes, y ambas estaban contentas con este acuerdo. Pero a partir de ahora había un tercero al que había que pagar todos los meses: la seguridad social; que exigiendo un 22% del salario de Mariana (aunque no fuese a trabajar) suponía que o Mariana cobraba ahora 13 maravedís menos, o la señora tenía que pagar 13 maravedís más. Y 13 maravedís al mes más son muchos maravedíes para quien está jubilada y vive de su pensión ya apurada. 13 maravedís menos al menos son muchos menos para quien tiene que mantener a sus dos padres y a sus dos hijos adolescentes y cuyo marido está de baja. ¿Quién paga ahora esos 13 maravedís?
Los paga la señora, como dice la ley, pero el resultado es que una piensa que paga mucho por el trabajo de Mariana, y sabe que no podrá subirla el sueldo en mucho tiempo. Mariana cree que le paga poco por todo lo que trabaja. Y ambas tienen razón, pues entre ellas media un 22% del sueldo que se lleva la administración.
    Y cuando se pusieron a elaborar un contrato volvieron a surgir los problemas, ¿cuántos días de vacaciones tenía Mariana? Normalmente la señora se iba todo agosto de veraneo y ella descansaba. Pero algunos días Mariana iba a ayudarla, y estos días se le compensaban con una semana en julio o según la conviniera. Era un acuerdo oral el que por más de 30 años el que les venía funcionando; cuando ahora lo tenían que explicitar no se aclaran, si lo dicen por meses, por semanas, o por días. ¿Hacía falta? Ellas hasta ahora se entendían. Ahora surgen los recelos y las rencillas. Tras 31 años de convivencia pacífica.
En esta historia hay un villano muy, muy malo (el gobierno), dos damas apuradas, ya nos faltaba el héroe. Hace ahora su aparición en bello corcel, con sombrero blanco y porte destacado. 
Él es quien se ofrece a ayudar a las damas en la tramitación de los documentos. Pues no contentos con llevarse su 22% los del gobierno además exigen formularios y cumplimientos, haciendo que pagarles sea todo un logro y días de trámites en largas colas y enfrentarse a funcionarios.
Va nuestro héroe, resolutivo y decidido, a un primer edificio, y tras aguantar una larga cola junta a otros héroes y algún villano le informa el esbirro del soberano que no, que ese edificio es el de la Seguridad Social, sí, pero del Instituto Nacional de la Seguridad Social, que las altas de las damas se tramitaban en el edificio de la Tesorería General de la Seguridad Social, que aunque sonaba casi igual era algo completamente distinto. Primer desbarre administrativo.
Recoge aparejos nuestro héroe, enfunda lanza, monta corcel; cabalga hacia el castillo donde le han dicho que habitan los que quieren desfacer la tranquilidad del hogar de las damas, de la señora y Mariana.
   Y al divisar en lontananza el edificio, que en una esquina de la ciudad abandonado estaba, observa una larguísima fila de campesinos que justicia reclaman. Una fila larga, larga, larga. Larga como los sermones de domingo en fiesta de guardar, larga como los formularios que debería rellenar.
       Y nuestro héroe se arma de paciencia, y bajo un sol de justicia espera. Espera una mañana, una tarde, toda una jornada espera. Y mientras espera departe con quienes le acompañan en la cola de indignación y paciencia. Empleadas del hogar a las que las obligan a regularizar y no quieren. Empleadores del hogar que no pueden perder toda una jornada laboral. ¿Y para qué se hace esto? El pueblo lo tiene claro: para recaudar.
     Y en la cola que se forma surge el humor, surgen las bromas. Pagaremos, nos tendrán todo el día en una cola humillante, no solucionaremos ninguno de nuestros problemas, pero cuanto menos, ¡nos reiremos¡ Es el humor el único remedio que nos queda.
¿Cuáles son las enseñanzas económicas de esta historieta? ¿cuáles las moralejas?
     >Que si en una relación entre dos personas (y más en una tan íntima como es la que se establece entre empleada del hogar y empleadora); interviene el Estado, la relación se distorsiona y empeora.
    >Que si se cobra un 22% de impuestos, la posibilidad de llegar a un acuerdo disminuye mucho.
    >Que todas las medidas llenas de buenas intenciones tienen siempre efectos no deseados, y que cuando se intenta ayudar a alguien sin contar con ellos (en este caso las empleadas del hogar), normalmente se les perjudica.
    >Que la gente está muy harta, de pagar impuestos, de hacer colas, de ser expoliada por el Estado; y que aunque todavía no hagan nada, cuanto menos ya se ríen de los gobernantes; el respeto ya se ha perdido.
   


Escohotado

Empecemos por lo que don Antonio Escohotado Espinosa NO es, pues es menos lo que no es que todo lo que es.
 Escohotado no es licenciado en filosofía (nunca terminó la licenciatura), ni es catedrático de sociología, no lo es por siete ceros que son siete torpedos que avergüenzan a la universidad española (otra vergüenza más del estamento universitario) y son siete galones para él. Don Antonio NO es físico, ni matemático, ni biólogo ni químico, aunque haya hecho aportaciones de importancia a la manera de entender todas estas ciencias. Don Antonio no es economista aunque sabe más de economía que todos los economistas que conozco;  y no creo que se considere economista austriaco, aunque entiende el funcionamiento social de una manera muy similar a como la entiende Hayek o la entienden los miembros de la escuela. 
Don Antonio, desde luego, lo que NO es es normal. Ni normal, ni ordinario, ni común ni acomodaticio, ni fácil con el pensamiento mayoritario. Es, como un servidor, Espinosa y orgullosamente espinoso.
Don Antonio es un Filósofo en el sentido más pleno, puro y noble de la palabra. El que podían darle los clásicos como pensador o sabio. Alguien por amor por el conocimiento. Aunque en su caso no es un amor sosegado sino otra de las pasiones que a lo largo de su vida le han embargado. Es una pasión por el conocimiento que le ha ocupado una vida apasionada.
Alguien que intenta entender a el hombre y la naturaleza. Un filósofo que cumple las más altas misiones de la filosofía:

  • Alguien que reflexiona sobre el mismo ser con su ontología en Realidad y substancia (reto a cualquiera a que la lea y la entienda). 
  • Alguien que sirve de guía y referencia para las otras ciencias (su epistemología es imprescindible); 
  • Sirve de acicate para que la sociedad piense sobre sí misma y los problemas que la acucian como en su Historia general de las drogas.
  • Alguien que ayuda en el entendimiento sobre el mundo, natural y humano, en el que vivimos, como hace en su Caos y orden donde desafía a la casta sagrade de nuestro tiempo, a la ciencia.
  • Alguien que explica el tiempo en el que vivimos y las teorías que nos llevaron aquí: Los enemigos del comercio es la historia del pensamiento económico (y no es solo eso) más importante que se ha escrito en español desde luego, y de las primeras a nivel mundial.
Nombrado professor freedom en una experiencia de ayahuasca en la selva brasileña, nosotros confirmamos con orgullo tan honroso título, pues no conocemos galón mayor que ser nombrado professor freedom, y desde luego las experiencias con ayahuasca nos parecen mucho más legítimas para otorgar títulos que las estancias administrativas de la universidad española.
Con todos ustedes, Antonio Escohotado Espinosa: professor freedom.

Aquí se puede descargar la entrevista.


O banca o ética; o a Estocolmo, o a Cuenca, o a Berna.

O banca o ética; o a Estocolmo, o a Cuenca, o a Berna.
O es banca o es ética, pero no se puede ir simultáneamente a Estocolmo y a Cuenca y a Berna.
Con el “o banca o ética” no me sumo a aquellos que dicen que “banca ética” es un oxímoron, pues todo negocio bancario es inmoral. No me sumo ni a aquellos que lo dicen desde el punto de vista de la defensa del coeficiente de caja del 100% pues al prestar aquello que les han prestado están violando el deber de depósito que tenían encomendado; ni a aquellos que desde la izquierda creen que el negocio bancario es hacer dinero de la nada explotando a los demás.
No, yo digo que es “o banca o ética” pues al intentar hacer ético el negocio bancario se está intentando perseguir tres objetivos distintos al mismo tiempo, y quien tiene tres destinos lo más probable es que no llegue sano a ninguno. O se va a Estocolmo, o se va a Cuenca, o se va a Berna, pero no se puede ir a todos lados al mismo tiempo en el mismo barco.
Veamos en esencia cuál es el negocio bancario. Un banco recibe dinero de sus depositantes, que confían en él sus ahorros pues creen que los custodiará bien. El banco se guarda un mínimo de ese dinero depositado (el coeficiente de caja puede estar en torno al 5%, por ejemplo) y el resto lo presta a terceros.
¿Qué hace el banco con el dinero de los depositantes? Pues como se pueden ustedes imaginar son muchísimas las opciones de inversión que a uno se le abren cuando tiene miles de millones de euros para invertir.

Pero una pregunta más esencial aún es: ¿qué debe hacer el banquero con el dinero de los depositantes? Y entonces es cuando –de la mano del “debe”- entramos en las cuestiones éticas. Y pues el dinero que presta el banco no es suyo, sino que lo tiene en custodia -lo tiene depositado– creo que es moralmente meridiano decir que el primer deber del banquero es salvaguardar el dinero de sus depositantes. Ha de poner todo su celo en no perder ese dinero.
Si además el banquero consiguiera multiplicarlo sería estupendo para todos. Si consigue que ese dinero rente, tiene él un beneficio y puede remunerar las cuentas de sus depositantes. Pero eso sería un beneficio adicional. Ha de ser cauteloso, no vaya a ser que por perseguir un poco de interés pierda el principal.
Como se ve todo banquero tiene que perseguir dos objetivos distintos que no siempre se concilian bien: seguridad y rentabilidad. Por ello algunos (como por ejemplo Huerta de Soto) dicen que el negocio bancario como lo entendemos en la actualidad es por definición inmoral, pues se está mintiendo a los depositantes, se les dice que se custodia su dinero (que está depositado) cuando la verdad es que su dinero se presta y con él se juega.
Bastante dificultad es ya conciliar dos objetivos distintos como para añadir todavía más objetivos a la misma ecuación. Y es que no se necesita conocer los teoremas de Arrow o de Condorcet para darse cuenta que perseguir múltiples objetivos es camino seguro para no acabar en sitio alguno.
Las Cajas de Ahorros eran (digo eran pues por este mismo problema ya han desaparecido prácticamente) bancos con vocación de servicio público. No sólo que sus beneficios se destinaban a la Obra Social, sino que en su misma operación se proponían impulsar y ayudar a la economía local.
Pongamos, por ejemplo, que hubiese una tal Caja de Ahorros de Cuenca. Entre sus objetivos estaba impulsar la economía conquense, prestar dinero a los empresarios conquenses y fomentar el desarrollo de Cuenca financiando las infraestructuras que tanta falta hacen a la provincia. Así la Caja de Ahorros de Cuenca financia autopistas, polideportivos y parques empresariales todos ellos con el noble objetivo de desarrollar Cuenca.
Santas y buenas. Santas intenciones y buenas obras. ¿Cuál es el problema? Pues que con el tiempo resulta que esas inversiones no eran tan buenas, ni era tan santa la labor de quienes las gestionaban. Que los criterios por los que se concedieron los créditos no fueron criterios económicos sino políticos. Que por intentar lograr una mejor infraestructura en Cuenca no se hicieron bien las cuentas. Y que al final del camino a Cuenca se tienen infraestructuras que nadie necesita, parques empresariales que nadie utiliza, y el dinero de la Caja de Ahorros en cualquier lugar de la provincia menos en la Caja fuerte de la caja. Los Ahorros ya no están, que se convirtieron en inversiones que ahora son ruinas. Desaparecieron. Y es que las Cajas de Ahorros tenían muchos y muy nobles objetivos, pero entre tantas funciones por cumplir en su territorio se olvidaron de aquello que era lo esencial, lo que les daba hasta el nombre mismo, ejercer de Caja para salvaguardar los Ahorros de sus depositantes.
Y es esto lo que -en cierta medida- explica el relativo fracaso de las Cajas de Ahorros frente a los bancos en el sistema financiero español. Porqué las unas están arruinadas cuando los otros siguen obteniendo multimillonarios beneficios. Y es que unas tenían múltiples objetivos y todos contrarios; los otros lo tenían mucho más claro.
No estoy juzgando las intenciones de nadie. Doy por asumido que todos son buenos y lo hacen lo mejor posible por lograr el bien. No es ese el problema. No es una cuestión de ser buena o mala persona. Es cuestión de los incentivos; de la estructura misma del sistema. No es que los representantes de los partidos políticos o los miembros de los consejos de las cajas fuesen gentes perversas; ni que los miembros de los consejos de los bancos sean personas bellas. Simplemente que a unos se les encomendó realizar una cosa y la opuesta, lo imposible y lo contrario, y quien aspira a todo y a lo opuesto lo más probable es que se quede con lo puesto.
Y es ahora, cuando sabemos los rudimentos de cómo funciona el sistema bancario, cuando podemos plantearnos cómo funciona la banca ética.
“Ética” es una palabra compleja, y aunque llevemos milenios intentando hallar una “ética universal” lo cierto es que aún no nos hemos puesto de acuerdo los hombres ni en sus fundamentos. Es posible que no exista tal cosa como “una ética”, sino múltiples éticas diversas según cada tiempo y lugar, según cada cual.
Pero demos por buena que la banca ética persigue “la ética”, y demos por bueno que la banca ética se comporta de acuerdo a la ética que predica. Ese no es el problema. El problema es que siempre tendrá una disyuntiva la banca ética entre su ser sustantivo y su ser adjetivo, entre ser banca o ser ética. Exactamente igual que lo tenían las cajas. Una vez más se plantea a sus gestores la labor imposible de perseguir distintos fines.
O banca o ética, o se va a Estocolmo, o se va a Cuenca, o se va a Berna. O se va a Estocolmo a recoger el Premio Nobel por lo ético de la banca que se practica; o se va a Cuenca a dotar de infraestructuras a la provincia entera, o se va a Berna a salvaguardar el beneficio de la gestión financiera. Pero no se puede ir a Estocolmo, a Cuenca y a Berna al mismo tiempo y de la misma manera; pues lo más probable es que uno se pierda nada más traspasar la puerta.

He leído que la banca ética apuesta por la inversión en la economía real frente a la economía financiera. Loable apuesta. Pero se plantean algunos problemas. Toda inversión por definición tiene riesgo, lo real, por su propia esencia, tiene aún más riesgo. Todo negocio puede salir bien o mal. Ya sea un aeropuerto en Ciudad Real o una frutería en Cuenca. El problema es que si sale bien el banco se llevará un tanto por ciento del préstamo, si sale mal nada recuperará del principal. El futuro es incognoscible, y no sabremos si ese préstamo hecho se recuperará o no, si el negocio ha sido un éxito o un fracaso, hasta el final de la vida del crédito (1, 3, 5, 10 años).
Ante este tipo de problemas las finanzas intentan dotar de soluciones. Soluciones que, bien es cierto, a veces han sido tan disparatadas que empeoran el problema y añaden aún más riesgos, creando incluso riesgos sistémicos. Sin embargo no hemos de perder la esencia de lo analizado, los conceptos por los que fueron creados los derivados. Por ejemplo se puede comprar un seguro de crédito. Que por un lado permite al prestador asegurarse el cobro de su dinero pagando una pequeña prima por ello. Por el lado contrario se funciona como una pura aseguradora, se cobra cuota por distintos riesgos y se cubren sus riesgos por la diversificación y el análisis actuarial.
Además hay productos financieros “garantizados”. O productos financieros algo más seguros. Por ejemplo en la actualidad se da por asumido que el bono alemán se pagará. Es la inversión “más segura” que se puede adquirir en estos momentos de incertidumbre en el mercado (“inversión libre de riesgo” la llaman, utilizando lo que sin duda es un oxímoron además de una mentira descarada, por definición no puede haber una “inversión libre de riesgo” pues toda inversión implica riesgo, sino no sería “inversión”). Es por esto que muchos inversores están comprando los bonos alemanes, bajando por tanto su precio y aumentando indirectamente la prima de riesgo con el bono español, que al ser un diferencial aumenta tanto cuando sube el precio del bono español como cuando baja el del alemán.
Si los gestores de la banca ética renuncian a las inversiones financieras, ¿dónde depositan su dinero en el corto plazo? ¿cómo aseguran sus préstamos? ¿Qué harán para invertir todo el dinero que tienen depositado si no les llegan solicitudes con visos de éxito de la “economía real”?

Como se ve la banca ética es la persecución de dos nobles objetivos, realizar la labor bancaria con ética y a través de esta labor contribuir a un mejor desarrollo del mundo. El problema es que ambos objetivos son por definición contradictorios, y que en la persecución de lo adjetivo (la ética) se pierde lo sustantivo (la banca). El riesgo es que en el intento de lograr lo excelso se pierda el dinero que los depositantes han confiado al banco. Además, claro está, del problema de toda banca de que en la búsqueda de la rentabilidad desaparezca el principal.
Ya es bien difícil –sino imposible- perseguir seguridad y rentabilidad simultáneamente, ir a Berna a por los beneficios mientras uno se atrinchera en la fortaleza salvaguardando el principal; como para además encaminarse a Estocolmo y a Cuenca. Y todo al mismo tiempo.

¿Toros o empleo? (Contra el 7 de los aficionados a la politología)

(((Contra el 7 de los intelectuales politólogos)))
¿Quiere usted toros o quiere usted empleo?
Han repartido las suertes en la plaza de Guijo de Galisteo –provincia de Cáceres-. La afición tenía que emitir juicio: o emplear los 15.000€ que el ayuntamiento gasta cada año en encierros y novilladas por las fiestas de la Virgen, o destinar ese dinero a “Crear empleo”.
Y el pueblo ha votado. Y ha votado por La Fiesta: 242 votos a favor de los toros, 181 a favor de los empleos. Dos orejas y vuelta al ruedo con protestas. Pañuelos blancos en la mayoría del coso con pitos entre los sectores críticos.
No han tardado en saltar a los ruedos todos los comentaristas indignados, que cual aficionados del 7 critican la decisión de sus conciudadanos y se sorprenden de que elijan a los toros frente al empleo. Incluso, en algún medio extranjero dicen que Spain is different y que prefieren seguir la fiesta antes que el trabajo.
Lo que a mí me sorprende es cómo a alguien pueda sorprenderle esta decisión, cuando es un problema de elección pública evidente.
En realidad, visto desde la perspectiva de cada ciudadano lo que se les pregunta es: ¿Quiere usted que algún vecino suyo consiga un empleo para que haga -no sé sabe qué- o prefiere que, como todos los años, haya toros en las fiestas de su pueblo -que a usted no le cobran- y tanto disfruta viendo los encierros?
Es significativo que -como siempre  que se promueve el “empleo público” o los estímulos- nadie nos diga qué función va a realizar la persona que contrate el ayuntamiento. Y tenemos serios motivos para sospechar que no será una función primordial. Ahora sabemos que los ciudadanos no la consideran esencial.
En segundo lugar tenemos un problema de presupuesto típico de la elección pública. Se da por asumido que los 15.000€ hay que gastarlos (la opción de ahorrarlos y bajar los impuestos el próximo año nadie parece haberla contemplado ni por un instante).
Y puestos a gastarlos, es obvio que la gente lo gastará en aquello que más le beneficie y le guste. Y por mucho que duela a los anti-taurinos, en España, los toros, gustan.
En tercer lugar hay un problema de dispersión de beneficios laxos y concentración de grandes beneficios. Con 15.000€ se puede contratar un sueldo medio, o dos sueldos bajos en el pueblo. Pongamos que son 2. Y pongamos que cada nuevo contratado tiene una familia muy extensa, 15 miembros. Serían 30 los beneficiados indirectamente con la medida. Sin embargo de los encierros se beneficia todo el pueblo. En un caso salen muchos ganando un poco, en el otro unos pocos ganando mucho. Si se somete a votación es obvio lo que ganará pues no se miden las intensidades, solo las preferencias. (Supongo que los 181 votos a favor del empleo se deben a que hay varios candidatos para esos puestos y todas sus familias votan con la esperanza de ser ellos los elegidos).
No hagan caso a los engaños que desde distintos sectores les sacan, o a aquellos que les indican que el pueblo es bruto y vota cosas absurdas. Lo que tal dicen nada saben de elección pública, y ya ni digamos de las nuevas corrientes de elección pública (Bryan Caplan y su “The Myth of the Rational Voter”); la elección era la más lógica dada la estructura de votación.
Me sigue pareciendo muy sorprendente lo poco que sabemos de política. Lo poco que tenemos estudiado o sistematizado las elecciones y la política. A pesar de tantas horas que se dedican a las tertulias políticas; a pesar de tantas energías como la sociedad dedica a su estructura política y las acciones de sus políticos, casi nadie sabe casi nada de las estructuras de votación o de las motivaciones que deciden su voto.
Entre aquellos que creen en la pura bondad/maldad de las opciones y que la elección es por cuestión de clase (social); y los que -casi tan obsoletos- conocen la teoría de la Elección Pública y creen que el voto es puro cinismo y cálculo de beneficios, entrambos se encuentra la realidad: Casi nadie sabe casi nada sobre las votaciones. No hay más que ver los escandalosos errores de las predicciones. 
Los sentimientos de pertenencia y de partido, la pura ignorancia de las opciones presentadas, las campañas de marketing y la propaganda son elementos determinantes de los resultados electorales. La cuestión es que nunca sabemos en qué medida o cuáles son más determinantes.
En el caso de las elecciones en Guijo de Galisteo, por lo reducido de las opciones y lo reducido del electorado, parece que era un ejercicio bastante sencillo de elección pública.
El problema, claro está, es que hay que replantearse qué se puede votar y qué no. El problema es que no se puede pedir a los ciudadanos que voten cosas que no les convienen si no se les ofrece algo concreto a cambio, pues eso sería ilógico e incoherente (Como no se les puede pedir que voten recortes si no hay a cambio bajada de impuestos). No se pueden plantear votaciones supererogatorias y luego acusar la elección de irresponsable.
Lo que hay que re-plantearse es la votación misma, son los límites de la democracia y los límites de la votación. Pues si no, los ciudadanos quedan con las banderillas puestas, entrando a todos los engaños, mareados y mal toreados, y cuando ya están para el arrastre encima pitados por los listos de siempre. Los del 7. Los intelectuales del 7. Los aficionados (y nunca mejor dicho).

¿Da el dinero la felicidad?


El dinero no da la felicidad

“En la India pueden ser pobres, ¡pero son tan felices¡ y es que en occidente tenemos mucho que aprender de la felicidad en las cosas sencillas de los africanos”
Estas palabras no son sino una caricatura de un lugar común tantas veces oído y repetido, los pobres son más felices que los occidentales “a pesar de no tener nada”.
(Nótese que este “a pesar” es especialmente significativo, pues quien lo dice está situando la felicidad en el poseer, es quien lo dice quien muestra una correlación directa entre la posesión y la felicidad. En la propia negación ya revela que en su razonamiento hay una relación entre ambos conceptos. Significativamente no dice “a pesar de tener una menor esperanza de vida”, o “a pesar de tener una altísima mortalidad infantil”, o “a pesar de vivir bajo regímenes opresores” que podrían ser conceptos también relacionados con la felicidad).
La cuestión es que este lugar común se sigue repitiendo hasta la saciedad, incluso por economistas de tanto prestigio como Jeffrey Sachs, ya que en economía se conoce como la paradoja de Easterlin desde 1974.
Dice la paradoja de Easterlin que dado un nivel de vida mínimo, la felicidad que declaran los individuos no varía significativamente aunque aumente el nivel de renta. Esto es, la demostración estadística de que “el dinero no da la felicidad”. Desde entonces tal estudio ha hecho correr kilómetros de paper académico y ríos de tinta de manifiestos y proyectos políticos (incluso alguna ley, incluso).
   Pero como muy bien se denuncia en el -muy recomendable- blog de El País “África no es un país” el sostener que sigue existiendo tal paradoja, o que no es el dinero el principal factor que hace aumentar la felicidad de los ciudadanos cuando “Sea como sea, la realidad es que de los 156 países de los que habla el estudio el más feliz del continente africano parece ser Islas Mauricio que aparecen en el puesto 64 de la lista.” parece más bien una actitud política interesada para promover el Índice de Felicidadde Bután que otra cosa, pues:
Sin embargo, de la lectura del texto surgen algunas dudas. Por ejemplo, si los países más felices son los más ricos y los más infelices los más pobres, entonces algo tendrá que ver la economía, la distribución de la riqueza…, en todo esto. Para que un país sea más feliz debe acercarse al pleno empleo o dar buenos servicios sociales a sus ciudadanos y eso depende mucho de la riqueza del estado, creo yo.
Pues como muy bien dice el profesor Sala i Martín  no tiene ningún sentido la paradoja de Easterlin.
Los resultados de las encuestas de Gallup (que, por cierto, Sachs no puede alegar desconocer pues también comenta) demuestran que sí que hay correlación entre ser más rico y ser más feliz, lo que es una obviedad para cualquiera que  observe a sus semejantes, como dice Xavier:
Conclusión: la paradoja de Easterlin no existe. Y eso no debería ser una sorpresa: cualquier analista razonable debería haber concluido que, cuando 6.000 millones de personas trabajan duramente para mejorar su situación económica y un sabio les dice que son tontos porque su esfuerzo no les va a reportar más felicidad, tarde o temprano se demuestra que los tontos no son los ciudadanos.
(De hecho no me deja de asombrar como los científicos sociales aceptan las paradojas como algo dado, como por ejemplo la famosa “paradoja del ahorro de Keynes“, cuando por definición una paradoja es 
 1. adj. desus. paradójico.  
2. f. Idea extraña u opuesta a la común opinión y al sentir de las personas.
3. f. Aserción inverosímil o absurda, que se presenta con apariencias de verdadera. 
4. f. Ret. Figura de pensamiento que consiste en emplear expresiones o frases que envuelven contradicción. Mira al avaro, en sus riquezas, pobre
  Se entenderá que no parece muy razonable aceptar una “aserción inverosímil o absurda” o algo “opuesto a la común opinión” como algo dado que no merezca mayor investigación o explicación para una ciencia; y que en lugar de tratar de resolver la paradoja se intente dar recomendaciones de comportamiento a los ciudadanos).

La política de la Felicidad. Bután: ¿El reino feliz?

La política de la Felicidad. Bután: ¿El reino feliz?
 El reciente interés de la ciencia por la felicidad podría parecer un mero interés científico por cubrir una laguna en el conocimiento humano…
…podría parecer tal si no se conociese la inmoral relación existente entre política y ciencia.
Las “investigaciones” a favor de la felicidad han sido argumento para implementar políticas en diversos países, así como para toda una resolución de las Naciones Unidas encorajinando el uso de las mediciones de felicidad. Y felicitando la labor de Bután.
No parece mera casualidad (ni para los más ingenuos confidentes de la economía) que esta apelación a un concepto tan vago como la felicidad la hagan aquellos regímenes que no son un modelo de democracia o legitimidad democrática precisamente.
     
     La primera medida de la felicidad fue el Índice de felicidad bruta. Una idea lanzada en su discurso de coronación, cuando tan solo tenía 18 años,  en 1972, por el Rey de Bután Jigma Singye Wangchuk. Bután era entonces una monarquía absoluta, y aún a día de hoy Bután no puede ser considerado un modelo de democracia.
    Resulta muy llamativa la buena fama y la buena prensa con la que cuenta Jigma en occidente, aparece como un modernizador de su país, como alguien tan solo preocupado por la felicidad de su pueblo, un Rey de cuento se diría, el modelo de déspota ilustrado que todo intelectual quisiera en el poder. 


     No niego que estas intenciones puedan ser ciertas (si pudieran ser ciertas). Pero también es cierto que no consideró que la felicidad de su pueblo implicaba por elegir a sus propios gobiernos hasta el año 2006; y además que decretó que él era quien debería decidir cómo su pueblo debía vestir para ser feliz, ya que impuso la obligación de llevar el traje típico butanés (Sí, sí, en Bután es obligatorio vestir el traje típico, de esa guisa que ven, TODOS).
     Pero lo que es todavía mucho más grave, decidió expulsar a unos 107.000 butaneses de etnia nepalí (pues no debían ser lo suficientemente felices para ser su pueblo suponemos). Los expulsados de manera masiva y obligatoria de Bután representaban el 17% de la población.


Pero no es Bután el único país que ha decidido medir la felicidad de sus habitantes, otros muchos países han decidido seguir su ejemplo, pero no son precisamente los países que aparecen como modelo de crecimiento o democracia.

En 2011 el régimen de Corea del Norte -el régimen más nefasto de cuantos a día de hoy mancillan el planeta- anunció que iba a comenzar a medir también la Felicidad Interior Bruta de su país.
Así mismo el nuevo gobierno militar que tomó el poder con un golpe de estado en Indonesia en 2006 anunció que iba a procurar incrementar la felicidad de sus habitantes y no meramente el crecimiento económico.
Las nuevas constituciones de Ecuadory Bolivia auspiciadas por los presidentes Correa y Evo Morales proclaman la promoción del “buen vivir” (o “sumak kawsay” en Quechua, y  “suma qamaña” en Aymara).  Un concepto que no es sino una resurrección del “buen salvaje” en su versión andina en palabras del analista latinoamericano Aparicio Caicedo.
     Pero las políticas de Bután no solo han sido seguidas por regímenes pobres o tiránicos, economistas de fama mundial o las mismísimas Naciones Unidas aclaman el modelo butanés.

It makes sense, in other words, to pursue policies to raise the public’s happiness as much as it does to raise the public’s national income. Bhutan is on to something path breaking and deeply insightful. And the world is increasingly taking notice.
Member States also welcomed the offer of Bhutan, which for many years has used gross national happiness rather than gross domestic product (GDP) as a marker of success, to convene a panel discussion on the theme of happiness and well-being during the Assembly’s next session, which begins in September.
Donde se viene a reconocer que es Bután el modelo a seguir para la consecución de las nuevas políticas de felicidad de los ciudadanos.
(Lo que no aclara el señor Sachs ni la asamblea general de las Naciones Unidas es si las leyes que hacen obligatorio vestir con el traje tradicional son el modelo en el sentido de que todos hemos de vestir con el traje tradicional butanés o que cada país ha de vestir con su traje tradicional, los madrileños con la casposa y el chaleco, los andaluces de faralaes, etc… O si también es recomendable expulsar a las minorías de cada país).

¿Qué es la felicidad?

“A lo mejor fuiste feliz un ratito, pero la felicidad me temo que no es una constante.”
Michi Panero
We hold these Truths to be self-evident, that all Men are created equal, that they are endowed by their Creator with certain unalienable Rights, that among these are Life, Liberty, and the pursuit of Happiness
Declaración de independencia de EEUU
Ya sabemos que desde que el hombre se ha preguntado algo se ha preguntado sobre la felicidad, y que todos los sabios que en el pasado han sido algo han dicho sobre el tema.
También que en los últimos tiempos se ha puesto de moda entre los economistas tratar sobre la felicidad, y que su tratamiento no ha sido sino una medición constantesin definición ni objeto.
Pero volvamos a la pregunta esencial, ¿Qué es la felicidad?
¿Es la felicidad un estado, una condición o una percepción? ¿Cuánto dura la felicidad? Pues como dice ese gran literato sin obra, sabio e icono Michi Panero.
“La felicidad son momentos”
“A lo mejor fuiste feliz un ratito, pero la felicidad me temo que no es una constante.”
Pero, de hecho, ¿se puede “ser feliz” o la felicidad es un camino, un proceso, un descubrimiento?
Significativamente dice la declaración de independencia de EEUU que todos los hombres tienen el derecho de “perseguir la felicidad”:
 We hold these Truths to be self-evident, that all Men are created equal, that they are endowed by their Creator with certain unalienable Rights, that among these are Life, Liberty, and the pursuit of Happiness
  No dice de “alcanzar la felicidad” (achievment of happiness) que pareciera un fin aun mayor; pero es este un fin inalcanzable, pues la felicidad en sí misma no es alcanzable, tan solo es perseguible.
     ¿Es alcanzable LA felicidad? ¿Qué es LA felicidad? Probablemente pregunta tan importante no haya alcanzado respuesta.. Ni la puedan alcanzar los hombres pues es la Pregunta Última de su existencia
¿Es alcanzable? Yo lo dudo.
     Y es que la felicidad probablemente no sea un concepto universal aplicable a todas las personas de todos los tiempos por igual, ni tan siquiera un concepto social que se puede hablar de una determinada época o de unas determinadas condiciones, la felicidad es un concepto personal.
Como muy bien dice Ludwig Von Mises:
“Es la valoración subjetiva –con arreglo a la voluntad y al juicio propio- lo que hace a las gentes más o menos felices o desgraciadas. Nadie es capaz de dictaminar qué ha de proporcionar un mayor bienestar al prójimo”.
    Y es ese mismo relativismo el que creo que hay que trasladar a las decisiones y a las mediciones sobre la felicidad.
    No sabemos qué es la felicidad en un sentido abstracto y común para todos los hombres, pero es que ni tan siquiera sabemos qué es la felicidad en un sentido concreto para cada uno de nosotros. Y no lo sabemos ni tras milenios de trabajos de los pensadores más profundos de la historia desde Aristóteles hasta nuestros días, ni tras la experiencia que nos proporciona contemplar la vida de los millones de personas que nos precedieron (de los que podemos afirmar sin riesgo a equivocarnos que ellos también persiguieron la felicidad y que la mayoría de ellos no la alcanzó) ni tan siquiera apoyándonos en los textos que nos han dejado los poetas de todos los tiempos.
Y es que, como muy bien dijo hace más de 900 años ya Omar Kayyham “de la felicidad solo conocemos el nombre”.
Así que yo me aplico las palabras del sabio Rubiyat que continúa:
 De la felicidad sólo conocemos la palabra. Nuestro compañero más viejo es el vino nuevo. Acaricia con los ojos y con los dedos el único bien que no falla: el ánfora viva de sangre de la vid.
Así que, amigo, alzo la copa por la felicidad, por la mía y por la suya, de la que no sé nada, nada más allá de que será distinta a la mía y usted también perseguirá la suya.